José Saramago.
Uma visão apaixonada, sobre o homem que da Estátua descobriu a Pedra.
Perguntam-me não raras vezes:
- "Qual o livro de José Saramago que mais gostaste de ler?"
A resposta que pode ser dada a cada momento:
- "Impossível de dizer... não sei responder, não seria justo para com outros (livros) não nomeados. Mas uma coisa sempre soube. Uma obra de Saramago, enquanto "pseudo ser vivo" ou com "gente dentro" tem que me raptar, prender-me, não me deixar sair de dentro das suas páginas. Fazer de mim um refém, e só me libertar no final da leitura... mesmo ao chegar à última página. Aí, o "Eu" leitor que se mantém refém, liberta-se da "gente que a obra transporta dentro" e segue o seu caminho.
Mas segue um caminho que se faz caminhando, conjuntamente com mais uma família"
Há quem fotografe rostos procurando nos seus traços o caminho para um espírito que se crê habitar por detrás deles; há quem se contente em captar a superfície plana e óbvia de uma beleza ou de uma fealdade inexplicáveis em si mesmas; há quem aceite deixar-se surpreender pela fotografia que fez, tal como espera que venha a surpreender-se o observador dela. Além de uma imagem, que será então o rosto para o fotógrafo? Um discurso, uma voz, uma pluralidade de discursos e de vozes? Expressivos até à fronteira do inefável, os rostos são o que mais facilmente mostramos e o que mais frequentemente ocultamos. Os rostos só são verdadeiramente autênticos quando desprevenidos: o medo, a cólera, um impulso que não pôde vigiar-se, exprimem a verdade total de um rosto. Em situações não extremas, o rosto é quase sempre, e só, um certo rosto referido a uma certa situação. E por isso que ele é capaz de revestir-se tão facilmente de expressões úteis, simulando um sentimento que não experimenta, uma emoção quando o pulso se mantém firme e o coração sossegado, um interesse quando está indiferente. Ou o contrário.
Sendo, sem dúvida, instrumentos da vontade, da necessidade ou do desejo, as mãos são, não obstante, incomparavelmente mais livres que o rosto. Compomos a expressão da cara, não guiamos a expressão das mãos, e, se em alguma ocasião o tentamos, não tarda que recuperem o seu autónomo modo de ser, contradizendo muitas vezes, sem que nos dêmos conta, o que o rosto, artificiosamente, quer fazer acreditar. Dizem os antropólogos que a elas, em grande parte, devemos o cérebro que temos. Não custa nada a crer que assim seja, tão fácil é saber o que um cérebro é, só por olhar o que fazem as mãos."
Con su nueva novela, 'La caverna', el Nobel portugués culmina su "trilogía involuntaria"
El Nobel de Literatura José Saramago iniciará mañana una gira por tierras lusas para presentar su novela La caverna, que salió a la venta en Portugal el pasado día 16, fecha en que el escritor comunista cumplió 78 años. Basado en el mito de la caverna de Platón, Saramago concluye así su "trilogía involuntaria", tras el Ensayo sobre la ceguera y Todos los nombres (Alfaguara). El Nobel viajará después a Angola, Mozambique y Brasil, hasta que el 31 de diciembre el libro pueda ser adquirido en España. Su "agotadora" presentación tiene como objetivo no sólo vender libros: "El editor y el autor quieren el contacto directo con los lectores. Queremos transmitir lo que pienso. Pensamos que tiene una utilidad cívica, y yo acepto esa responsabilidad".
(Capa de apresentação do dossier sobre José Saramago
elaborado pelo "El País")
A sus 78 años, José Saramago no ha abdicado de sus más profundas convicciones. Su nueva novela, La caverna (editorial Caminho en portugués y Alfaguara en español), es un grito de rebeldía contra un mundo que considera cada día más injusto. El Nobel portugués, afincado en Lanzarote, afirma que estamos ante el fin de una civilización. "Todos los días desaparecen especies animales, vegetales, idiomas, oficios... Los ricos son cada día más ricos, y los pobres más pobres. Cada día hay una minoría que sabe más y una mayoría que sabe menos. La ignorancia se está expandiendo de forma aterradora. Tenemos un grave problema en la redistribución de la riqueza. La explotación ha alcanzado una exquisitez diabólica. Las multinacionales dominarán el mundo". Ante la indiferencia y la apatía sobre el futuro, Saramago reclama la conciencia crítica, la capacidad de indignación y el inconformismo.
Pregunta. ¿Sólo vemos las sombras de la realidad?
Respuesta. No sé si las sombras o las imágenes nos ocultan la realidad. Eso se puede debatir infinitamente, pero estamos perdiendo la capacidad crítica de lo que pasa en el mundo. De ahí surge el que parezca que estamos encerrados en la caverna de Platón. Nosotros no confundimos una cosa con la otra, pero estamos abandonando nuestra responsabilidad de pensar, de actuar. Nos hemos convertido en seres inertes sin capacidad de indignación, del inconformismo y la protesta que nos caracterizó durante muchos años.
P. No confundimos, pero estamos mediatizados por las imágenes, por la publicidad.
R. ¡Un bombardeo! Hemos llegado al punto de inventar un concepto que no tiene ningún sentido: la realidad virtual. Es un disparate. Lo real no es virtual y lo virtual no es real. Esa realidad virtual se está imponiendo de tal forma que los niños se implantan esas gafas en la cabeza y se mantendrán atados a esa realidad sin darse cuenta de lo que está pasando realmente. ¡Es más! Ya hay mucha gente que sin esas gafas está viviendo en otro mundo como si el mundo real no existiera.
P. Han pasado más de 2.000 años desde Platón. ¿Es un fracaso de esta civilización?
R. No lo sé. La humanidad fue siempre un caleidoscopio de culturas, de diversidad, que, desgraciadamente, se va estrechando cada día. Ya no se encuentra nada nuevo. Creo que esta civilización ha terminado y vamos a entrar en una mentalidad muy distinta. No sé si mejor o peor. La que teníamos tampoco era muy buena. Hemos llegado al final de una civilización y la que viene no me gusta. Pero los que tendrían que pronunciarse, sobre todo, son los jóvenes.
P. ¿Estamos dominados por el poder económico?
R. Completamente. El poder económico ha suplantado al poder político, a la cultura. Norman Mailer ha declarado que Clinton será el último presidente de los Estados Unidos porque, a partir de ahora, las corporaciones, es decir, las multinacionales, no necesitarán intermediarios políticos y dominarán el mundo. Ellas inventarán los políticos y los sistemas que les convienen. La política será una herramienta más del sistema, del mercado. El neoliberalismo, a mi juicio, es un nuevo totalitarismo, disfrazado de democracia y manteniendo las apariencias.
P. ¿Cómo? En el sentido de convertir al individuo en una pieza más de su maquinaria.
R. Y lo controla hasta puntos inimaginables. Las profecías de Orwell se han cumplido. La privacidad se acabó. El espionaje se ha instalado en la vida social con tanta dulzura que nadie se da cuenta. Las comunicaciones están controladas... Y más. Llamas a un teléfono para pedir una información y sale una música, luego una máquina. No has recibido aún nada, pero te están cobrando la llamada desde el primer segundo. Y nadie protesta. Vivimos en un mundo donde la explotación ha alcanzado fórmulas de una exquisitez mefistofélica, diabólica.
P. Se estrecha la cultura y se ensanchan las desigualdades.
R. No sólo las desigualdades entre ricos y pobres, sino entre los que saben mucho y los que saben poco, y cada vez saben menos. La ignorancia se está expandiendo en el mundo de una forma aterradora. Hay una minoría que lo sabe todo y lo controla todo y una mayoría que sabe poco y cada vez sabe peor lo que cree saber. La educación, desde la escuela hasta la Universidad, es un desastre, es una fábrica de producir ignorantes. En el fondo es un problema de redistribución de la riqueza.
P. ¿La caverna es un grito de rebeldía?
R. Y la constatación de una evidencia. El centro comercial es un símbolo de ese nuevo mundo del que hablo. Pero hay otro pequeño mundo que desaparece. El de las pequeñas industrias o el artesanado. Todos los días desaparecen especies animales, vegetales, idiomas, profesiones, oficios. Está claro que todo muere, pero hay gente que tiene derecho a vivir, a construir su propia felicidad, y son eliminados. Pierden la batalla por la supervivencia, pero ellos mismos ya no soportan vivir bajo las reglas del sistema. Se marchan como vencidos, pero con dignidad, diciendo que no quieren ese mundo.
P. Es una visión fatalista. ¿No hay una puerta a la esperanza?
R. No creo. La puerta que se abre y nunca estuvo cerrada es la relación de afecto y ternura entre los personajes. Son una piña de humanidad. En ese sentido, sí. De todas formas, no me gusta mucho eso de la esperanza. Me parece que es algo que siempre estamos posponiendo. Debemos ser conscientes de lo que pasa e intervenir. Quieren que no hagamos preguntas y que no discutamos bajo la amenaza del despido, de perder a tu familia. Ése es el nuevo totalitarismo. Y me impresiona la indiferencia de la gente.
P. ¿Una insurrección ética, civil?
R. Es fácil decirlo, pero no sé cómo se hace. Acabo por entender que la gente no se mueva. No es el miedo antiguo a la policía, a la tortura o a la cárcel, que todavía existe en muchos lugares, sino el miedo a la inseguridad, al desempleo. Y ese miedo ¡paraliza! Hay formas de miedo que te rebelan, pero éste paraliza.
“Uma casa feita de livros”: assim definiu José Saramago a vivenda em que passou a maior parte dos seus últimos 18 anos. Construída de raiz para as necessidades de duas famílias, a Saramago-Del Río por um lado, por outro a Pérez-Fígares-Del Río, cúmplices no projecto arquitectónico e na vida. Assim, cruzado o portão de entrada, um pequeno pátio dá acesso às duas vivendas e às zonas comuns. Defronte está a porta da casa de José Saramago."
As mãos levantam a câmara fotográfica à altura dos olhos e o mundo desaparece. Rápido ou lento, segundo o grau de urgência ou de provocação da imagem que vai ser captada, o movimento das mãos respondeu a um estímulo visual. Agora, por trás do visor, o olho fará reaparecer, não o mundo, mas um fragmento dele, o pouco que pode caber num rectângulo cujos lados, como lâminas insensíveis, talham e cerceiam o corpo da realidade. Naquele derradeiro e ínfimo instante que precede o disparo da objectiva, e como se ao longo das linhas que imperativamente limitam o visor existisse uma rede de microscópicas condutas, o mundo exterior ainda procurará penetrar no espaço que lhe foi retirado, para nele deixar um sinal da sua obliterada dimensão. Fragmento de um todo ou da sua aparência, cada fotografia, por sua vez, é fragmento de fragmentos, e, por um movimento de aproximação e expansão em todas as direcções, ao mesmo tempo que pelo movimento contrário de conversão ao ponto de resolução que finalmente é, torna-se, na imagem única que apresenta, leitura múltipla do mundo. Mas isso só mais tarde nos será mostrado, quando a imagem apreendida tiver passado, revelada, ao papel. Então saberemos verdadeiramente o que havíamos visto quando e onde apenas julgávamos não ter feito mais do que olhar.
Espalhamos as fotografias diante de nós, dispomo-las por temas, assuntos, afinidades, queremos que umas façam perguntas e outras respondam, desejaríamos que contassem uma história, mesmo que breve, mesmo que não viéssemos a conhecer-lhe o fim. Mas parece ser do natural das imagens, ainda quando colhidas de um mesmo objecto e num período mínimo de tempo, resistirem a perder a sua identidade: cada uma delas quererá ser, por supostas e exclusivas virtudes suas, o alfa e o ómega, não só da compreensão de si mesma mas também de todas as decifrações possíveis do espaço invisível que a rodeia, dessa ausência representada pela brancura das margens. O que a fotografia não pode mostrar é precisamente o que emprestaria sentido de realidade ao que estiver mostrando. Por isso talvez seja correcto afirmar que o olho que vê a fotografia, justamente por ser fotografia o que vê, não é o mesmo, ainda que o mesmo seja, que olhou e viu uma parte do mundo para fotografá-la."
Não é verdade. A viagem não acaba nunca. Só os viajantes acabam. E mesmo estes podem prolongar-se em memória, em lembrança, em narrativa. Quando o viajante se sentou na areia da praia e disse: «Não há mais que ver», sabia que não era assim. O fim duma viagem é apenas o começo doutra. É preciso ver o que não foi visto, ver outra vez o que se viu já, ver na Primavera o que se vira no Verão, ver de dia o que se viu de noite, com sol onde primeiramente a chuva caía, ver a seara verde, o fruto maduro, a pedra que mudou de lugar, a sombra que aqui não estava. É preciso voltar aos passos que foram dados, para os repetir, e para traçar caminhos novos ao lado deles. É preciso recomeçar a viagem. Sempre. O viajante volta já."
(Caminho, 11.ª edição, página 387)
Texto dedicado ao grupo da “Comunidade de Leitores Ler Saramago”
O “Leitor” volta sempre.
O “Leitor” tem de voltar sempre. A leitura nunca pode acabar. Os leitores sim, esses acabam, e mesmo assim serão recordados por outros aquém dedicaram as suas leituras.
Quando o “Leitor” se sentou na sua poltrona, e disse em murmúrio de lábios semicerrados: «Que deverei ler mais se já li tudo!?», bem sabia que não era assim. O fim de uma leitura é somente o início de outra.
Poderemos já ter lido uma montanha de livros, mas será sempre uma ínfima parte de um todo incalculável. É preciso ler o que já foi lido, ler uma e outra vez. Ler agora o que se leu ontem, ler de dia o que se leu de noite, ler em casa e depois na rua, na praia ou no campo, debaixo de uma árvore ou num banco de jardim. Ler num lado e mudar para outro.
É preciso ler e voltar aos parágrafos lidos à pressa e que mal entendemos, ver as anotações e procurar as palavras estranhas, ou digamos, mais complicadas.
É preciso voltar aos livros já lidos há muito tempo, repeti-los e cumprimentar de novo as suas personagens. Sim, cumprimentar, eles são gente dentro de livros como dizia José Saramago.
É preciso recomeçar a leitura. Sempre. O “Leitor” volta sempre.
Lido por Ódin Santos
Este texto é baseado no último parágrafo do livro “Viagem a Portugal” (página 387), onde José Saramago escreveu “O Viajante volta já” (06/02/2016)
"Este sábado à noite, há teatro para ver no Cine-Teatro Garrett Póvoa de Varzim e logo uma peça baseada numa obra José Saramago, mais propriamente o texto “A maior flor do Mundo”. Em bom rigor, o trabalho da Companhia Teatro Art’Imagem inclui outros escritos do prémio Nobel que permitem, refere a promoção do espetáculo, conhecer a humanidade que o escritor deixou como legado para a “procura de um mundo diferente, melhor”. A peça tem a encenação de José Leitão, a interpretação de Daniela Pêgo e Flávio Hamilton e o valor das entradas oscila entre os três euros e meio e os sete euros. O pano sobe às 10 da noite."
Reposição da notícia sobre a encenação da peça de teatro, baseada na obra "Memorial do Convento", no Complexo Feliz Lusitânia, em Belém do Pará, no Brasil, de onde se destaca a logística e meios humanos destacados para a produção que envolveu mais de 50 de actores, músicos e figurantes e teve como palcos a Igreja de Santo Alexandre e o Museu de Arte Sacra.
Toda a informação pode ser consultada e lida aqui,
Vera Barbosa - A brilhante actriz e artista de várias
artes que tem dado voz e musicalidade à obra de Saramago
Aqui fica o testemunho da notícia
“É, portanto, a vontade dos homens que segura as estrelas, é a vontade dos homens que Deus respira.” E foi a vontade que deu vida ao espetáculo Memorial do Convento, de José Saramago, em Belém, uma realização da Universidade Federal do Pará, por meio da Editora da UFPA (ed.ufpa), do Instituto de Ciências da Arte (ICA), da Escola de Teatro e Dança e da Escola de Música da UFPA (ETDUFPA), em parceria com a Fundação José Saramago. O evento integrou a programação de lançamento dos livros Da Estátua à Pedra e Discursos de Estocolmo e Democracia e Universidade, uma coedição ed.ufpa/Fundação José Saramago. As duas apresentações ocorreram nos dias 3 e 4 de outubro, no Complexo Feliz Lusitânia, centro histórico de Belém, localizado no bairro Cidade Velha, na capital paraense.
O escritor português, Prêmio Nobel de Literatura em 1998, escreveu, há quase trinta anos, o romance homônimo sobre a história da construção do Convento de Mafra, em Portugal. O público paraense pôde conhecer essa trama, com um elenco de cinquenta pessoas, que deram vida à obra de Saramago, incluindo os atores portugueses Cláudia Farias (Blimunda), Sérgio de Moura (Baltasar) e João Brás (Padre Bartolomeu), do grupo Éter.
Era uma vez - A apresentação em Belém tomou como referência a montagem dirigida pela atriz Vera Barbosa, em Lisboa, na própria Fundação José Saramago, em novembro de 2012. Vera foi também a responsável pela concepção e direção do espetáculo em Belém e, da janela central da Igreja de Santo Alexandre, narrou a história à plateia paraense. Outras janelas da igreja e do Palácio Episcopal (antigo Colégio de Santo Alexandre) foram palco para o coro grego, operários da construção do convento e figurantes, personagens que complementaram a narração. O público, composto de diversas faixas etárias, pôde, enfim, ouvir o "Era uma vez..." de José Saramago.
Ambientada em uma Portugal absolutista sob a influência da Igreja Católica, a obra de Saramago conta a história pela perspectiva da personagem principal de sua trama, o povo. Esquecidos pelos grandes poderes, são os trabalhadores que sacrificarão suas vidas para cumprir a promessa de D.João V, para que a rainha, D. Maria Ana, lhe desse um herdeiro. A religiosidade e a sombra da Inquisição logo se fazem presentes na narrativa de Saramago, na procissão puxada pela imensa cruz de miriti, que saiu da Igreja da Sé e atravessou a Praça Frei Caetano Brandão, composta pelo povo, os inquisidores e, por último, os condenados, e acompanhada, ainda, pelo próprio público. É nesse momento que conhecemos Baltasar e Blimunda, que se apaixonam de imediato. Ele, um ex-soldado que deixou a mão esquerda nos campos de batalha. Ela, uma mulher com o dom de enxergar o interior das pessoas. Com a chegada do padre Bartolomeu de Gusmão, o trio une-se para construir a passarola e, assim, realizar o sonho de voar. Esse segredo é compartilhado apenas com o músico Domenico Scarlatti. Está armada a trama e selado o desfecho trágico de cada uma das personagens.
Intensidade do drama e das interpretações - Os atores da Escola de Teatro e Dança da UFPA foram os responsáveis por dar vozes às personagens de Memorial do Convento. A maquiagem ficou a cargo do professor Cláudio Dídima e equipe, também da ETDUFPA. A Orquestra de Violoncelistas da Amazônia acompanhou, musicalmente, o enredo, em sintonia com cada cena: “A intensidade do drama e das interpretações dos atores contagiou os músicos no palco e nos levou a tocar com uma força incomum”, declarou o professor Áureo DeFreitas, regente da Orquestra. A orquestra executou variações de temas de Domênico Scarlatti, Bach, Vivaldi e Gabriel Fauré, e também adaptações de músicas contemporâneas. Vera Barbosa cantou o “Vos Omnes” (canto da Verónica ou Padeirinha), da tradição popular portuguesa, acompanhada pelo som de cravo, executado por André Gaby, professor da Escola de Música da UFPA.
O intercâmbio foi não só de atores, mas também de culturas: o figurino, concebido por Ézia Neves, professora da Escola de Teatro e Dança da UFPA, repleto de detalhes de redes e desenhos marajoara; os elementos cênicos construídos de miriti, executados pelo professor Bruce Macedo, também da Escola de Teatro e Dança da UFPA. A produção ficou a cargo da Editora da UFPA, que contou com a participação de sessenta pessoas, entre servidores e estudantes da UFPA.
Dedicação - O reitor da UFPA, Carlos Maneschy, prestigiou a estreia do espetáculo e falou da satisfação com o resultado. “Foi muito gratificante ver que diversas unidades da UFPA trabalharam de forma integrada e, com dedicação, nos propiciaram um espetáculo tão rico e à altura do texto de Saramago.”
A última apresentação – A segunda noite de exibição do espetáculo trouxe uma surpresa no encerramento: a passarola "voou" em frente à Igreja de Santo Alexandre. Para aqueles que estavam mais atrás, a impressão era de que ela flutuava. Foi assim que a plateia assistiu ao padre Bartolomeu fugir da fogueira da Inquisição, enquanto Blimunda andava por toda Portugal à procura de Baltasar, encontrando apenas a sua vontade, que ainda não lhe tinha abandonado o corpo.
"Desprendeu-se a vontade de Baltasar Sete-Sóis, mas não subiu para as estrelas se à terra pertencia e a Blimunda". O elenco, então, entoou as últimas palavras do teatro musical: “A morte vem antes da vida. Morreu quem fomos, nasce quem somos. Por isso é que não morremos de vez.”
Ao final da apresentação, atores, músicos e equipes da produção subiram ao palco, embalados por All the lonely people, dos Beatles, executada pela Orquestra de Violoncelistas da Amazônia. Na ocasião, a diretora da Editora da UFPA, Simone Neno, agradeceu a todos em nome do reitor Carlos Maneschy e da presidenta da Fundação José Saramago, Pilar del Río, usando, ao final, um trecho da saudação que Pilar enviou de Lisboa para a Equipe do Memorial do Convento: “Assim, unidos, levaremos no coração o escritor que nos ofereceu sonhos e força para tentarmos ser, a cada dia, mais humanos e, portanto, mais sábios.”
O evento contou com o patrocínio da Secretaria de Estado de Turismo do Pará/Secretaria Especial de Desenvolvimento Econômico e Incentivo à Produção, da Sol Informática, da Clínica Lobo e do Restaurante Benjamin.
A montagem contou, também, com o apoio dos governos do Estado do Pará, por meio da Secretaria de Estado de Cultura /Secretaria Especial de Promoção Social e do Sistema Integrado de Museus e Memoriais; e do Município de Belém, por meio da Fundação Cultural do Município de Belém (Fumbel), que possibilitaram o uso do ambiente do Complexo Feliz Lusitânia.
Também apoiaram o evento a Pró-Reitoria de Pesquisa e Pós-Graduação/UFPA, a Pró-Reitoria de Relações Internacionais/UFPA, o Instituto de Letras e Comunicação/UFPA, a Academia Amazônia/UFPA, o Instituto de Patrimônio Histórico e Artístico Nacional/Ministério da Cultura/Governo Federal, o Grupo Éter Produção Cultural (Portugal), Ná Figueredo e o Vice-Consulado de Portugal em Belém.
Texto: Laís Nunes / Assessoria de Comunicação da Editora da UFPA
"Uma espetacular encenação de Memorial do Convento vai ocupar hoje e amanhã, a partir das 19h00, o Complexo Feliz Lusitânia, em Belém do Pará, no Brasil, numa produção que envolve mais de 50 de atores, músicos e figurantes e tem como palcos a Igreja de Santo Alexandre e o Museu de Arte Sacra.
O espetáculo, de acesso gratuito, ocupará toda a fachada da Igreja de Santo Alexandre, a calçada e algumas janelas do Palácio Episcopal (antigo Colégio de Santo Alexandre), onde está o Museu de Arte Sacra.
Três atores do grupo de teatro português Éter são protagonistas, nos papéis de Blimunda (Cláudia Faria), Baltasar (Sérgio de Moura) e Padre Bartolomeu de Gusmão (João Brás). Entre os artistas locais, contam-se alunos e professores da Escola de Teatro e Dança da Universidade Federal de Belém do Pará (UFPA) e músicos da Orquestra de Violoncelistas da Amazónia, dirigidos pelo professor Áureo de Freitas. Participam também cantores da Schola Gregoriana “Ad te levavi”, um projeto de extensão da Escola de Música da UFPA, com arranjo e direção do professor André Gaby.
Este teatro musical é concebido e dirigido por Vera Barbosa, que em novembro de 2012 encenou o Memorial do Convento na Casa dos Bicos. Esta é a primeira vez que este livro de José Saramago é encenado no Brasil.
A encenação de Belém do Pará incorpora elementos da cultura amazónica, quer nos figurinos de Ézia Neves, quer nos adereços cenográficos criados por Bruce Macedo, ambos professores da Escola de Teatro e Dança da UFPA. A obra literária portuguesa situada no séc. XVIII harmoniza-se assim com componentes cénicos da cultura paraense.
Esta é uma iniciativa da Universidade Federal do Pará, através da Editora da UFPA (ed.ufpa), do Instituto de Ciências da Arte (ICA), da Escola de Teatro e Dança e da Escola de Música da UFPA (ETDUFPA), em parceria com a Fundação José Saramago." - (03/10/2013)
(Edição Companhia das Letras)
Dedicatória de Pilar del Río, Presidenta da FJS
"Hoje, no Brasil,soisosprotagonistasabsolutosdanarrativadeJoséSaramago.Esta noiteBeléméMafraeLisboa,oslugaresondeapassarolavoa,Blimundarecolhevontades,ouve-seamúsicade Scarlatti,ostrabalhadoreslevantamumconventoe todosjuntospodemoscelebraraamizade apesardeostemposseremturvoseportodaaparteseensineepratiqueadesconfiança.Porém,hoje,emBelémdoPará,realiza-se o milagre da Literatura e o milagre expande-se com a força do
sobrenatural.
Passaram trinta anos desde que José Saramago escreveu Memorial do Convento,mas qualquer do que hoje ou amanhã tenham a sorte de ver o vosso trabalhopensarãoqueesteromancefoiescritoparavocês,paraserespetáculoconcebidoerepresentado por amigos do mais belo que existe no mundo: a generosidade, oamor desinteressado pela criação artística e pela bondade humana. Foi o quepercebi do encontro que mantivemos e o que refletem as fotos e os vídeos quechegamaPortugal.Tambémoqueosecostrazemdeumcontinenteaoutro.
Desde a Fundação José Saramago em Lisboa, enviamos, a todos e a cada um,abraçosetodooreconhecimento.Sabeisquesenãotemospenadenãoestaraí é porque nenhum sentimento melancólico pode cruzar a noite. De alguma formaacompanhamos-vos, veremos através dos mares como Blimunda olha para ointeriordaspessoas.Eseguiremospassoapassoaformidávelaventuraderealizaromemorial do convento deMafra – e também de Portugal – em Belém do Pará,Brasil.Assimunidos,levaremosnocoração oescritor quenos ofereceu sonhoseforçaparatentarmosser,acadadia,maishumanose,portanto,maissábios"
"Confira entrevista concedida à NOVA ESCOLA em 2003, na qual Saramago argumenta que a língua é uma ferramenta de comunicação e cabe à escola ensinar a usá-la"
"...ler em voz alta.
Não há maneira melhor de ganhar consciência
do que se lê e do que se poderá vir a escrever."
"José Saramago nasceu em 1922 em Azinhaga, aldeia próxima a Lisboa, Portugal, para onde se mudou com seus pais ainda pequeno. Por dificuldades econômicas, interrompeu os estudos ao concluir o liceu (equivalente ao Ensino Fundamental). Voltou a estudar mais tarde, em curso técnico. Foi serralheiro, mecânico, desenhista, funcionário público, editor e tradutor antes de consagrar-se como um dos mais destacados escritores contemporâneos. Em 1998 recebeu o Prêmio Nobel de Literatura. Em 2009, publicou seu último romance, Caim. Saramago faleceu no dia 18 de junho de 2010, aos 87 anos, em sua residência, nas Ilhas Canárias.
O Prêmio Nobel de Literatura José Saramago começou a ter contato com livros ao freqüentar o curso técnico de mecânica, estimulado pela disciplina de Literatura. Escreveu seu primeiro romance aos 25 anos, Terra do Pecado, e parou. Ficou duas décadas sem nada publicar. Em 1966 lançou coletâneas de poemas e ensaios escritos nas horas vagas. Sua carreira literária decolou mesmo quando ele estava com 57 anos, com Levantado do Chão. Dono de narrativa de estilo inconfundível, faz de seus romances verdadeiras reflexões sobre o ser humano, suas preocupações mais íntimas e aspectos da vida que o inquietam. Saramago esteve no Brasil em maio de 2003, lançando o romance, O Homem Duplicado, quando nos concedeu esta entrevista por e-mail, contando um pouco de seu processo de criação e de sua visão do papel do professor e da escola na formação do aluno leitor e escritor. "Cabe à escola ensinar o aluno a escrever corretamente", afirma o autor, para quem a língua é a mais eficiente ferramenta de comunicação e, como tal, "precisa estar sempre limpa e em condições de uso". As ideias de Saramago põem em questão o papel da escola no desenvolvimento da criatividade. Ele provoca os educadores ao afirmar que para navegar sem regras é preciso ser um bom condutor, e este não se faz sem aprendê-las. Saramago não espera - e portanto não cobra - da escola a subversão da língua, e sim seu domínio."
(Fotografia que acompanha a entrevista: Associated Press/AP)
Entrevista
"O estilo de sua escrita muitas vezes subverte a estrutura da língua portuguesa, atitude raramente valorizada pelos professores quando manifestada pelos alunos. O senhor acredita que há pouca flexibilidade na forma de lecionar o português?
José Saramago - A escola deveria ensinar a ouvir. Cabe a ela ensinar o aluno a escrever corretamente e também explicar por que as regras são assim, e não de outra maneira. Mas a escola não será o lugar onde se subverte e revoluciona a estrutura da língua. Essa tarefa pertence aos escritores, se estes consideram que têm motivos para o fazer.
A maneira como a língua é ensinada não influi no surgimento de novos estilos?
Saramago - Os estilos saem do ovo da sua própria necessidade. Ensine-se a pensar claro e a escritura será clara. E, já agora, gostaria que houvesse uma luta implacável contra o erro de ortografia. A língua é uma ferramenta de comunicação de todas a mais perfeita , e as ferramentas (pergunte-se a um operário) têm de estar limpas e em condições de trabalhar eficazmente.
É difícil criar uma nova maneira de redigir quando existe toda uma norma culta que impõe regras a quem usa a língua?
Saramago - Como eu disse, a escola não é o lugar em que se subverte a estrutura da língua porque ela não tem preparação própria suficiente para se arriscar nessa aventura. As regras são como os sinais de trânsito numa estrada. Estão ali para orientar e dar segurança ao condutor. Claro que é possível viajar por uma rodovia onde não haja sinais de trânsito, mas para isso é indispensável ser um bom condutor. Aí está a diferença.
Nas suas memórias de estudante, o que mais influenciou a sua carreira?
Saramago - Nada me influenciou verdadeiramente, nem ninguém. Salvo a seleta escolar (a coletânea de textos literários que havia à disposição dos alunos), que para mim fez as vezes da biblioteca que não existia na minha casa. Depois descobri o caminho das bibliotecas públicas, e foi aí, sem que eu pudesse sequer imaginá-lo, que o escritor começou a nascer.
No início de sua carreira, a crítica literária muitas vezes foi negativa ao analisar suas obras, mas isso não o impediu de continuar...
Saramago - Uma ou outra crítica reticente ou negativa que algum dia me tenha sido feita não mereceria que lhe pusessem ao pescoço um cartaz tão terrível. Salvo, evidentemente, se se trata de opiniões que não chegaram ao meu conhecimento. De qualquer modo, nem a crítica mais destrutiva me faria desviar do meu caminho.
O prazer que crianças e adolescentes sentem ao escrever corre o risco de ser minado por críticas negativas recebidas durante as aulas. Como seria a maneira mais adequada de analisar as redações dos alunos?
Saramago - Penso que a análise deveria ser não de julgamento, mas orientadora. O mais fácil de tudo é dizer "isto está bem" ou "isto está mal". Os problemas começam quando se quer explicar o porquê e se chega à conclusão de que afinal o que determinou o juízo, positivo ou negativo, foi simplesmente o gosto pessoal e intransmissível do mestre.
De que maneira um professor de Língua Portuguesa incentiva e ajuda seus alunos a compor boas redações?
Saramago - Pondo-os para ler em voz alta. Não há maneira melhor de ganhar consciência do que se lê, e, portanto, do que se poderá vir a escrever. O que os signos impressos mostram é o desenho da palavra "embalsamada". Só a leitura em voz alta a "ressuscita" completamente. Os docentes dirão que não há tempo para isso, mas depois não terão outro remédio que corrigir erros que poderiam ter sido evitados. Se é que verdadeiramente os corrigem. Porque corrigir não é traçar um risco vermelho debaixo da palavra. Corrigir é reconstruir a palavra na mente do aluno.
Como se dá o processo de criação de seus livros?
Saramago - É quase impossível lhe dar essa resposta. Pode-se recordar como nasceu a idéia de um romance, pode-se reconstituir mais ou menos o que no seu percurso foi consciente, mas, tal como sucede com os icebergs, o mais importante não se vê. O que sustenta o visível está por baixo. Sabe-se aonde se quer chegar, mas, exceto alguns pontos de passagem, não conhecemos o itinerário. Como escreveu Antonio Machado, o grande poeta espanhol, é o andar que faz o caminho.
O senhor não planeja a obra que está iniciando?
Saramago - No meu caso particular, o romance cresce como cresce uma árvore. Suponha que a árvore conhece a altura que terá, o aspecto geral da espécie a que pertence, mas sabe (imagino que sabe) que não será igual à sua vizinha. Os ramos podem nascer-lhe mais acima ou mais abaixo, apontar para um lado ou para outro. Se tem um plano de crescimento, é possível dizer que nesse plano há tanto de liberdade como de necessidade. Para mim, seria impensável estabelecer um plano rígido para o livro, com cada coisa no seu lugar e um lugar para cada coisa. As associações de idéias, processo mental que não controlamos, podem levar-nos por caminhos que não havíamos previsto. Também na escrita a liberdade vai de braço dado com a necessidade.
Depois de finalizar um romance, o senhor costuma modificar o que inicialmente escreveu, aumentar ou diminuir capítulos, inserir novos trechos?
Saramago - Volto à comparação com a árvore. Podemos conceber uma árvore capaz de corrigir-se a si mesma? Não ignoro que há autores que trabalham longamente sobre o texto, que desenvolvem, encurtam, intercalam. Não é o meu caso. Avanço devagar, com a preocupação de não deixar pontas soltas, e isso permite-me manter sempre "esticado" o fio narrativo. De todo o modo, não devemos esquecer que o texto é inseparável do momento em que é escrito. Há muito de aleatório no que se escreve.
O que significa escrever para o senhor?
Saramago - É ir descobrindo que tínhamos na cabeça mais coisas do que havíamos suposto antes.
Como o senhor escolhe os temas de seus romances?
Saramago - Não "escolho" os assuntos dos meus romances. São eles que se apresentam de súbito, e às vezes nas situações mais prosaicas. O autor é "escolhido" pelo assunto, não o contrário. Quando parar de redigir, isso significará que os temas deixaram de considerar-me capaz de lidar com eles. Quanto à circunstância de que eles sejam o que são e não outros, isso explicar-se-á, talvez, por determinados estímulos exteriores encontrarem eco na minha mente mais facilmente que outros.
Há temas que o escolhem, então, com mais frequência?
Saramago - Há que levar em conta a natureza pessoal do autor. Não tenho nada contra a alegria, mas sou e sempre fui melancólico. E tenho a veleidade de pensar que o ser humano cresce mais com a tristeza que com a alegria. Começando pelas crianças. Se uma criança está triste, melancólica, pensativa, deixemo-la em paz porque está a crescer."
"Não sei se diga. Não sei se diga que vim a Paris, não sei se diga que participei pela primeira vez na assembleia da Academia Universal das Culturas e que nela botei fala crítica, tão protestativa quanto dorida-mente patriótica. Se digo, que dirão? Que não devia dizer, que deveria ter dito outra coisa, tudo menos que fui a Paris e que me receberam na Academia, aquela. Portanto não digo que infelizmente Jorge Amado não estava, mas que estavam, entre outros de que não tinha notícia anterior, Elie Wiesel, Umberto Eco, Wole Soyinka, Paul Ricoeur, Jacques Le Goff, Ismail Kadaré, Jorge Semprun. Também não digo que conheci com gosto e proveito o libanês Amin Maalouf, o tunisino Mohamed Talbi, o israelita Joseph Ciechanover, uns tantos outros de aqui e de além, de que não farei men-ção para não alongar mais o que não digo. Limitar-me-ei a dizer umas quantas palavras daquelas que não disse:
«Quando se pede a um português uma definição breve do seu País, as explicações previsíveis, pondo de parte alguma diferença de pormenor, são, invariavelmente, duas: a primeira, ingénua, optimista, proclamará que jamais existiu, debaixo do Sol, outra terra tão notável e tão admirável gente; a segunda, pelo contrário, corrosiva e pessimista, nega essas sublimadas excelências e afirma que, últimos entre os últimos no continente europeu desde há quatro séculos, nessa situação ainda hoje nos comprazemos, mesmo quando protestamos dela querer sair.
«Procuram os optimistas encontrar em tudo razões para que os Portugueses possam vangloriar-se duma identidade, duma cultura, duma história alegadamente superiores, como se História, Cultura e Identidade, qualquer que seja o grau de comparabilidade recíproca admissível, não fossem radicalmente inseparáveis, em causa e efeito, da própria relação social, conflitiva ou harmoniosa, dos seres humanos no tempo.
«Já os pessimistas, propensos, em geral, a uma percepção relativizadora dos factos, afirmam que a História e a Cultura portuguesas, projectadas na época dos Descobrimentos em todas as direcções do globo, não foram, depois deles, e hoje, no limiar de integrações de todo o tipo que se anunciam arrasadoras, igualmente não parecem, essa História e essa Cultura, bastante sólidas para defender, preservar e intensificar a identidade de um povo que, com demasiada frequência, cai na simpleza de gabar-se de viver dentro das mais antigas fronteiras da Europa, como se o facto, inegável, se devesse exclusivamente a méritos próprios, e não, como a História ensina, aos acasos da geografia e à evidente insignificância estratégica da região.»
Também não disse:
«Ao longo de quatro séculos vivemos o que poderia denominar-se a expressão endémica duma subalternidade estrutural, atravessada por surtos agudos de intervenção estrangeira directa, como foi o caso do pró-consulado de William Beresford, o general inglês que foi para Portugal em 1809, com a missão de reorganizar o exército desmantelado em consequência da primeira invasão napoleónica, e que no país se manteve até 1820, exercendo um poder que foi, primeiro, rigoroso, depois abusivo, e finalmente ditatorial. Do mesmo nosso aliado britânico viria mais tarde, em 1890, a brutalidade e a humilhação do Ultimatum, sem dúvida um episódio menor no quadro mundial das disputas coloniais da época, mas que se configurou como ocasião para uma daquelas erupções de passionalidade patriótica com que, de longe em longe, procura equilibrar-se vitalmente a habitual passividade portuguesa. Chegou-se ao ponto de promover uma subscrição nacional para a compra de navios de guerra, a qual, sendo tão escassos os recursos do País, não deu para mais que a aquisição de um cruzador, construído em Itália, que entrou em Lisboa sete anos depois. Tinha razão Antero de Quental quando escreveu, no meio do mais indignado ardor das manifestações públicas, estas lúcidas e implacáveis palavras que deveriam ter-nos servido de lição para o futuro: "O nosso maior inimigo não é o inglês, somos nós mesmos...".»
Igualmente não disse:
«Acabados de sair duma longa e traumatizante guerra colonial, teria sido desejável que os Portugueses tivessem podido pensar sobre si mesmos, examinando o seu passado e o seu presente, para depois, pelos caminhos de uma consciência criticamente nova, acertarem o passo com a Modernidade, sendo, porém, primeira condição desse ajuste novo o apuramento e desenvolvimento de mais amplas capacidades de auto-regeneração, e não a simples adopção, voluntária ou forçada, de modelos alheios que, no final das contas, já demasiado o sabemos, muito melhor servem a alheios interesses.
«Porém, a História tinha pressa, a História não podia esperar que os Portugueses parassem para pensar em si mesmos, fazendo algo parecido com um exame do seu sentido histórico, num trabalho sério de reflexão colectiva que lhes permitisse identificar claramente as causas estruturais, mas também ideológicas e psicológicas, da sua tendência a aceitarem ser, como por uma espécie de determinismo congénito, um parceiro menor, e de certa maneira nisso se satisfazerem, talvez porque essa subordinação lhes permite, por um lado, exercitar a paixão da lamentação e do protesto contra as constantes incompreensões e injustiças dos poderosos, paixão essa acrescida de um fechar-se em si mesmos a que chamam orgulho nacional, e, por outro lado, persistir em interpretações messiânicas do destino português, actualizando-as e adaptando-as, melhor ou pior, às novas realidades exteriores. «Bastará recordar a Mensagem de Fernando Pessoa, agora retomada por novos visionários de todas as idades, porventura de uma maneira menos primariamente "patriótica", dificilmente adoptável por aqueles outros, os pragmáticos, que se preocupam, sobretudo, com decorar e repetir, como se seu fosse, o discurso europeu oficial, abandonando, por antiquados, os sonhos pessoanos de um império espiritual português, excepto nos casos em que tal discurso se mostre ainda ideologicamonte vantajoso para uso interno, ainda assim muito mais com o objectivo de ornamentar com citações literárias a banalidade da nova retórica política do que por convicta adesão a esses retardados messianismos.»
O que vem a seguir também não foi dito:
«Interessante, porém, será observar como uns e outros, os visionários e os pragmáticos, coincidem numa visão finalmente providencialista: enquanto os primeiros teimam em colocar num tempo sucessivamente adiado a Hora em que Portugal se achará a si mesmo, os outros, prosseguindo um percurso mental semelhante, colocam as suas esperanças nas benesses materiais da União Europeia, graças ao que, com mínimo esforço próprio e como por um efeito mecânico de «arrastamento», consequência do processo integrador geral, todos os problemas portugueses se acharão resolvidos, com as evidentes vantagens do dinheiro fácil, do curto prazo, das datas à vista, em lugar da infinita espera de um infinito futuro.
«Tudo considerado, creio poder dizer-se, quanto aos primeiros, que lhes é bastante indiferente o que Portugal venha a ser, desde que seja (mesmo apresentando-se tão pouco nítido o ser que é possível deduzir das suas nebulosas especulações); quanto aos segundos, tão-pouco essa questão lhes parece importante, porque, não tendo uma ideia precisa do que Portugal poderia ser, estão decididos a transformá-lo noutra coisa o mais depressa possível, e, sendo tão faltos de imaginação criadora, não serão capazes de fazer melhor que pagar, por qualquer preço, o modelo europeu prêt-à-porter, onde o corpo português terá de entrar, com jeito ou à força, consoante as exigências de cada momento, reduzindo-o no que sobrar ou esticando-o até à completa ruptura social e cultural.»
E finalmente não disse:
«Portugal não foi capaz, até hoje, nem parece preparado para o fazer, de definir e executar um projecto nacional próprio, obviamente enquadrável, sendo as coisas o que são, na União Europeia, mas não exclusivamente tributário dela, porquanto uma definitiva dependência económica (ressalvando o que na palavra definitivo há de demasiado categórico) não deixará de acarretar uma dependência política e cultural não menos definitiva. O que, no decorrer dos tempos, foi começado por incipientes interesses dinásticos, depois continuado por razões imperiosas de estratégia militar, será inevitavelmente consolidado pela lógica de ferro dos condicionamentos políticos e culturais que resultarão duma organização planificada, não só da produção e da distribuição, mas também do consumo...
«Não parecem estas evidências perturbar excessivamente os governantes europeus. Menos ainda, talvez, os governantes portugueses, se tenho em conta a resposta dada por um deles - hoje festejado comissário da União Europeia - ao serem-lhe apontados os perigos duma diminuição da soberania nacional por efeito da aplicação do Tratado de Maastricht: "Ainda no século passado, um governo português não chegou a tomar posse por a isso se ter oposto o almirante duma esquadra inglesa fundeada no Tejo..." E sorriu ao dizê-lo, provavelmente porque, a partir de agora, as ordens, ferindo ou não a legitimidade dos governos e a dignidade dos povos, vão passar a ser dadas por um civil - e de Bruxelas.»
Realmente, não sei se diga. É que teria de dizer que vim a Paris, que vim à assembleia da Academia Universal das Culturas, e isso já se sabe que não pode ser dito. Não faltaria mais."
in, "Cadernos de Lanzarote - Diário II"
Caminho, páginas 254 a 259 (20/12/1994)
Integrou desde 1994 a Academia Universal das Culturas, com sede em Paris. França.
Este ensayo reúne la aportación sexológica de José Saramago a través de, sobre todo, sus novelas. En sus libros podemos encontrar infinidad de ejemplos, de situaciones, de citas, de aforismos, que nos hablan del hecho sexual humano de una manera tan cálida, tan verdaderamente humana y con tanta lucidez que merecía reunirlas en un solo texto.
Y ese ha sido el propósito de estas líneas. Descubrir la obra de Saramago desde otro punto de vista, del lado de la sexualidad, del erotismo, del amor y de las relaciones sexuales entre los hombres y las mujeres.
En cada capítulo centro las miradas en un hecho concreto, desde la manera tan propia que tienen sus personajes de seducir y ser seducidos hasta la manera de amar y ser amados. Del beso como entidad propia y fusionadora. De la visión que tienen del amor y del enamoramiento y el papel que juegan en este juego amoroso hombres y mujeres. De cómo viven el deseo, de cómo se materializa en un cuerpo concreto, de la importancia de la belleza y del ars amandi o el arte del acto sexual y sus peculiaridades. De cómo trata el fenómeno de la prostitución a través de los siglos y de la crítica feroz que hace a las agresiones hacia las mujeres. También me detengo en las rupturas, en las infidelidades y en la falta de amor.
En definitiva un compendio de las habilidades del autor por acometer algo tan importante como reflejar, interpretar y posicionarse ante algo tan humano como el cuerpo sexuado. Cuerpo sexuado que se materializa en María de magdala y Jesus, en el pintor de cuadros, Adelina, Olga, la familia Maltiempo, Bilmunda y Baltasar, Marta y Marcial, Cipriano e Isaura, Tertuliano Máximo Afonso, Don José, la mujer del médico y tantos otros que llenan los párrafos de todas sus obras de una manera exquisita, de una manera vitalista que nos hace creer en sus personajes porque en todos ellos y ellas encontramos una parte, pequeña o grande, de nuestra propia biografía sexual.
La estructura de cada capítulo se resuelve reflejando con grandes entrecomillados cada situación que merece la pena comentar, a modo de ejemplo, siguiendo todas y cada una de las novelas que escribió el autor. Se mantiene la estructura gramatical del autor en los diálogos y en su peculiar manera de escritura. En ocasiones, el mero ejemplo, sin interpretar, sirve para contextualizar, desde un ejercicio sexológico, las ideas y posicionamientos ante un hecho concreto. Porque partimos de la idea que, en gran parte de sus novelas, José Saramago, mantiene unos mismos esquemas, propios y originales, de entender el hecho sexual humano.
"Aprende, aprende o meu corpo. Sobre o amor na obra de José Saramago é o título do próximo livro com chancela da Fundação José Saramago, que estará disponível na livraria da FJS a partir da segunda quinzena de fevereiro, antes de chegar às livrarias portuguesas.
Para além do ensaio de autoria de Óscar Aranda, com tradução de António Costa Santos, esta edição conta com um prefácio de Helder Macedo e um posfácio de Teresa Cristina Cerdeira.
Sobre o autor: Óscar Aranda nasceu em maio de 1974 em Ermua (Biscaia) e trabalha como sexólogo e técnico para a igualdade em diferentes localidades do País Basco.
Da sua profissão e da admiração pela obra de Saramago nasce este texto onde se juntam o amor, os sentimentos, os desejos e o encontro entre sexos que o narrador procura e que faz palpitar homens e mulheres.
A frase que dá título ao livro foi retirada de O Evangelho segundo Jesus Cristo, de José Saramago."