Perguntam-me não raras vezes:
- "Qual o livro de José Saramago que mais gostaste de ler?"
A resposta que pode ser dada a cada momento:
- "Impossível de dizer... não sei responder, não seria justo para com outros (livros) não nomeados. Mas uma coisa sempre soube. Uma obra de Saramago, enquanto "pseudo ser vivo" ou com "gente dentro" tem que me raptar, prender-me, não me deixar sair de dentro das suas páginas. Fazer de mim um refém, e só me libertar no final da leitura... mesmo ao chegar à última página. Aí, o "Eu" leitor que se mantém refém, liberta-se da "gente que a obra transporta dentro" e segue o seu caminho.
Mas segue um caminho que se faz caminhando, conjuntamente com mais uma família"

Rui Santos

domingo, 25 de fevereiro de 2018

"José Saramago: La moral insurrecta" Entrevista para a revista "Común Presencia" (Bogotá, Colômbia - 2006)

Capa da revista "Común Presencia" - Edição 13/14



Link de apresentação do livre que compila as entrevistas publicadas isoladamente http://comunpresenciaentrevistas.blogspot.pt/2006/11/grandes-entrevistas-de-comun-presencia.html

(Capa do livro de entrevistas)

A entrevista pode ser recuperada e consultada na integra através do site http://anterior.nasaacin.org/

"JOSÉ SARAMAGO: LA MORAL INSURRECTA
La tribu sensible ha quedado huérfana. El pasado 18 de junio en la isla española de Lanzarote murió José Saramago quien había nacido en Azinhaga Portugal en 1922; y le fuera otorgado el Premio Nobel de Literatura en 1998, único concedido a un escritor de lengua portuguesa.
La globalización, el fracaso del capitalismo, la incomunicación, las servidumbres de la contemporaneidad, son algunos de los temas tratados con este soñador que incesantemente propuso en su fértil existencia la renovación de la utopía y que siempre se obstinó en imaginar una oportunidad para lo humano en la Tierra.

Autor de: Manual de pintura y caligrafía (1977), Alzado del suelo (1980), Memorial del convento (1982), El año de la muerte de Ricardo Reis (1985), La balsa de piedra (1986), Historia del cerco de Lisboa (1989), El evangelio según Jesucristo (1991), Ensayo sobre la ceguera (1996), Cuadernos de Lanzarote (1997), Todos los nombres (1997), La caverna (2001), El hombre duplicado (2002), Ensayo sobre la lucidez (2004), Las intermitencias de la muerte (2005), El viaje del elefante (2008) y Caín (2009).

La siguiente lúcida conversación con el gran escritor portugués fue realizada en Bogotá para el No. 14 de la revista Común Presencia durante su visita promocional de la novela La Caverna y la reproducimos aquí en su totalidad para el placer de todos los confabulados.

La noche del jueves 22 de febrero mientras dos mil personas escuchaban al último (¿al primero?) de los seres humanos en el teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá, afuera bajo un aguacero torrencial setecientos admiradores que no lograron ingresar gritaron arengas y golpearon las puertas doradas con paraguas, llaveros y monedas, permaneciendo durante más de una hora amotinados bajo el inclemente clima, con la esperanza de que la severa administración cediera a su clamor y les permitiera compartir con este premio Nobel portugués las horas tan esperadas de su crítica lúcida y de su sabio cinismo.

El mitin se fue haciendo más ruidoso y aunque el propio Saramago se solidarizó con los frustrados fanáticos, no sólo se les negó el acceso sino que se decidió acudir a la policía para dispersarlos. Vimos a estudiantes, senadores, figuras de la vida pública, colegialas de uniforme a cuadros, mimos e intelectuales, desplegando su furia por la prohibición de entrar. La multitud continuó creciendo mientras por los corredores posteriores, un grupo de elegantes señoras que golpeaba con sus joyas decidió quitarse los zapatos y todas sus prendas de material sonoro con el propósito de lanzar su postrera acometida. Infructuosamente se cantaron consignas, se tocaron canciones en clave morse y se promulgó el derecho a escuchar a quien es reconocido como uno de los más fervientes difusores de la libertad. Luego una horda de bellas mujeres sacando sus lápices labiales pintó en el techo y las paredes mensajes de amor para este incansable renovador de utopías, que dijo lo que todos queríamos oír y que despertó las pasiones más exaltadas entre sus obsesivos lectores colombianos; dejando coloridos graffitis que sólo pretendieron testimoniar la necesidad de su fuerte presencia entre nosotros: “Amado Saramago, La tribu sensible presente, Saramago quédate en Colombia, Saramago mago...”

Así le narramos lo ocurrido afuera del teatro Jorge Eliécer Gaitán dos días antes durante su presentación y sonriendo al escuchar la pequeña crónica dijo:
—Tendré que volver. Sin embargo no me explico el fenómeno de tan desmesurada convocatoria, no soy un cantante de rock y tan sólo expreso lo que por el miedo o la sumisión está proscrito. Aclaro que siempre he sido marginal, y aunque tal vez piensen que un escritor con mis reconocimientos no puede serlo, soy un ser en contravía. Alguien que no se conforma con conocer el dolor sino que necesita denunciarlo, una persona que a pesar de los horrores que inventó el siglo XX todavía sueña con dignificar el porvenir. Debemos propiciar todo el escándalo social posible para mejorar la vida, emprender una insurrección moral, étnica, humana.
—Hace poco usted estuvo en Angola, presentando alguno de sus libros, exactamente en Luanda —no en Londres, ni en París o Nueva York, lo cual es admirable—, y allí dijo algo conmovedor: «Vivimos una sociedad excluida, fragmentada, que hace que cada día desaparezcan especies animales, vegetales, lenguas y culturas, y si no tomamos precauciones convertiremos muy pronto a la Tierra en un desierto».

Todos los años exterminamos comunidades indígenas, millares de hectáreas de bosques e incluso innumerables palabras de nuestros idiomas. Cada minuto extinguimos una especie de pájaros y alguien en algún lugar recóndito contempla por última vez en la Tierra una determinada flor. Konrad Lorenz no se equivocó al decir que: somos el eslabón perdido entre el mono y el ser humano. Eso somos, una especie que gira sin hallar su horizonte, un proyecto inconcluso. Se ha hablado bastante últimamente del genoma y al parecer lo único que nos distancia en realidad de los animales es nuestra capacidad de esperanza. Hemos producido una cultura de la devastación basada muchas veces en el engaño de la superioridad de las razas, de los dioses, y sustentada por la inhumanidad del poder económico. Siempre me ha parecido increíble que una sociedad tan pragmática como la occidental haya deificado cosas abstractas como ese papel llamado dinero y una cadena de imágenes efímeras. Debemos fortalecer, como tantas veces lo he dicho, la tribu de la sensibilidad... ¿Para qué construir grandes autopistas, transbordadores espaciales, o enormes rascacielos cuando aún no se ha solucionado el problema elemental del hambre?

Usted cita con frecuencia la frase del heterónimo de Pessoa: Ricardo Reis, protagonista de una de sus más reconocidas novelas: «Sabio es el que se contenta con el espectáculo del mundo...»

Sí, pero no estoy de acuerdo con esa frase que durante años ha sido para mí una contradicción. Después de Hiroshima, de los campos de exterminio y de las múltiples guerras imaginadas por el hombre, que nunca se fatiga de improvisar el horror, ¿cómo creer que es sabio contentarse con el espectáculo del mundo? Cuando decidí escribir La muerte de Ricardo Reis para completar la biografía de este personaje, de quien Pessoa jamás dijo que había muerto, quise resolver un conflicto que tenía con aquel poeta que produjo una influencia gigante, terrible, sobre toda la literatura portuguesa, y cuestionar su inocente sentencia. Hoy sólo espero que piensen que he sobrevivido a su sombra.

Si no nos salvamos todos yo no quiero salvarme», infirió Iván Karamazov...
—Es una idea irrebatible. Dostoyevski creía que la sensibilidad debe servir para solidarizarnos con el dolor, porque si no es así, me parece estéril. Una sensibilidad refinada para disfrutar la estética es importante pero es inútil. Ni un artista, ni un científico, por talentoso que sea, puede tener más significancia que un verdadero ser humano.
—¿Al escuchar su discurso de aceptación del Premio Nobel se podría pensar que la pobreza a pesar de ser una fatalidad está provista de cierta lucidez que hace mirar al mundo con mayor profundidad?

—No estoy muy seguro. La pobreza es una humillación. Yo escribí una obra de teatro llamada La segunda muerte de Francisco de Asís, en la que imagino que este hombre regresa y encuentra su Orden convertida en otra cosa, y fracasa en su intento por recobrar su pensamiento original. Decepcionado, en una escena posterior busca a los pobres con el objetivo de conminarlos a la pureza inicial y ellos le replican: «Tú quisiste ser pobre y eso es cosa tuya, nosotros lo somos y no queremos serlo...» Y al final Francisco reflexiona con desolación: «Siempre estuve equivocado, la pobreza no es santa». La lucidez entonces a la que se refiere la pregunta, tendría más que ver con cada persona que con una situación determinada. Hay quienes pueden sobrevivir a innumerables carencias, a desconocimientos, a estigmatizaciones de toda índole, pero la mayor parte es aplastada, y todo su horizonte se reduce a poder desayunar el día siguiente.

—En el mismo discurso usted relata un conmovedor pasaje de su infancia en el que su abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias, al presentir que la muerte venía a buscarlo se despidió de los árboles de su huerto abrazándolos y llorando porque sabía que nunca los volvería a ver...

Es un recuerdo poético, la memoria siempre da pinceladas sobre los rostros y convierte a todo el mundo en una especie de personaje, de creación imaginaria. La memoria es el dramaturgo que tienen adentro todos los hombres, pone en escena e inventa un disfraz para cada ser vinculado con nosotros. La distancia entre lo que fue una persona y lo que se recuerda de ella es literatura. Las evocaciones primigenias, las primeras percepciones de la vida, de su riesgo, de sus desprendimientos, son determinantes; porque producen imágenes que dejan tatuajes y afloran sin darnos cuenta en todo proceso artístico. Además la memoria es una centinela imprescindible, la vigía que impide a la injusticia reinar, que no permite que olvidemos Auschwitz, Actael en Chiapas, Sarajevo, Nagasaki, y tantas equivocaciones y masacres; y si acudimos a ella para referimos a un país como Colombia podríamos dibujar un mapa invadido de puntos rojos, de lugares que antes eran mágicos y hoy son apenas nombres que nos hacen temblar.

Usted ha dicho que la nueva esclavitud es el temor a perder el empleo, y en su trilogía compuesta por Ensayo sobre la ceguera, Todos los nombres y La caverna, plantea un mundo donde la mirada ha sido sometida...

Yo sólo digo lo que todos sabemos, el ser humano es la única prioridad pero ha sido convertido en una herramienta que se desecha. Vivimos tiempos confusos, contradictorios e injustos. Se institucionalizó un sistema más nefasto que los anteriores, porque al menos durante la época de la esclavitud o del feudalismo el oprimido conocía su desdicha, mientras ahora nadie se da cuenta de su terrible subyugación, de su incesante miedo. El espíritu de la competencia ha sido lamentable para el mundo, a todos los seres se les induce a superar a sus prójimos, olvidando que tenemos un compromiso común. En todas partes se educa para la guerra y jamás para la paz, se nos somete a la estúpida adoración de una bandera o un himno nacional, se idealizan las razas y los pueblos y se delimitan en forma excluyente las fronteras. Pienso que si no encontramos la forma de vivir juntos, si no nos unimos en lo benéfico que le pasa a los seres humanos, no nos salvaremos... Estamos siendo aniquilados, derrotados, invadidos... porque no usamos el único remedio que existe: la solidaridad y la humanización. No soy un profeta, pero no tolero la premisa de que sólo se puede vivir marginando, explotando, avasallando, y por el otro lado soportando la humillación en silencio. Se me dice con frecuencia: «Ya te ganaste el Nobel, ya no tienes preocupaciones», y yo contesto: «¿Cómo no preocuparse si el horror cada minuto desgarra la tierra? ¿Cómo no continuar en pie de alerta cuando nos han transformado en una raza de cíclopes, en seres de mirada unidireccional controlados por las imposiciones del consumo?» Lo pienso y lo reitero: debemos establecer una sociedad que nos permita recuperar la condición humana impidiendo que se nos convierta en hormigas, lo cual sería lamentable, aunque en el fondo yo pienso que sería peor ver a las hormigas convertirse en hombres, porque en ese caso no habría opción para la Tierra.

—El capitalismo nos ha decepcionado, el socialismo que tuvo un buen guión no contó con actores tan afortunados: ¿Cuál podría ser nuestra próxima utopía?
—Habrá una segunda oportunidad para el marxismo. Las ideologías que hablan de liberación, de igualdad, son siempre necesarias. El capitalismo es un error y por eso es fundamental analizar nuevas propuestas que inventen un mundo más equilibrado, en el que ya no existan tres mil millones de personas viviendo con sólo dos dólares diarios. Durante esta visita a Colombia he dicho enfáticamente: sí, hay que legalizar la droga, pero primero el pan. Mientras un continente como África muere de hambre y de enfermedades que no puede controlar, no es posible hablar del triunfo del capitalismo. Yo creería en este sistema, no cuando el hombre llegue a Marte, sino cuando todos tengamos alimento. Por eso la carrera espacial me parece secundaria, además el hombre ya casi logra destruir la Tierra, ¿para qué tanto empeño en destruir otro planeta?

—Usted nos ha venido alertando sobre los peligros de la globalización económica...

—Sí, es una nueva forma de subyugación, el reciente esquema de totalitarismo que no necesita policía, ni campos de concentración, ni censura, ni prisiones, pero que impone un método de exclusión social, un sistema económico que absorbe todo hacia sus centros de poder, y que hace pensar que si nos descuidamos el águila de la globalización devorará a la liebre de los derechos humanos. Es injusto que por motivos únicamente económicos todos estemos obligados a hablar el mismo idioma (el inglés), a pensar de la misma manera, a escuchar la misma música y a leer los mismos voluminosos libros que con el sello de best-sellers invaden el planeta.
—¿La cultura considerada como industria también es síntoma de esta decadencia universal?

Es otra perversión de nuestro tiempo, otro tentáculo de la manipulación ejercida sobre nuestras mentes. Una novela o un poema están muy distantes de ser llamados productos culturales, ¿cómo podría ser una obra de arte una simple mercancía? Un cuadro de Picasso por alto que sea su precio es mucho más que un producto, es una forma intensa de ver la vida, de denunciar las formas establecidas y a veces las arbitrariedades humanas.

Se habla de factorías culturales, del autor como un prestatario de contenido, como un mercachifle de ideas, y esto es erróneo. La sociedad de consumo intenta absorber el arte que siempre se le escapa, y aunque a veces parece asimilarlo, en la verdadera obra acecha una serpiente, una venganza que la pone en entredicho. Las enormes galerías o casas disqueras creen haber convertido el arte en un producto similar a una bebida light, pero las verdaderas obras siempre terminan por burlarse de ese esquema, creando conciencia, preguntando sobre las carencias de nuestras vidas. La Ilíada o Los hermanos Karamazov, que citábamos anteriormente, no son productos culturales y aún no es fácil verlos en los grandes almacenes de cadena. La poesía resiste como lo ha hecho siempre, y aunque el comercio insista en comprarla o seducirla, nunca sabrá en qué lugar se encuentra su barricada, porque es en lo más primitivo y elemental del hombre, en nuestra sensibilidad adherente, compartida.

¿Piensa que la información es lo contrario de la comunicación?

—La comunicación requiere de un ritual, de una profunda compenetración con el interlocutor y muchas veces ni siquiera es necesaria la palabra. El periodismo que se está haciendo ahora en el mundo es idiotizante. El Internet ha hecho que los mensajes sean más rápidos pero eso no quiere decir que sean más profundos. Una carta tradicional llevada por el cartero en bicicleta atravesando caminos enlodados durante semanas, tiene más poder sagrado que un mensaje con errores de ortografía y palabras pegadas enviado a un correo electrónico. En la carta está la letra, la caligrafía del autor e incluso el aroma, es un objeto más humano, que posee una carga de significados más elementales y más hondos. Puedo parecer anacrónico, pero creo que la comunicación está más cerca de esa carta. Quizá la verdadera comunicación no esté ni siquiera en el lenguaje, sino en la piel, en la mirada, en el silencio. Tal vez está en el reconocimiento de nuestro dolor hasta un punto en que pueda compartirse para poder superarlo.

—Usted ha manifestado que la literatura no produce respuestas y a veces ni siquiera preguntas...

—No sólo la literatura, sino mi tránsito vital ha estado demarcado, enriquecido, por dudas e incertidumbres. Yo creo que sólo tengo dudas, y éstas me han hecho crecer, profundizar... Pienso que con aquellos que tienen respuestas es imposible dialogar, que es mejor no saber para comunicarse, y más provechoso pararse en la mitad, escuchar, suponer que todos pueden tener razón y que las cosas pueden ser ciertas también en su lado opuesto. Dudo luego existo.

—La sociedad de consumo nos obligó a abandonar los parques, hizo de los centros comerciales nuestras nuevas catedrales, abolió oficios que nos han acompañado desde tiempos prehistóricos, ¿eso parece ser lo que usted denuncia en su novela  La caverna?

—Recuerdo que en España se publicó una noticia relativa a una mujer que había pedido que sus cenizas fueran esparcidas en un centro comercial porque allí había sido feliz. La caverna manifiesta que estos espacios son recientes lugares sacralizados, donde se exponen los nuevos dioses cada vez más efímeros, y se sepultan los que convivieron con nosotros. Eso explica que las costumbres están cambiando. Esta obra señala que hay oficios que hemos ido enterrando, un sitio donde los artesanos no son necesarios porque han sido remplazados por los técnicos, un mundo donde hemos desechado al mismo hombre.
—¿Toda creación artística representa un territorio libre del deseo?

—El deseo es esencial, tal vez bastante, pero no un atributo tan exclusivo como para poder definirla. Yo soy un intelectual no intelectualizado, tengo carencia de información, de conocimientos, y como pienso primero en lo vivencial, creo que es en la mirada donde el deseo se hace más feliz. Sin ninguna veleidad, sin querer alcanzar definiciones esotéricas, diría como cultor de la novela que para mí objetivamente no es un género sino un espacio, un lugar literario donde todo puede confluir: la ciencia, la filosofía, la poesía... Es decir una summa que rompe las fronteras del género y deja que todo lo que está alrededor entre como un río en el mar... Esta respuesta salió un poco poética. Creo que es exactamente la que eliminarían los obtusos editores de los diarios.

—La poesía portuguesa es una de las más reveladoras y sustanciales de nuestro tiempo. ¿Cómo es su relación con Sophia de Mello, Eugénio de Andrade, António Ramos Rosa, que aquí se conocen clandestinamente?

La poesía tiene la suerte de la clandestinidad, de formar sectas. Ellos son poetas muy importantes de la lengua portuguesa y mi relación (exceptuando el afecto) es desde luego la del lector emotivo. Nosotros hemos tenido grandes voces e incluso se inventó el eslogan: Portugal, tierra de poetas, porque con este género ha existido una tradición, mientras con la novela se ha dado siempre un relevo de cúspides y declives. Por mi parte pienso que se puede encontrar más poesía en mis novelas que en mis poemarios, y que el tercero titulado: El año de 1993 (escrito en 1975) donde se cuenta una historia y con una descripción fantástica se imagina un país, quizá sea un puente hacia la narrativa… Una reconocida crítica le da importancia a este libro diciendo que constituye mi paso a la novela, lo que es bastante obvio porque desde allí nunca he vuelto a escribir libros de poesía. Cualquiera puede ser profeta del pasado.

—¿Cree, como tantas veces se ha dicho, que un escritor cuenta siempre lo mismo cambiando de personajes y de perspectivas? ¿Y que un artista no obsesivo es mediocre?
—Siempre hay temas de los que no podemos escapar y hacerlo por recurrir a una fórmula es un desacierto. En mis novelas reitero que nos han direccionado la mirada, que nos han vendado, enceguecido, pero también me obsesiona la identidad, y por eso el protagonista de Todos los nombres durante trescientas páginas se pregunta quién es el otro (más precisamente la otra). Un escritor debe obedecer a sus pasiones, arriesgándose. Ignoro si hay evolución en el arte, pero sé que no hay progreso, y que quizá estamos más próximos al retroceso. Si existiera un avance en el sentido propuesto por el positivismo estaríamos haciendo obras extraordinarias, pero nada hemos hecho aún que haya superado La Ilíada o las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira.

—Hace cinco años reside en la isla española de Lanzarote, y allí huyendo del asedio del prestigio surgieron sus cuadernos biográficos, ese intento proustiano por recobrar el tiempo...

—España ha ejercido sobre mí cierta fascinación y esa isla del archipiélago de Canarias es una opción de paraíso que además me ha suscitado Los Cuadernos de Lanzarote, que defino como una necesidad de apresar el tiempo, de ser consciente de su transcurrir, de sentir su latido... lo que quizá en su origen sea la propuesta de Proust. Escribir es escuchar el tiempo.

—Ha hablado muchas veces de su gusto por algunos escritores hispanoamericanos...

—No los leo porque escriban en un idioma determinado sino porque son buenos... Al comienzo mi acercamiento al español fue conflictivo pero ya no me preocupa, a pesar de que no he prosperado mucho. Y como hablo mal el español pienso mal en español y por fortuna nunca pasa nada. En cuanto a los escritores podría nombrar a: Sábato, Onetti, Cortázar, Donoso y al mismo Vargas Llosa, que escribe para un público distinto al mío; porque esa es la diferencia entre nosotros, los públicos que nos leen, que nos escuchan, solamente eso. También pienso que hay escritores con buena prosa sostenida en el Post-boom, e incluso en el Post-post-boom, y en todas esas equívocas denominaciones que inventa el comercio.

—¿La literatura es uno de los pocos antídotos contra la ceguera interior?

—Sí, es un viaje a una isla desconocida, una ceremonia donde los personajes realizan nuestros deseos, una fiesta de marionetas que nos revela, nos explica, nos alivia y nos hace soñar: único verbo capaz de cambiar, de transformar la vida. ¡La necesidad de soñar, la rebelión de imaginar, no puede ser disuelta!
El tiempo inició su regreso a las manecillas del reloj. El reportaje agonizaba por un asedio de cámaras y periodistas que esperaban tras la puerta al último (¿al primero?) de los seres humanos, para rastrear su sabiduría, su generosidad, su acendrado humanismo, y acabar de construir la estela de este cometa esencial en su viaje por Colombia. Vimos su rostro sereno iluminarse y sus manos que parecían pájaros escribir ese nombre, que contiene todos sus nombres, esa firma que termina con una desproporcionada letra “g” antecedida por una “o” tan diminuta como un punto, mientras terminaba la dedicatoria en uno de sus libros.

Su risa triste nos preparó para el entrañable abrazo de despedida. Y aunque era fácil creer en la esperanza salimos del hotel, sabiendo que en sus ojos permanecería la pesadumbre de una humanidad amenazada por su irreductible contradicción y en su interior la desgarradura de ser su profunda conciencia.

Evitamos mirar los semáforos por temor a enceguecer como el personaje de su novela, alzamos la cabeza al cielo y lo vimos todo blanco, el miedo súbito nos hizo bajar los ojos. La ciudad aún estaba allí.
Autor: Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio]



sexta-feira, 23 de fevereiro de 2018

"São Paulo recebe exposição sobre a vida e a obra de José Saramago" Via Fundação José Saramago

Apresentação e anúncio da exposição, através da Fundação José Saramago, aqui

"A vida, a produção literária e o pensamento de José Saramago orientam a exposição “Saramago – os pontos e a vista” que abre ao público no dia 6 de março na cidade de São Paulo. A mostra, que conta com o apoio da Fundação José Saramago, estará patente no espaço Farol Santander, no centro da cidade, até ao próximo dia 3 de junho.

A curadoria da exposição é de Marcello Dantas e a produção dos vídeos que a integram é de responsabilidade de Miguel Gonçalves Mendes. Além de um vasto material audiovisual, o visitante poderá ver alguns objetos pessoais do escritor, como o computador com o qual escreveu Ensaio sobre a Cegueira e a cama dos seus avós, que viajou da sua terra natal, Azinhaga. Sobre ela, José Saramago afirmou no seu discurso ao receber o Prémio Nobel de Literatura em 1998: “No Inverno, quando o frio da noite apertava ao ponto de a água dos cântaros gelar dentro da casa, iam buscar às pocilgas os bácoros mais débeis e levavam-nos para a sua cama”.

A exposição poderá ser visitada de terça a domingo, das 9h às 19h. A entrada é livre."

(Cartaz da exposição)

"SARAMAGO – OS PONTOS E A VISTA"

“É necessário sair da ilha para ver a ilha, não nos vemos se não saímos de nós…” (O Conto da Ilha Desconhecida)

A proposta para a exposição Saramago, os pontos e a vista, se baseia no uso inédito de um rico acervo de materiais audiovisuais, criando uma vivência singular do ponto de vista de José Saramago em primeira pessoa.

A exposição pretende olhar para as diferentes dimensões de José, ampliando a compreensão que o público brasileiro tem sobre o autor português, um dos maiores legados da literatura contemporânea.

Saramago é popularmente conhecido pelas opiniões polêmicas, mas ao nos aproximarmos de seu universo podemos entender que suas opiniões vêm de uma reflexão profunda sobre as condições humanas e as relações de poder. É a força que carrega como cidadão, que permeia sua criação literária com um interesse genuíno pelo mundo e pelo ser humano.

Antes de se tornar escritor, José exerceu diversas atividades que o permitiram experimentar a vida a partir de diferentes pontos de vista. Esse acúmulo de perspectivas ajudou a formar seu modo único de enxergar o mundo.

Marcello Dantas
Curador



José Saramago pelo artista Telmo Guerra (Suiça)

Mais uma descoberta,
Uma excepcional descoberta. 
A criação, a arte cerâmica e o seu criador.
Trabalhar a pedra,
E tão bem o deixou explicado na sua obra "Da estátua à pedra" (1999)
“O que é a estátua? A estátua é a superfície da pedra, o resultado de retirar pedra da pedra. Descrever a estátua, o rosto, o gesto, as roupagens, a figura, é descrever o exterior da pedra, e essa descrição, metaforicamente, é o que encontramos nos romances a que me referi até agora. Quando terminei O Evangelho ainda não sabia que até então tinha andado a descrever estátuas. Tive de entender o novo mundo que se me apresentava ao abandonar a superfície da pedra e passar para o seu interior, e isso aconteceu com Ensaio sobre a Cegueira. Percebi, então, que alguma coisa tinha terminado na minha vida de escritor e que algo diferente estava a começar.”
(Via Fundação José Saramago https://www.josesaramago.org/da-estatua-pedra-1999/

"José SARAMAGO
Se podes olhar, vê. 
Se podes ver, repara."

Ceramic / Céramique /Cerâmica


Contactos
Telmo GUERRA
Contact: telmoguerraarte@gmail.com 
+41 76 690 22 85




quarta-feira, 21 de fevereiro de 2018

150.000 visitas! #saramago #ContinuarSaramago

150.000 visitas

Se nunca pensei chegar a esta meta, 
também nunca impus um limite.

Obrigada a todas e todos os que visitam!

"Saramago Apontamentos"

#saramago 
#ContinuarSaramago

sexta-feira, 16 de fevereiro de 2018

A censura do "Evangelho segundo Jesus Cristo" e algumas reacções (Fonte: Observador)

"O veto ao Evangelho de Saramago, 25 anos depois"
Publicado no site "Observador", autoria de Joana Stichini Vilela (25/04/2017), pode ser recuperado na integra, aqui

"Público" artigo de Torcato Sepúlveda de 25 de abril de 1992

(...) «A 25 de Abril de 1992, faz agora 25 anos, uma notícia remetida para o terço inferior de uma das páginas da secção de Cultura do jornal Público avança, “Sousa Lara corta nome de Saramago”. Antetítulo: “Prémio Literário Europeu” (PLE). Em causa está O Evangelho Segundo Jesus Cristo, o sexto romance do autor depois de, em 1980, com Levantado do Chão, ter saltado das notas de rodapé para um papel de destaque na história da literatura portuguesa. “Não representa Portugal”, justifica Sousa Lara ao jornalista do Público. “Não me pediram um julgamento sobre a obra inteira de Saramago, mas sobre este livro. Ora, há questões pessoais que me modelam, às quais não me oponho por questões de consciência pessoal.”

Saramago escusa-se a comentar. Só sabe da notícia pelo próprio jornalista. “O Torcato [Sepúlveda] ligou-nos para casa e o José ao princípio disse, ‘Palavra? Nah, não é possível’. Estava quase divertido”, conta a viúva, Pilar del Río, 67 anos. “[Quando se confirmou] Ficou tão dececionado e tão magoado… Não por causa do prémio. Mas porque o Governo do seu país tinha feito uma coisa de que ele tinha vergonha. Dizer, ‘este livro não, porque ofende’.”

O Evangelho Segundo Jesus Cristo “era um romance de grande ousadia”, lembra o editor de Saramago na Caminho, Zeferino Coelho. “O ateísmo militante de Saramago já era conhecido. Agora, pegar em Deus, em Cristo, e transformá-los em personagens de romance, ainda por cima um romance negativo, isso foi uma grande ousadia.” Na sua opinião, Saramago tinha noção do efeito que o livro causaria e terá sido essa uma das razões por que o escreveu. O autor gostava de provocar o debate. Só não contava com a censura.»

«A 14 de Abril, avançará o jornal O Independente, Sousa Lara recebe do Instituto Português do Livro e da Leitura (IPLL) um ofício com a sugestão de três nomes para candidatos ao PLE: Saramago, Pedro Támen e Fiama Hasse Pais Brandão. A lista fora elaborada depois de consultados a Associação Portuguesa de Escritores, o Pen Club e o Centro Português de Escritores Literários. Artur Anselmo, então presidente do IPLL, informa Lara de que também obtiveram o apoio dos Escritores Literários os nomes de Hélia Correia, com A Casa Eterna, e de Sophia de Mello Breyner, pelo Obra Poética – Volume II. Dois dias depois, Lara assina um primeiro despacho com a sua escolha: Fiama, Támen e Sophia. A 20 de Abril, Artur Anselmo responde, “proponho, a título pessoal, o Vale Abraão, de Agustina Bessa-Luís”. Lara junta o nome de Agustina ao despacho. Nem Pedro Santana Lopes, secretário de Estado da Cultura, nem Maria José Nogueira Pinto, secretária de Estado Adjunta, estariam a par destas movimentações.»

Fax de Agustina Bessa-Luís enviado à SPA - Sociedade Portuguesa de Autores
manifestando a sua posição perante a censura da obra de Saramago

(...) «Santana Lopes só sabe do veto na véspera da notícia do Público. Sousa Lara argumentaria que se tratava de uma “competência delegada”. De acordo com O Independente, na estreia do filme “Aqui D’El Rei”, Maria José Nogueira Pinto terá comentado com o secretário de Estado: “Parece que há um problema com o Saramago”.

Francisco Sousa Tavares pede a demissão do subsecretário de Estado, alegando que este está “agarrado à cadeira do poder” e alerta para a repercussão internacional: “Lançou de novo sobre nós os estigmas tradicionais da intolerância religiosa e do repúdio da abertura espiritual”. O escritor João de Melo sintetiza, “Saramago neste momento somos todos nós.”
Quatro dias depois o caso vai parar à Assembleia da República durante o debate parlamentar sobre a Cultura. A intervenção de Lara ficará para a história. Se por boas ou más razões, depende da perspetiva. O subsecretário de Estado começa por argumentar que o caso não devia ter sido tornado público. Depois, alega que “a obra ataca o património religioso dos portugueses. Longe de os unir, divide-os.”

No Público, Torcato Sepúlveda comenta, “tal raciocínio evoca, com efeito, o Tribunal do Santo Ofício”. Sucedem-se as acusações de censura. A palavra “inquisição” nas suas várias declinações, enunciada pelas mais variadas personalidades literárias e da cultura, propaga-se pelas páginas dos jornais. Promovida a escândalo, a polémica internacionaliza-se. Surgem relatos e reações nos jornais espanhóis ABC, El País e El Mundo, nos franceses Libération e Le Monde, no italiano La Stampa, e na Folha de São Paulo. Até o ministro da cultura francês se manifesta. Para Jack Lang a censura de que o “Evangelho” foi alvo é “inaceitável”.

Entretanto, o eurodeputado socialista João Cravinho tenta levar o caso ao Parlamento Europeu. A 9 de Maio, o Expresso noticia: “O Presidente do Parlamento Europeu, Egon Klepsch, envia carta a Jacques Delors [presidente da Comissão Europeia] pedindo explicações sobre o afastamento de Saramago à candidatura ao PLE.”

Por cá, Támen e Fiama recusam a candidatura ao PLE. Já o poeta David Mourão Ferreira é dos mais vocais. Numa mensagem escrita defende que o primeiro-ministro devia “ter pedido desculpas públicas” ao escritor e que é Cavaco Silva “quem deve ser responsabilizado pelo estado novo a que chegou o grotesco e tenebroso processo das candidaturas portuguesas”. Já Francisco Sousa Tavares pede a demissão do subsecretário de Estado, alegando que este está “agarrado à cadeira do poder” e alerta para a repercussão internacional: “Lançou de novo sobre nós os estigmas tradicionais da intolerância religiosa e do repúdio da abertura espiritual”. O escritor João de Melo sintetiza, “Saramago neste momento somos todos nós.”

Entretanto, uma sondagem do jornal Público indica que 63,3 por cento dos habitantes de Lisboa e Porto acham que o “Evangelho” devia fazer parte da lista de candidatos ao PLE. O Expresso também consulta o cidadão comum e divulga resultados que apontam para um equilíbrio maior na sociedade portuguesa: 57 por cento dos inquiridos está contra a exclusão.»

«Ao longo destas semanas, José Saramago desdobra-se em entrevistas e declarações. A sua casa, um pequeno T1+1 na Rua dos Ferreiros à Estrela, em Lisboa, converte-se em central telefónica. “Um inferno”, resume Pilar del Río. “Não só por causa deste caso mas também porque Saramago era a pessoa mais conhecida de Portugal tirando os futebolistas.”

Na opinião de Artur Anselmo, tudo não passou de uma “lamentável intromissão da esfera política na esfera cultural. E não teve só a ver com Portugal. Teve a ver com todos os países que faziam parte da então CEE.” Este é capaz de ser o único ponto em que há acordo entre todos os intervenientes: ao contrário do previsto no regulamento do prémio, a decisão não devia ser política – embora os dois anteriores governantes por quem passaram listas da mesma natureza, em 1990 e 1991, se tivessem limitado a dar o seu aval às sugestões das entidades consultadas. Quanto a 1992, com o fim do júri, volta tudo ao início: Támen, Fiama… e Saramago.

Nos jornais, há sobretudo declarações de solidariedade, mas também se desenterram acusações de censura. Recorda-se o Verão Quente de 1975, altura em que o militante comunista esteve à frente do Diário de Notícias: “Pessoalmente, quero servir a construção do socialismo. E o DN vai ser um instrumento nas mãos do povo português para a construção dessa linha já adotada pelo Conselho Superior de Revolução…” O diretor do Expresso, José António Saraiva, cria um cenário em que o PCP subiu ao Governo e Saramago é secretário de Estado da Cultura para provocar: “Na hipótese de um livro, mesmo notável – mas crítico em relação ao comunismo –, ser indigitado para um prémio, Saramago dar-lhe-ia ou não o seu apoio? Muito provavelmente não.”

Ao mesmo tempo, as vendas do romance disparam. A 21 de maio, já vai nos 135 mil exemplares, só em Portugal. Pouco depois, torna-se um dos mais procurados na Feira do Livro de Madrid e entra para o Top 10 espanhol. Pilar del Río diz desconhecer quantos livros se venderam ao todo. Remete para a Caminho, que por sua vez passa a bola para a Porto Editora, que detém atualmente os direitos da obra do Nobel mas declara não poder avançar essa informação. Adianta, porém que o “Evangelho” continua a vender-se “todas as semanas”, longe, porém, dos números do principal best-seller de Saramago, “Memorial do Convento”.

Saramago diz precisar de tranquilidade. Já há bastante tempo que o casal procurava uma casa para comprar nos arredores de Lisboa. Mafra, por exemplo, lembra Zeferino Coelho. Por coincidência, a 1 de maio, uma semana apenas depois de estalar a polémica, vão visitar a irmã de Pilar a Lanzarote, em Espanha. “Descobrimos o princípio do mundo”, lembra Pilar. “E aí fui eu que disse, ‘por que não nos mudamos para Lanzarote?’ Todos os criadores dizem a dada altura, ‘iria viver para uma ilha deserta’. Pois alguns o dizem e o fazem.”

A notícia cai com estrondo em Portugal: Saramago abandonaria o país na sequência do veto de Sousa Lara. Em entrevista ao Público, o escritor tenta clarificar: “Há uma coincidência que eu não busquei”. Pilar começa por admitir que foi em parte por causa desta questão que resolveram mudar-se – “foi muito duro para um escritor a polémica que se montou, ter de responder ao mundo” –, para depois desvalorizar: “Coincidiu”.

“Ingrato e repugnante”
Na Fundação Saramago, em Lisboa, a Presidenta – como insiste em formular a palavra – limpa distraída um retrato a óleo do escritor com um lenço de papel. As obras do Terminal de Cruzeiros, mesmo em frente à Casa dos Bicos, enchem tudo de pó. Conversa rodeada de artefactos da vida e obra do Nobel, incluindo um top 10 da Bertrand da década de 1990 em que apenas dois livros não são dele: Vai Onde te Leva o Coração, em 7º, e Aparição, em 10º. Há alguma acidez no discurso, mas sobretudo amargura: “Este episódio é ingrato e repugnante”; “Não significou nada para Saramago”; “’Desilusão’? Não. Para nos desiludirmos temos de ter estado iludidos”; “Saramago está a anos de luz de toda esta situação e de toda esta gente. Pensam que Saramago estava preso a uma decisão de um Governo que já não existia, que tinha membros presos? Por amor de Deus. Saramago tinha seguido navegando pelo mundo e os outros continuavam por aí.”

Seja qual for a interpretação, a verdade é que o “Evangelho Segundo Jesus Cristo”, que coincide com a mudança para Lanzarote, assinala um ponto de viragem na obra do escritor. “Ele dizia que até ao ‘Evangelho’ escrevia sobre a estátua”, explica Zeferino Coelho. “A partir do ‘Evangelho’ passou a escrever sobre a pedra.” A primeira é a superfície; a segunda o seu interior. “Já não é o homem em determinada circunstância. O que lhe importa é a alma humana no que ela tem de universal.”

Saramago explica esta evolução em 1998, na Universidade de Turim, numa palestra mais tarde publicada em livro e intitulada “Da Estátua à Pedra” (em que afirma ainda e de forma taxativa que o Evangelho Segundo Jesus Cristo é não só o seu romance que “gerou mais polémica” mas também “a causa de ter mudado a minha residência de Lisboa para Lanzarote”).

O primeiro romance desta nova fase chama-se Ensaio Sobre a Cegueira. “Que eu acho”, prossegue Zeferino Coelho, “e até lho disse várias vezes – ele não concordava – que é o melhor romance dele.”

Entre um e outro livro passam quatro anos. O interregno é atípico, mas a vida do escritor está cada vez mais cheia. Além de que a matéria ficcional que agora o ocupa é de uma dureza inusitada. “A certa altura cheguei a dizer: ‘Não sei se consigo sobreviver a este livro.’”, contaria ao Expresso em 1995. “Foi como se tivesse dentro de mim uma coisa feia, horrível, e tivesse de sacá-la. Mas não saiu, está no livro e está dentro de mim.”

Saramago era um pessimista. Para ele, a irracionalidade estava a tomar conta de um mundo contemporâneo ao serviço do lucro e do mercado. Na opinião do autor de Biografia – José Saramago (Guerra & Paz), João Marques Lopes, “os efeitos da polémica e do veto poderão ter contribuído para o aprofundamento do pessimismo”, afirma por email, “mas creio que são secundários face às mudanças geo-políticas e ideológicas do ‘mal-chamado’ socialismo real em 1989-1991.” Quanto a Lanzarote? “Há quem relacione a ‘secagem’ do estilo barroco com a orografia desprovida de vegetação e de arvoredo. Acho que pode estar correto.” Pilar concorda: “Talvez a austeridade de Lanzarote [tenha sido uma influência]”.

“Não faz sentido nenhum [dizer que censurei o Saramago]”, afirma Sousa Lara. “O homem ficou rico à minha custa. E ganhou o prémio Nobel à minha custa. Eu sou acusado é de ter promovido o senhor Saramago a prémio Nobel. Tenho qualquer cota-parte nessa causa.”
Adaptado ao cinema em 2008 pelo brasileiro Fernando Meirelles, Ensaio Sobre a Cegueira é porventura o livro mais importante no percurso internacional de Saramago. A edição americana sai em 1998 e é recebida com entusiasmo pela imprensa. “Lembro-me de uma recensão publicada no Los Angeles Times que o classificava como um romance sinfónico”, conta Zeferino Coelho. “Isto em Agosto, Setembro. Em Outubro dão-lhe o Prémio Nobel. Pode ter empurrado um bocadinho.” O romance aparece em destaque no texto de atribuição, “Um dos romances destes últimos anos aumenta consideravelmente a estatura literária de Saramago. É publicado em 1995 e tem como título ‘Ensaio Sobre a Cegueira’.”»

segunda-feira, 12 de fevereiro de 2018

“José foi uma maldição” Entrevista a Pilar del Río ao "Expresso" (30/04/2017)\

A entrevista de Pilar del Río ao "Expresso" realizada por Alexandra Carita e Luciana Leiderfarb, com fotografia de João Lima, pode ser consultada e recuperada aqui
em http://expresso.sapo.pt/%2Fcultura%2F2017-04-30-Pilar-del-Rio-Jose-foi-uma-maldicao

"Diz que chegou a Portugal como o “apêndice” de um homem e que, por cá, não faz parte da memória de ninguém. Mas carrega o peso de um legado imensamente português, que ajudou a construir. O trabalho na Fundação Saramago valeu-lhe o Prémio Luso-Espanhol de Cultura, que receberá em maio"

"Recebe-nos no gabinete que ocupa na Fundação Saramago. E, mal abre a porta, a luz: Pilar é alta, bonita, exuberante, jovem. Uma jovem de 67 anos — idade que, dirá, não encontra em nenhuma parte do seu corpo. Rapidamente somos puxados para dentro do seu turbilhão, esse que a levou a criar esta casa há uma década, a casar com “um dos cidadãos mais completos do século XX”, 30 anos mais velho do que ela, a abdicar de uma carreira de jornalista, a mudar de pele, de país, a não parar de trabalhar, mesmo que o cansaço por vezes se imponha. E quem é esta mulher? Alguém que não quer morrer numa “decadência ostensiva”. Que não corresponde, nunca correspondeu, a estereótipos ou normas sociais. Que acorda todos os dias para viver “da e com a memória”, consciente de ter sido protagonista de uma experiência que muitas mulheres gostariam de ter tido. Uma “maldição” que ainda hoje, sete anos passados sobre a morte de José Saramago, a afasta de refazer a vida, porque, simplesmente, não lhe apareceu à frente outro igual a ele.

Sabendo que não gosta que lhe chamem a viúva de Saramago, quem é Pilar del Río hoje, aos 67 anos?
Não gosto que me chamem ‘viúva de’ porque ninguém me chamou ‘mulher de’ enquanto Saramago foi vivo. Isto por duas razões: porque tinham de enfrentar Saramago e tinham de me enfrentar a mim. Cada um de nós é o produto de si próprio. Não somos nem do pai nem do filho. Somos o que queremos ser. Nunca fui a mulher de Saramago nem serei a viúva dele, por respeito a Saramago e a mim própria.

E então quem é essa Pilar?
Uma mulher que não corresponde a estereótipos como o bom comportamento ou às normas sociais que se esperam de alguém que já tem uma idade. Talvez porque essa mulher ainda não consiga encontrar os 67 anos em nenhuma parte do seu corpo. Claro que me olho ao espelho, mas acho que o que está mal é um problema do espelho. Sou uma pessoa que todos os dias, ao acordar, pensa no que quer fazer da sua vida. Não tenho ainda um caminho definido. Ou seja, não estou reformada de nada. Faço a minha vida como quando tinha 20 ou 30 anos. Vou trabalhar. Não quer dizer que não tenha problemas. Tenho-os, de saúde...

Não sente que abdicou de uma carreira?
Sinto que tive um impasse. Isso também me dizia o meu marido, que eu tinha abdicado de uma carreira para estar com ele, para participar e estar no seu projeto, e, de facto, fui parte ativa nesse projeto. Mas ele também dizia, nos últimos anos da sua vida e pensando nestas coisas da internet (fiz-lhe um site), que eu tinha voltado à minha antiga profissão, a de jornalista. A contar, a dizer, a compor... Se calhar, estou de volta ao projeto inicial da minha vida.

Essa mulher que está no seu projeto original persegue um caminho, quer alguma coisa. O que é?
Tendo conseguido que esta fundação funcione e que tenha gente entre os 30 e os 40 anos, essa mulher não quer morrer numa decadência ostensiva.

Porque é que se tornou jornalista?
Porque gostava de contar coisas que antes gostava de ouvir. Acima de tudo, sou uma ‘ouvidora’, oiço, oiço todo o tipo de gente em todo o tipo de circunstâncias. Tudo me maravilha. Nasci para me maravilhar com uma bola que rebola, com uma estrada que está a ser arranjada... Gosto de contar essas coisas. Tive um programa de rádio há muito tempo, já depois de ter conhecido o José, chamado “Blimunda Não Se Rende”. Nele contava as maravilhas que Blimunda, que era pobre e sozinha, ia encontrando no mundo.

É mais fácil viver quando se acredita no mundo e se está maravilhado com ele?
Eu não acredito absolutamente nada num mundo que está a ser governado por gente em que não acredito nem quero acreditar. O que não me maravilha são todas as insolências e as perversões que os poderes económicos praticam no mundo e as guerras que criam. Maravilha-me que haja refúgios e momentos de harmonia e de poesia. Fomos feitos para sermos seres passivos e sofredores, estamos preparados para ser a massa no que respeita aos conceitos de política e ao domínio do social e fiéis no que concerne à religião. Maravilha-me que de repente haja gente que é ela própria e que é feliz.

A religião fez parte da sua vida...
Nunca vi Deus. O que me atraía na religião era uma forma bonita de relação com os seres humanos, que acontecia através da caridade cristã, entendendo a caridade como amor. Mas isso foi antes de descobrir que acima da caridade estava a solidariedade. Esse momento teve a ver com a minha chegada à faculdade, com a possibilidade de partilhar, com as melhores pessoas, as ideias de liberdade, contra a tirania e a ditadura, ideias que vieram também com a leitura. Hoje descubro que a caridade, no seu sentido etimológico de amor e de partilha, também me interessa muito.

Quando é que percebeu que Espanha vivia numa ditadura?
Desde sempre. Em criança sabia que vivíamos num país criado por obra e graça de Deus. Sabia que Deus tinha criado Franco para fazer o país preferido dele.

Aprendeu-o na escola?
Não foi preciso, já o tinha aprendido em casa: Deus criou Franco e Espanha! Claro que, ao crescermos, nos apercebemos de que o mundo é maior do que Espanha. Damo-nos conta disso por uma notícia num jornal, um livro que lemos... Com 14 ou 15 anos descobres que há países onde se vota e aos 18 já sabes que em Paris está a acontecer muita coisa. Tudo começa a encaixar-se, a fazer sentido. E, com a mesma naturalidade que se aceitou fazer a primeira comunhão, aceita-se deixar de ir à missa. Lembro-me perfeitamente da última vez que me fui confessar: o padre perguntou-me se já tinha acabado, e eu respondi-lhe que sim, mas que havia coisas que não lhe ia dizer. Não ia confessar o amor nem que estava com o homem que escolhi, o meu primeiro marido.

No entanto, casou com ele pela Igreja e batizou o seu filho...
Fi-lo para não dar um desgosto à minha mãe, que vivia uma guerra civil e não tinha de suportar as iras do meu pai. Porém, a palavra ‘família’ provoca-me fastio, repugna-me. Faz parte do ADN que te dão a conhecer: Estado, Família e Religião; Deus, Pátria e Família, se quiserem. Vi tudo isso em casa. Fi-lo para não aumentar o conflito entre a minha mãe e o meu pai. Para mim, era igual, queria lá saber da religião. Casei-me pela Igreja porque a religião não me dizia nada. Era como pôr um vestido comprido para ir a uma festa social ou usar uma joia, tanto me fazia. Deus não significa nada para mim. Se há um Deus, ele vai perceber que tudo o que inventaram à sua volta é uma merda. Quero que haja um Deus para lhe pedir contas sobre o que fez aos seres humanos, às mulheres.

De onde vêm as suas convicções?
De um mundo cheio de pobres diabos. Vivo com seres humanos que tentam levantar a cabeça e não conseguem, porque lha cortam.

Disse que em sua casa havia um conflito e que rejeita a ideia 
de família. Porquê?
Rejeito-a porque tenho os olhos abertos para o que acontece no mundo, as hipocrisias e mentiras que se fazem e dizem por aí. Descobri isso ao ver “O Último Tango em Paris”, de Bernardo Bertolucci, em especial o momento em que ele se vira para ela e lhe diz: “Mete o dedo no cu. A que cheira?” Era uma boa família! Quer isto dizer que as primeiras mentiras que o ser humano diz — porque se chegou tarde a casa, porque se precisa de qualquer coisa, porque se tem medo — são à família, em família. Na minha casa, o conflito traduzia uma sociedade patriarcal a viver numa ditadura política e religiosa. Havia o nacional-catolicismo. Eu não sabia quem era mais importante, se Deus, se Franco. Tinha dias. Qualquer coisa que saísse do âmbito do nacional-catolicismo era um problema, e se fosses respondona como eu eram problemas acrescidos. A última vez que o meu pai me deu uma bofetada já eu tinha 23 anos.

O que fez?
Fui-me embora, estava de férias e fui ter com o meu namorado. Até a minha mãe me apoiou. Bateu-me porque eu estava a defender uma irmã adolescente que tinha chegado a casa 10 minutos atrasada.

Percebe-se que a relação com o seu pai era complicada...
Não era complicada, porque nem sequer tive uma relação com o meu pai. Não se têm relações com os pais. Os pais existem para mandar em nós."

"Trabalhar. É o que Pilar faz todos os dias, desde que assumiu a 
presidência da Fundação Saramago, a completar uma década. 
Na foto lê a passagem de “Jangada de Pedra” em que Saramago 
descreve o primeiro encontro entre os dois"
Fotografia: João Lima

O que faziam os seus pais?
O meu pai era um tipo singular. Foi frade dominicano e depois aviador e agente de seguros. A minha mãe, submissa, tinha de ‘se defender’ de 15 filhos e do marido. Era uma mulher extraordinária.

E como é ser a mais velha de 15 irmãos?
Não sei, acho que gostava de ter sido a mais nova de todos. A verdade é que partilhei a responsabilidade com a minha mãe na hora de tomar decisões, assim como as tarefas diárias, que iam de pôr toda a gente na escola a dar de comer e vestir... Foi um excesso de responsabilidade, do qual beneficio hoje em dia.

Tentou ser diferente como mãe?
Fui uma má mãe, porque sempre pensei que seria a vida a educar o meu filho e não eu. Nunca pensei no que queria ser como mãe, tinha outras coisas que fazer.

Que relação mantém com o seu filho, hoje já com 40 anos?
Trato-o como uma pessoa que é independente e que está a trabalhar. E está a trabalhar sobre Saramago.

O que é que faz?
É uma história linda. O meu filho estava a viver na Argentina, pois detestava a ideia de estar num país onde tivesse de se relacionar com o José ou comigo. Mas quando o José adoeceu a sério, perguntou-me se eu queria que me viesse ajudar. E veio da Argentina para Lanzarote com um amigo e fez com que a minha casa nunca fosse uma enfermaria. Ficaram até ao dia em que o José morreu. Neste momento está em Lanzarote a fazer visitas guiadas à casa todos os dias.

Houve um antes e um depois de Saramago?
Claro. Eu trabalhava como jornalista, tinha um programa e vivia num país. O facto de estar com José Saramago fez-me deixar um posto de trabalho estupendo e vir para um país onde não faço parte da memória de ninguém, nem então nem agora. Antes estava com o José, agora estou com a memória do José.

E quem é a Pilar depois do José?
Uma mulher muito mais velha, com uma experiência maravilhosa que muitas das mulheres que conheço, e mesmo algumas que não conheço, gostariam de ter tido. Sou uma privilegiada, vivi uma história absolutamente singular que partilho de manhã à noite todos os dias na fundação, na casa de Lanzarote, na Azinhaga. Vá para onde for, partilho essa história, porque é demasiado grande para a guardar só para mim: é a história de um dos cidadãos mais completos do século XX, uma pessoa que nasceu para ser massacrada e não o foi, que se levantou do chão, que se fez a si próprio, que não precisou de ser ‘filho de’, que nem sequer tinha o apelido do pai. Uma figura que os burgueses de mente curta ainda não conseguem compreender. Aqueles que não entendem a literatura de Saramago ou o próprio Saramago têm de ir a um especialista, pois são egoístas ou doentios ou têm uma conceção da vida demasiado elitista. Mesmo os que não concordam com Saramago não podem negar que ele os arrasa. Saramago é a-rra-sa-dor, um tipo que em menos de 30 anos construiu uma obra como esta. Alguém que escreveu “O Evangelho segundo Jesus Cristo”.

Fala de uma elite que ainda não compreendeu Saramago. Alguma vez se zangou com Portugal?
Não. Para mim, não existem países. Tenho semelhantes. O que é que herdei do franquismo? A repulsão pela bandeira.

Então reformulemos: alguma vez se zangou com os semelhantes de Saramago?
Zanguei-me com os espíritos pequenos, ou melhor, com o comportamento de alguns indivíduos, sobre os quais só me ocorre dizer “coitados”. Esses que escrevem uma coluna em Portugal e teorizam e dogmatizam, mas não chegam nem à raia de Badajoz. Passando Badajoz, não são ninguém. Não suporto quando começam com a conversa de que Saramago saneou não sei quantas pessoas. Não, desculpem, o diretor literário não faz saneamentos, foi a administração, há provas. E escrevem isso em jornais que mal pagam aos seus colaboradores, que mal pagam aos seus redatores e que põem na rua jornalistas. Mas esses não são saneados. Têm ódio à revolução, no fundo querem ser aristocratas. Mas não são!

Como é que um encontro pode mudar uma vida?
Não tive consciência de que a terra tremeu. José Saramago sim, e descreve-o na “Jangada de Pedra”. Eu não. Senti tudo isso com uma enorme naturalidade. Saí do encontro com ele e disse: “Vai acontecer qualquer coisa!” Cheguei a Espanha, e a primeira coisa que fiz foi telefonar à pessoa com quem namorava na altura para lhe dizer que não íamos continuar. Passou junho, julho, agosto. Em setembro recebi uma carta: “Se as circunstâncias da vida mo permitirem, gostaria de te ir ver.” Já me tinha dado recomendações de leitura, a nossa correspondência nesse sentido era quase ditatorial. Eu tinha de ler “Uma Família Inglesa”, de Júlio Dinis, o “Amor de Perdição”, de Camilo Castelo Branco, a Agustina Bessa-Luís, a Lídia Jorge...

Soube logo que ia dedicar-se a este homem?
Dedico-me à vida, aos meus irmãos, e se na vida está o meu marido dedico-me a ele; se está a fundação, dedico-me a ela. Ou seja, sou uma mulher dedicada. Mas, sim, dediquei-me a ele de corpo e alma, sabendo que era uma pessoa inesgotável. Começava uma conversa que nunca dava por terminada, porque tinha sempre pontos de vista diferentes, tal como a sua literatura. Era uma pessoa com uma formação infinitamente superior à minha. Foi uma maldição.

Maldição?
Sim, depois de o ter conhecido já não consegui gostar de mais ninguém.

Nunca pensou em refazer a sua vida?
Com quem? Deem-me outro. Só teria reconstruído a minha vida se tivesse aparecido alguém assim por quem me apaixonasse. Acho que os homens se impressionam com isso, que não querem ser comparados.

Como era ser 28 anos mais nova e saber que sobreviveria a esse amor?
Tínhamos isso muito claro e preparámos tudo. Uma vez, Madalena Perdigão disse-me, pouco tempo depois de a conhecer, que tinha uma relação com um homem mais velho e que isso a fazia sofrer muito, pois a sociedade não a entendia. A sociedade só percebe o lugar-comum. Acontece que ela morreu dois anos depois e o marido viveu quase até aos 100. O José e eu sabíamos que era uma lei da vida. E numa conversa ao almoço em Lanzarote, com dois amigos espanhóis, surgiu a ideia de fazer uma fundação para tomar conta do seu legado humanista — não de uma herança ou de uma biblioteca. Saramago primeiro não achou grande ideia, mas a conversa continuou e, no final, disse-me que, se eu lhe sobrevivesse, queria que me ocupasse da fundação.

"Legado. Foi num almoço em Lanzarote que 
surgiu a ideia de criar uma fundação. Saramago acabou 
por anuir e disse a Pilar que, se ela lhe sobrevivesse, 
queria que avançasse com o projeto"
Fotografia: João Lima

Uma vez disse que ele queria que “o continuasse”. Como se continua José Saramago?
É terrível. Pelo menos, Saramago tinha uma companhia, eu não.

Sente-se sozinha?
Não. O problema é quando viajo. Nos últimos dois anos tem sido mais difícil viajar sozinha, com uma mala, de aeroporto em aeroporto, para compromissos relacionados com Saramago. No penúltimo país que visitei tive uma quebra, pensei que ia morrer, tive de tomar um tranquilizante. Sou a escrava, a protagonista e a que apanha os copos. Ou seja, há de chegar o dia em que não conseguirei fazer mais. O José não tinha de fazer a mala, não ia sozinho. Falava e era Deus. Eu não sou Deus e tenho de falar como Deus. Sou recebida por chefes de Estado, estou presente em conferências, em todo o tipo de situações. A vida é complicada.

O que significa para si a Fundação Saramago?
É a residência do pensamento do José. As editoras só publicam livros para ganhar dinheiro. É um negócio. Mas quem trabalha o pensamento de José Saramago? Já não há editoras que publiquem ensaios. Então somos nós que o fazemos. Exemplo disto é a “Proposta de Declaração Universal dos Deveres Humanos” — que tem a ver com a nossa obrigação de retribuir à sociedade e vai ser apresentada à ONU — ou a difusão do teatro. Houve teatro de Saramago em Portugal, em Espanha, em Itália, óperas... Alguém se deu conta? E quem leva isto para a frente? Os herdeiros? Eles têm a sua própria vida e não lhes pode cair o legado em cima. É a fundação que se ocupa de tudo.

Com uma vida como essa, porque aceitou ser administradora da TVI?
Uns amigos ligaram-me e pediram-me para aceitar o cargo. Eu estava numa apresentação de Vargas Llosa e não podia atender o telefone e acabei por responder por mensagem. A proposta em si era tão surpreendente que não sabia o que dizer ou fazer. No entanto, pensei: se não for eu, vai ser outro. E porque não estar lá uma pessoa tão vincadamente de esquerda? Eu sou uma pessoa de esquerda e muito antissistema.

E o que faz como administradora não executiva?
Só participei em reuniões, espero agora poder participar em algo mais. Mas o que faço é basicamente aprovar as contas e um pouco da linha editorial. Não posso chegar ao Conselho de Administração de uma empresa a opinar, cheguei a ouvir. Agora espero mais.

Sentia saudades de estar num meio de comunicação social?
Há 20 anos teria respondido que sim. Queria ser diretora do “El País”. Estava muito irritada, e ainda estou, pelo facto de quase não haver mulheres nesses cargos. O meu jornal ideal seria aquele que me deixasse ser mulher e dar a minha opinião, sem prestar tanta atenção à lógica do mercado, mas sim à dos leitores.

Não é ingénuo pensar que isso é possível?
O que nos ensinaram já não faz parte daquilo a que se chama ‘fazer jornais’. Já não contamos o lado obscuro das coisas. Pelo contrário, somos os que beneficiamos os interesses do poder. Estamos ali para esconder as falhas do sistema capitalista e não para trabalhar para uma sociedade que se quer socialista na sua essência.

Acredita no jornalismo independente?
Acredito muito nas pessoas, mas cada vez que um jornal tratou de levantar a cabeça e fazer frente ao poder económico foi abafado. Um jornal progressista, independente, tem de fazer imediatamente concessões. E tudo acaba por não passar de um jogo de concessões.

Voltando atrás, quem é hoje a sua família?
Em Portugal não faço parte da memória de ninguém. Estou muito só, mesmo que esteja rodeada de gente fantástica aqui na fundação. A minha família é a memória. Irrita-me dizê-lo, mas vivo da e com a memória — embora seja uma memória que projeta, uma memória para o futuro. Tenho amigos adoráveis, um grupo de amigas em Sevilha... E tenho a tribo — é assim que chamamos a nós mesmos em família. Eu saberia dizer o que estão agora a comer os 15 membros da tribo, ou seja, os meus irmãos. Sei que nunca mais me vou encontrar com o José, que ele nunca me vai poder dizer se estou a fazer bem ou mal.

Porque é que insiste em dizer que não faz parte da memória de ninguém?
Porque não faço. Cheguei com 40 anos e não tenho a chave, o código, para as pessoas daqui.

Não se está a subestimar?
Não, sou realista. E a realidade é a minha idade. As pessoas andam para trás, recuperam momentos do passado, e eu não estou lá. Cheguei tarde, já bem crescida, como o apêndice de um homem. E durante os 25 anos que vivi com ele não tinha existência real, era uma sombra. E agora tenho uma existência real relativa.

Relativa como?
Não sei se as pessoas se dirigem a mim como a um ser humano que querem agarrar ou beijar ou como a uma mulher que tomou decisões que Saramago nunca tomaria. Em Granada e em Sevilha existo como pessoa e companheira de trabalho. Em Portugal não existo sem Saramago.

Gostava de mudar isso?
Teria de ter vontade de o fazer, e se calhar já não tenho. Mas é curiosa a quantidade de viúvos que Saramago tem. Um dia, aqui no meu gabinete, contaram-me como foi o casamento de Saramago. Foi comigo que ele se casou! Não se lembram? Não me veem?

Mas há muita gente que a conhece...
Não sei se me estão a ver a mim ou à sombra de Saramago, mas houve um tempo em que tive a ilusão que me estavam a ver a mim. Agora desconfio sempre. Já não sei quem me olha, porque me olha, que olhar é esse.

No fundo, fala da sua individualidade. Como a manteve sendo tradutora de Saramago e o seu braço-direito?
Mantive-a sempre, mas ninguém o sabia. Isso fazia parte da nossa intimidade, onde cada um era livre. Não estávamos comprometidos nem com partidos políticos, nem com Estados, nem com nacionalizações, nem com o casal que formávamos... Éramos um projeto, trabalhávamos juntos. Quando decidíamos o que íamos fazer, não o fazíamos em função de Saramago, mas do projeto e da agenda, do livro que se estava a escrever ou a traduzir. Trabalhávamos para um projeto no qual participavam outras pessoas, a que chamávamos ‘saramaguitos’.

Como foi traduzir Saramago?
Foi uma ousadia própria da juventude. Eu lia os originais das traduções que mandavam a Saramago e muitas vezes não estava de acordo. Mas ele tinha um tradutor muito bom, que era professor catedrático da Universidade de Barcelona, e quem era eu para opinar... O tradutor veio à apresentação espanhola de “Ensaio sobre a Cegueira”, de óculos escuros e de bengala: “Venho à apresentação deste livro consciente de que será o último que traduzirei, porque estou a ficar cego.” Não ficou cego, exagerou um pouco. Mas eu já lhe tinha dito que a partir dali traduziria eu! Fi-lo porque era ousada, senão nunca teria traduzido Saramago.

Que relação tem com a família do seu marido?
A neta trabalha aqui na fundação e a filha, que vive no Funchal, também faz parte da organização. Mas como está longe relacionamo-nos menos. É uma relação sem problemas, cordial.

Já disse que não gosta de bandeiras. Porque é que escolheu ter a nacionalidade portuguesa?
Para pagar impostos em Portugal. Não vou pagar por José Saramago fora de Portugal. E a verdade é que o Governo se portou muito bem, pois fiz um pedido normal e responderam-me logo. Ao cabo de dois meses já tinha a nacionalidade e já podia apresentar a declaração de impostos aqui. Pago muito mais aqui do que pagaria em Lanzarote, mas agora tenho legitimidade para criticar o Governo e o Estado ao qual pago os meus impostos. Fico colérica de cada vez que gastam mal o dinheiro.

Como é que essa formalização da relação com Portugal se conjuga com o ideal de uma Ibéria sem fronteiras?
Sabe, no outro dia deram-me o Prémio Luso-Espanhol de Cultura, por eu servir de ponte de comunicação entre Espanha, Portugal e América Latina, segundo o júri. Fiquei muito feliz. Como na “Jangada de Pedra”, creio que é para lá que caminhamos, para a América Latina. E servir de agente de comunicação entre culturas parece-me muito importante. Sugeri que mo entregassem em finais de maio, na Feira do Livro de Madrid, cujo país-tema será Portugal. Não sou mulher de salões nobres.

"Uma festa para Saramago" no "Público" - notícia recuperada de 26/02/2000 (por Carlos Câmara Leme)

A crónica do "Público" pode ser consultada e recuperada, aqui
em https://www.publico.pt/2000/02/26/jornal/uma-festa-para-saramago-140578

"Uma festa para Saramago" de Carlos Câmara Leme (26/02/2000)

Capa da edição - Colóquio Letras #151/152 - "José Saramago: O Ano de 1998"


"Pela primeira vez, um número da "Colóquio/Letras" é dedicado a um autor vivo. O volume sobre José Saramago é uma festa para os olhos e para o espírito.

1. Agosto de 1996. Quando soube que a Universidade de Massachusetts, Amherst, EUA, iria realizar o I Colóquio Internacional sobre a sua obra, José Saramago causticamente afirmou: "É, de facto, uma ironia que vem confirmar mais uma vez algo que já é muito antigo, ou seja que o nosso mundo universitário na nossa querida terra não presta muita atenção aos escritores vivos."Ao fim de dois dias de colóquio, e dois anos antes da atribuição do Nobel, depois de ouvir duas dezenas de comunicações na sua maior parte oriundas de universitários portugueses, o escritor emendou a mão e confessou: "Um bombardeamento destes nunca me tinha acontecido. Afinal, ando a fazer muito mais coisas do que aquelas que julgava andar a fazer." (ver PÚBLICO de 22/9/1998.) 

2. Fevereiro de 2000. A revista "Colóquio/Letras", com coordenação científica de Maria Alzira de Seixo, lançava um número duplo, um volumoso tijolo de 500 páginas que, sob o título "José Saramago: o Ano de 1998", é o primeiro tomo da publicação editada pela Fundação Calouste Gulbenkian dedicado a um escritor português vivo. Se é certo que, após a atribuição do Nobel da Literatura o interesse em torno da sua obra cresceu, a primeira constatação digna de registo é clara: o mundo universitário português, afinal, não só presta atenção aos seus escritores vivos como, no caso em apreço, a bagagem ensaística saramaguiana está de boa saúde e recomenda-se. Saramago não tem razões para se queixar. Justiça seja feita: no dia do lançamento (ver PÚBLICO de 18/2/2000), o romancista não se fez rogado e, à imagem das palavras que pronunciou em Estocolmo, reconheceu que não tinha nascido para ter direito a este número da "Colóquio/Letras". Não é verdade. Tem - como outros romancistas vivos (de Agustina Bessa-Luís a António Lobo Antunes) ou que desapareceram recentemente (José Cardoso Pires é, de todos, o caso mais gritante!!!). Mas isso é outra história...

3. Fevereiro de 1997. Durante a longa conserva que manteve com Carlos Reis em Lanzarote ("Diálogos com José Saramago", ed. Caminho), o entrevistado a certa altura afirma: "Leituras que tivessem levado directamente àquilo a que estamos a chamar 'o meu estilo', não há. E sobretudo se tivermos em conta as condições em que ele nasceu, ele é tudo menos premeditado. Agora, o que está claríssimo é que ele não pode nascer do nada, embora seja curioso que, mesmo em textos antigos (...) se é certo que o estilo não é tão claramente aquilo que veio a ser depois, em todo o caso já se anuncia aí uma certa vibração, uma espécie de necessidade de não ocupar só o espaço em que está, de se abrir e de abranger o que está ao lado." E remata: "Só que graficamente isso não é imediatamente visível."Pois bem, agora já o é. Este dado é, sem dúvida, a primeira grande qualidade deste número da "Colóquio/Letras". A partir de agora há um marco incontornável - do teatro à poesia, desta à crónica, do romance ao conto ou ao diário - para se estudar e aprofundar a obra de Saramago. Cada núcleo destes dava para uma recensão crítica... 

4. Tendo-se estreado em 1947 com "Terra do Pecado", é pela via da poesia que o nome e a obra de Saramago começam por se afirmar, primeiro com "Poemas Possíveis" (1966), depois com "Provavelmente Alegria" (1970), o primeiro porto de reflexão da revista. Reflexão que revela que, mais tarde, quando Saramago apostou definitivamente no romance, a veia poética foi absolutamente decisiva (ao contrário do que o próprio escritor várias vezes desvalorizou). Num e noutro livro, nota Maria de Lourdes Cidraes, "o poder das palavras e a dificuldade em conhecer o seu peso exacto, o rigor de uma temporalidade inelutável e o breve fulgor do instante, a urgência do amor, a pouquidade do existir e o sem sentido da vida" são obsessões que perpassarão e enformarão a obra posterior de Saramago. O que também acontece com as técnicas literárias da crónica, onde Isabel Moutinho encontra - num dos textos mais interessantes do volume - pistas para uma das questões centrais que paira ao longo dos múltiplos ensaios do volume: a pós-modernidade, ou não, da escrita do autor de "O Ano da Morte de Ricardo Reis". Se é um dado adquirido que romances como "Ensaio sobre a Cegueira" ou "Todos os Nomes" são, em sentido literal, romances pós-modernos (cf. os artigos de Douwe Fokkema, Wladimir Krysinski, Jean Bessière ou Isabel Pires de Lima), os denominados históricos - a começar por "Levantado do Chão" até "O Evangelho Segundo Jesus Cristo" - prenunciam, se é que já não são, obras de pendor pós-moderno. Os textos mais significativos, e incontornáveis a este respeito, são de dois especialistas saramaguianos: Horácio Costa e Teresa Cristina Cerdeira da Silva (ambos de leitura obrigatória).Peça igualmente importante para esta questão é a separata do caderno que esteve na origem de "A Jangada de Pedra", magnificamente iluminada por Alzira Seixo: porque se por um lado dá a conhecer o laborioso e difícil trabalho da oficina do escritor, por outro, revela a consciência que o romancista tem das dominantes paródica e desconstrutiva da História que a atravessam, as quais, como é sabido, constituem elementos cruciais da mundivência pós-moderna.

5. No lançamento da revista, a coordenadora classificou-o "como uma festa da literatura". Aos contributos ensaísticos propriamente ditos - a que faltam talvez nomes como os de Eduardo Lourenço, Vítor Aguiar e Silva ou Óscar Lopes... - esta "Colóquio/Letras" é uma festa para os olhos. As ilustrações especialmente encomendadas a Bartolomeu Cid dos Santos são belíssimas, assim como as fotografias de Lisboa, de Mariano Piçarra. Os documentos, alguns deles inéditos, como é o conto "Natal", o texto que (quem saberia?) Saramago escreveu para o jornal do Sport Lisboa e Benfica (!) e, o divertíssimo conta-corrente de imagens e "flashes" de Pilar del Río, à volta dos dias estonteantes aquando da entrega do Nobel da Literatura, fazem desta "Colóquio/Letras" um marco histórico na vida literária portuguesa.Para ler. Para pensar. Para ver. E, certamente, para mais tarde recordar..."