Perguntam-me não raras vezes:
- "Qual o livro de José Saramago que mais gostaste de ler?"
A resposta que pode ser dada a cada momento:
- "Impossível de dizer... não sei responder, não seria justo para com outros (livros) não nomeados. Mas uma coisa sempre soube. Uma obra de Saramago, enquanto "pseudo ser vivo" ou com "gente dentro" tem que me raptar, prender-me, não me deixar sair de dentro das suas páginas. Fazer de mim um refém, e só me libertar no final da leitura... mesmo ao chegar à última página. Aí, o "Eu" leitor que se mantém refém, liberta-se da "gente que a obra transporta dentro" e segue o seu caminho.
Mas segue um caminho que se faz caminhando, conjuntamente com mais uma família"

Rui Santos

sábado, 11 de julho de 2015

Juan Cruz do "El País" entrevistou José Saramago "Saramago vuelve a la niñez" (20/08/2006)

"No podía dar una visión idílica de tiempos que de idílicos no tenían nada", explica el escritor portugués, de 83 años, a propósito de su infancia. Acaba de terminar de escribir 'Las pequeñas memorias'.

A entrevista pode ser lida e consultada, aqui,

"Saramago vuelve a la niñez" de Juan Cruz (20 de Agosto de 2006)

(José Saramago / Associated Press)

José Saramago tiene 83 años y acaba de volver a la niñez, escribiendo Las pequeñas memorias, que terminó esta misma semana (el 15 de agosto) en su casa de Lanzarote. Hablamos con el premio Nobel portugués en la biblioteca que acaba de estrenar. "Pude haber pensado que un día tendría el Nobel, pero jamás se me pasó por la cabeza que tendría una biblioteca como ésta. Claro, es obra de Pilar". Pilar es Pilar del Río, su mujer, su traductora; ya trabaja en la traducción de Las pequeñas memorias. La biblioteca está completamente informatizada, y está conectada a la Universidad de Granada y a otras instituciones docentes y literarias del mundo. Ya Saramago ha publicado más de 40 libros; el último fue Intermitencias de la muerte (Alfaguara). Las pequeñas memorias se publicará el 16 de noviembre en su editorial portuguesa Caminho, coincidiendo con el cumpleaños del escritor, y se presentará ese mismo día en Azinhaga, su pueblo natal; en España, el libro aparecerá en Alfaguara, como toda su obra.

Pregunta. ¿Qué se siente al acabar un libro?
Respuesta. Emoción. A veces, lágrimas. Ocurrió con Ensayo sobre la ceguera, con Intermitencias de la muerte. Cuando acabas, te despides, entra una especie de vacío, ¿y ahora qué? Siempre.

P. ¿Pasó con éste?
R. Pasó. Es un libro de memorias de cuando era pequeño; se iba a llamar El libro de las tentaciones, pero me pareció pretencioso, así que le puse este título, que es idéntico a su propósito: Las pequeñas memorias. Me quedé siempre muy atado al niño que fui, y ahora me ha sorprendido la cantidad de recuerdos que tenía de aquella época. El libro me ha hecho sufrir un poco. Al final también hubo alivio.

P. ¿Sufrió escribiéndolo?
R. Porque algunas cosas que cuento son dolorosas. Recuerdos familiares que no son agradables, que me tocaron negativamente; podía haberlos omitido, pero no podía dar una visión idílica de tiempos que de idílicos no tenían nada. Eso me ha producido dolor. Y a veces me he bloqueado. Sólo me había sucedido con Manual de pintura y caligrafía.

P. Dolor en la niñez.
R. Cosas que un niño no debía haber visto. Cuando lo leas sabrás de qué estoy hablando.

P. Ochenta y tres años. ¿Qué le ha hecho volver a una edad tan remota?
R. Es una idea que ya llevaba más de veinte años en mi cabeza. Ahora o jamás. Son 150 páginas. No es literatura sobre lo que he vivido, sino lo que he vivido. Si hubiera literaturizado la vida hubieran salido 500 páginas.

P. ¿Qué efecto sentimental produce una confesión así?
R. Un adulto escribe memorias de adulto, acaso para decir: "Miren qué importante soy". He hecho memorias de niño, y me he sentido niño haciéndolas; quería que los lectores supieran de dónde salió el hombre que soy. Así que me centré en unos años, de los 4 a los 15.

(José Saramago / Consuelo Bautista)

P. ¿Y de dónde viene?
R. El libro tiene un epígrafe, que viene de un libro que me inventé, Libro de los consejos: "Déjate llevar por el niño que has sido". Si no hubiera vivido aquella infancia no sería exactamente éste que soy. Algunos puntos significativos de mi forma de ser son las de aquel niño.

P. ¿Rejuvenece escribir memorias?
R. Puede que sí. Lo que es cierto es que lo he escrito como si estuviera viviendo en aquel momento.

P. Dos Nobel, Grass y usted, escribiendo memorias.
R. Las suyas son diferentes.

P. ¿Cuál es su reacción a lo que ha sucedido con Grass?
R. Primero he tenido perplejidad. Nunca hubiera pensado que él hubiera estado en las Waffen-SS..., y menos aún que hubiera ido como voluntario. Y me ha sorprendido la violencia de las reacciones. Él tenía 17 años. ¿Y el resto de la vida no cuenta? Me parece una reacción hipócrita la que ha habido, de mucha gente que acaso no consulta su propia conciencia. Mucha gente quiere buscar pies de barro a personalidades influyentes. Me recuerdan al que iba de ciudad en ciudad, siguiendo un circo. Un día le preguntaron: "¿Por qué sigue tanto a este circo?". "Porque quiero ver cuándo se cae el trapecista y se mata". Y me parece indigna, infame, la insinuación de que Grass ahora lo dice por motivos promocionales de su libro. ¿Qué juez puede decir que una confesión viene demasiado tarde? La verdad es que lo ha dicho, ahí está su confesión.

P. Le hemos visto firmando una declaración de notables sobre Cuba. ¿Cómo ve el futuro?
R. Se observa menos crispación en el exilio. Y estamos percibiendo señales de que empieza la transición. Ojalá la haga el pueblo cubano, sin interferencias, aunque siempre cabe preguntar si Estados Unidos se va a limitar a asistir a esa transición.

P. ¿El pueblo cubano de dentro y de fuera?
R. Claro. Espero que haya negociación, diálogo, ya no hay lugar ni para invasiones ni para asesinatos, sino para que haya acuerdos básicos que contemplen también las indudables conquistas de la revolución: sanidad, cultura, educación...

P. Otro asunto de su preocupación. Estalla Oriente Próximo.
R. Mientras no se resuelva el problema de Palestina, que tenga su Estado, no habrá paz allí. Israel produce una ocupación militar de Palestina, manda a guetos a sus nacionales. No se me va de la memoria lo que dijo un intelectual judío, Leibovitz, sobre el carácter judionazi de su Ejército, de las reacciones de su Ejército; y no se va de mi memoria el dolor que produce ver niños a los que rompían los huesos de las manos, con martillos, en el curso de la primera Intifada. Cuando digo que las víctimas, con las que todos nos solidarizamos, no pueden hacer de verdugos y llamo la atención sobre ese carácter de la reacción militar israelí, siempre oigo voces -"ya está de nuevo el Saramago ese"-, pero lo que digo es la verdad, tiene que ver con los hechos...

P. ¿Qué hacer?
R. Ojalá los organismos internacionales comprendan esto de una puta vez: mientras eso no se resuelva, Israel siempre se sentirá amenazado, y responderá con la agresividad que muestra su Ejército, el más poderoso de la región. Algún signo positivo he visto últimamente: la posible alianza de Al Fatah con Hamás para gobernar.

P. Usted no es un hombre optimista.
R. ¿Cómo vas a ser optimista si lees el periódico? El mundo es el lugar del infierno; millones nacen para sufrir; no les importan nada a nadie. No soy un pesimista, soy un optimista bien informado.

Revista Blimunda #14 - Mês de Julho 2013 - Recordação de edições antigas

Revista Blimunda #14 - Mês de Julho 2013 - Recordação
Neste mês de Julho, recordamos o #14 da Revista Blimunda 
Pode ser descarregada gratuitamente, aqui
em http://blimunda.josesaramago.org/2013/07/20/blimunda-14-julho-de-2013/

(Capa da edição #14 - Julho de 2013)

Sinopse da edição
"De que forma pode o quarto poder sobreviver à encruzilhada? A Blimunda de julho tenta perceber que caminhos podem ser percorridos, através de um texto de Sara Figueiredo Costa e das respostas de três jornalistas que em Espanha, Portugal e Grécia fazem do jornalismo um processo sério, rigoroso e sem cedências. Um dossier de leitura recomendada para discutir perspectivas de futuro para um dos pilares dos estados democráticos.

No infantil e juvenil, uma viagem de Andreia Brites aos “Encontros” que Margarida Botelho promove em torno dos livros, da educação pela arte, com paragens em Moçambique e na Amazónia. Um testemunho da forma como estes caminhos considerados por muitos como alternativos assumem uma importância cada vez maior na construção de novos cidadãos, no pleno respeito pela diversidade cultural.

A fechar, a Saramaguiana de julho centra-se em dois locais fundamentais para a vida e obra de José Saramago. Nas palavras do próprio, recuperamos os textos sobre a cidade de Lisboa que integram o livroViagem a Portugal, no primeiro de três excertos que terão continuação em agosto e setembro. Sobre Lanzarote, o diário de viagem do jornalista Ricardo Viel, que visitou a ilha que tambem é de Saramago no passado mês de junho, quando se inaugurou a rotunda com o nome do Escritor.

Tudo isto e muito mais, na Blimunda de julho.

Boas leituras!"

"História do Lagarto Verde" - Maria Alzira Seixo faz a crítica a "As pequenas memórias" (JL #846 - 8/11/2006)

"Maria Alzira Seixo faz a crítica a "As pequenas memórias", 
na edição do JL 846, de 8 de Novembro de 2006"

Pode ser consultado e lido, aqui
em http://visao.sapo.pt/historia-do-lagarto-verde=f562777

(Maria Alzira Seixo, José Saramago e Luiz Francisco Rebello)

"História do Lagarto Verde"

"Saramago dá-nos, com As Pequenas Memórias, o trigésimo nono volume da sua obra. Mais consagrada ao romance, é de facto obra de polígrafo: integra outros géneros de ficção (conto e novela), significativa produção de teatro, escritos opinativos e autobiográficos, livros de crónicas e de poesia que lhe marcam o início da carreira e nos quais encontramos em esboço muita da sua temática posterior, e textos híbridos que equacionam em densidade o seu modo de articular literatura e mundo: O Ano de 1993 e Viagem a Portugal. Após Cadernos de Lanzarote, o entendimento do eu como objecto de reflexão e não apenas ponto de vista dá agora outro resultado de escrita, que o autor judiciosamente apelida de memórias.
O memorialismo parte do eu, mas enquanto postura narrativa de quem dá a ver as coisas e sabe que se arrisca a ser comprovado, ou não, no que conta; o memorialismo não se ocupa do eu para o narrar como objecto privilegiado, caso em que resvala para a autobiografia, e por isso alcança a sua integração reflectida na comunidade e, nesse sentido, ultrapassa a subjectividade para traçar lugares e tempos que valem por interesse próprio, enquanto modos de vida idos que são raízes e alimento da sociedade actual. Como fez Saint-Simon, o memorialista que Proust punha acima de todos, seguindo-o na sua obra compósita de memórias, autobiografia e ensaio, que é sobretudo ficção.
Quem ler As Pequenas Memórias vê satisfeita a curiosidade de saber como viveu e cresceu este vulto das Letras, e será surpreendido pela lição de briosa humildade que elas contêm, assim como pelo exemplo de trabalho e estudo que fazem, do menino rústico e sem condições, a culta e interventiva personalidade que é Saramago no mundo de hoje. Este exemplo não pode ser entendido como expoente de regra, pois é excepção, mas permite ponderar os resultados do facilitismo no ensino actual, assim como condições que, proporcionadas sem sentido moral e afectivo, não dão frutos. Os objectivos morais não emergem na escrita do texto, mas o certo é que nele se fala muito de costumes. Que erguem diante de nós terra e gente, um estilo de vida do campesinato e de classes urbanas desfavorecidas. Sem propaganda nem miserabilismo. Na real.

Um lagarto na memória
Na real, é como quem diz. Naquela camada de real indestrinçável de factos, emoções, ecos, pressentimentos, interpretações e olvido recuperado que leva a acarinhar ou idealizar a vida passada, mesmo se foi difícil. E a isolar nela grandes acontecimentos e pormenores fortuitos que, postos por escrito, os irmanam em poder de repercussão. Por isso acho nestas memórias do "rapazinho da Azinhaga" (a que o autor chama "as memórias pequenas de quando fui pequeno") a história do lagarto verde.
Dir-se-á, com razão, que o livro dá conta da expressão indelével provocada no sujeito da escrita por pessoas (os avós maternos, o primo José Dinis, o irmão Francisco), lugares (o rio Almonda e o Tejo, o olival, ruas de Lisboa), habitações (em constantes mudanças por partes-de-casa), momentos afectivos (encontros com raparigas, a ternura dos bacorinhos que dormiam com o avô, o medo dos cães, o gosto pelos cavalos), de lazer aprazível (idas à pesca ou ao cinema "Piolho "), de contacto problemático com os outros (a maçaroca surripiada ao primo), de entrada na escrita (escrever na pedra, os ditados na escola, a primeira quadra). Tudo isso é o livro.
Mas o livro é também o lugar original formulado no começo, em estilo indirecto (como o nome que a contingência cola à pessoa), a colocar no coração da frase um caminho tosco de vida (a "azinhaga"), ligado à História e à imaginação, às águas do rio e às árvores que o bordejam, e ao extenso olival com troncos em cujas locas "se acoitavam os lagartos", destruído pelas transformações agrícolas da União Europeia. "Contam-me agora que se está voltando a plantar oliveiras", escreve o autor; "o que não sei é onde se irão meter os lagartos". E de certa forma, nestes troços despegados da recordação (como as talhadas de melancia que come, já perto do final), "o pobre de mim", como ironicamente se autoapelida ao jeito de Fernão Mendes Pinto, parece não ter em vistas um fito muito estável, oscilando entre um projectado Livro de Tentações e estas memórias do "eu pequeno", do qual não anda visivelmente à procura já que é ele que aqui o comanda. E do que a mim me parece que anda à procura é de saber mesmo onde se meteram os lagartos. Como se a própria estrutura da narrativa, dada em continuidade de discurso mas entremeada de espaços em branco, figurasse frinchas por onde esses seres vivos alapardados ao sol da memória se escapam quando pretendemos alcançá-los com os gestos das nossas sombras escritas.
A mistura de real e imaginário, dada pela memória que inventa a vida para a dar em literatura, atravessa a individualidade do memorialista para reconstituir esboços de história das mentalidades, hábitos quotidianos, crenças e modos de agir hoje raros. Quem se lembra do uso de defumadouros para afastar doenças e mau olhado? Ou do ruído da "costureira" em tardes de verão ou serões silenciosos de leitura e bordados? Eu lembro-me. Como me lembro do sistema de contabilidade dos analfabetos de então, o da avó Josefa de Saramago e da minha tia Emília, que tinha um lugar de fruta e hortaliça e não lhe falhava um tostão no rol de fiados, com aqueles sinais que mais ninguém entendia e me ensinou, de círculos fechados com uma cruz interna (um escudo), um traço diagonal interno (cinco tostões), sem traço (um tostão) e risco sem círculo nenhum (meio tostão). Ou sistemas de partilha empírico-afectiva, como a sopa que o petiz e a mãe comem do mesmo prato, com duas colheres e um de cada lado. Ou o costume, por necessidade e natureza, de andar de pé descalço; ou ainda, entre pavores e tentações, e medo do escuro como todas as crianças, dormir no chão com as baratas, "não estou a inventar nada, de noite passavam-me por cima", diz ele sem mais comentários. E passa adiante, tal como o petiz dormia. E que passou adiante vê-se em cenas do ontem dadas por ele hoje, como a do Otelo de Mouchão de Baixo ou do sapateiro que lia Fontenelle. Para pé-descalço e meio prato de sopa, não se pode dizer que José Saramago venha mal alimentado do caminho que percorreu.

Nas asas da palavra
Ao ouvir ler em voz alta o primeiro livro de que se lembra, Maria, a Fada dos Bosques, Saramago entra em contacto com a literatura, e o importante não parece ser tanto a impressão que lhe provocam cenas do livro como a sensação de ser levado a outros mundos pela articulação encantatória das frases, revigorando em experiência pessoal as "palavras aladas" de Homero que como escritor tenta também. Essa é talvez a maior das tentações neste livro onde, a certa altura, explica que a sua génese era a de ponderar sobre "a teratologia da santidade", isto é, os desejos e monstros, os pesadelos e pavores da noite que afligiam a mentalidade infantil reprimindo a sua expansão de natureza humana. É por isso que a Saramago-criança se vai contrapondo o Saramago-homem, a olhar para si de longe e para o mundo onde, pequeno, mas porque pequeno é o homem, se integra natural e artificiosamente.
Com a sua propensão para a integração na natureza (campos, animais, costumes urbanos primitivos) e a vocação da construção da arte. Quando relata as idas à pesca em petiz, e a imobilidade espelhada do pedaço de rio, é o Saramago de hoje quem escreve, a partir da indizível sensação da criança: "não creio que exista no mundo um silêncio mais profundo que o silêncio da água". A recordação é por vezes confessada invenção ("senti dentro de mim, se bem recordo, se não o estou a inventar agora, que tinha, finalmente, acabado de nascer") assim se transmudando em descoberta; outras vezes acontece, inexplicável, pois "esquecemos o que gostaríamos de poder recordar" e, por outro lado, "recorrentes, obsessivas, reagindo ao mínimo estímulo, vêm-nos do passado imagens, palavras soltas, fulgurância, iluminações, e não há explicação para elas, não as convocámos, mas elas aí estão". O livro termina com uma iluminação destas, forte e concentrada, adjacente ao que se narrou, e onde o autor se dá como sujeito de observação e participante moral da acção. Aquilo, afinal, que o escritor vai ser. Passa-se nas ruínas de uma malhada de porcos, entre um homem e uma mulher não identificados, e o narrador (jovem) senta-se num valado, "a distância, perto de uma oliveira ao pé da qual, dias antes, tinha visto um lagarto verde". E quando a cena termina, com a partida das personagens, o livro finda também com a observação do autor: "nunca mais tornei a ver o lagarto verde".
Os lagartos, que de início afirmava não saber onde se tinham metido, meteram-se afinal aqui no livro, como símbolos da familiaridade terrestre e do gosto pelo sol, em lendas mediterrânicas representando a inexorabilidade da morte. Como reconhecimento também da inocência perdida, sobretudo porque a observação se segue à menção da morte de José Dinis, o primo com quem se dava como o cão e o gato, e a quem, nas penúltimas linhas, furtara a maçaroca, após saborearem ambos a bela melancia de casca verde-escura, de cujas talhadas foi ficando o "castelo" ou "coração". Isto é, o cerne da recordação. A simbólica de Saramago é sempre objectual e pede para ser lida à letra, como palavra a saber a sentidos, mas a sua notação sóbria, despojada, emerge isolada no texto, a despertar os sonhos e tentações, também no espírito do leitor."

Ler mais: http://visao.sapo.pt/historia-do-lagarto-verde=f562777#ixzz3fZVMT3l0

sexta-feira, 10 de julho de 2015

Post "Armas.... Alabardas..." no livro/Blog "O Caderno 2" (26/05/2009)

O presente post pode ser consultado e lido, aqui 
em http://caderno.josesaramago.org/43247.html

(Montagem cénica)


Sinopse da obra inacabada "Alabardas, Alabardas, Espingardas, Espingardas"
Via Fundação José Saramago, aqui
em http://www.josesaramago.org/alabardas-alabardas-espingardas-espingardas/
"Aquando do seu falecimento, em 2010, José Saramago deixou escritas trinta páginas daquele que seria o seu próximo romance; trinta páginas onde estava já esboçado o fio argumental, perfilados os dois protagonistas e, sobretudo, colocadas as perguntas que interessavam à sua permanente e comprometida vocação de agitar consciências.Saramago escreve a história de Artur Paz Semedo, um homem fascinado por peças de artilharia, empregado numa fábrica de armamento, que leva a cabo uma investigação na sua própria empresa, incitado pela ex-mulher, uma mulher com carácter, pacifista e inteligente. A evolução do pensamento do protagonista permite-nos refletir sobre o lado mais sujo da política internacional, um mundo de interesses ocultos que subjaz à maior parte dos conflitos bélicos do século xx. Dois outros textos – de Fernando Gómez Aguilera e Roberto Saviano – situam e comentam as últimas palavras do Prémio Nobel português, cuja força as ilustrações de um outro Nobel, Günter Grass, sublinham.
2014 (com textos de Fernando Gómez Aguilera e Roberto Saviano, capa e ilustrações de Günter Grass)"

(Ilustração da obra mencionada)

"Armas"
"O negócio das armas, sujeito à legalidade mais ou menos flexível de cada país ou de simples e descarado contrabando, não está em crise. Quer dizer, a tão falada e sofrida crise que vem destroçando física e moralmente a população do planeta não toca a todos. Por toda a parte, aqui, além, os sem trabalho contam-se por milhões, todos os dias milhares de empresas declaram-se em falência e fecham as portas, mas não consta que um único operário de uma fábrica de armamento tenha sido despedido. Trabalhar numa fábrica de armas é um seguro de vida. Já sabemos que os exércitos precisam de armar-se, substituir por armas novas e mais mortíferas (disso se trata) os antigos arsenais que fizeram a sua época mas já não satisfazem as necessidades da vida moderna. Parece portanto evidente que os governos dos países exportadores deveriam controlar severamente a produção e a comercialização das armas que fabricam. Simplesmente, uns não o fazem e outros olham para o lado. Falo de governos porque é difícil crer que, a exemplo das instalações industriais mais ou menos ocultas que abastecem o narcotráfico, existam no mundo fábricas clandestinas de armamento. Logo, não há uma pistola que, por assim dizer, não vá tacitamente certificada pelo respectivo, ainda que invisível, selo oficial. Quando num continente como o sul-americano, por exemplo, se calcula que há mais de 80 milhões de armas, é impossível não pensar na cumplicidade mal disfarçada dos governos, tanto dos exportadores como dos importadores. Que a culpa, pelo menos em parte, é do contrabando em grande escala, diz-se, esquecendo que para fazer contrabando de algo é condição sine qua non que esse algo exista. O nada não é contrabandeável.Toda a vida tenho estado à espera de ver uma greve de braços caídos numa fábrica de armamento, inutilmente esperei, porque tal prodígio nunca aconteceu nem acontecerá. E era essa a minha pobre e única esperança de que a humanidade ainda fosse capaz de mudar de caminho, de rumo, de destino." 
(26 de Maio de 2009)

(Ilustração da obra mencionada)


quinta-feira, 9 de julho de 2015

Citador #40 Pessoa e Ricardo Reis no final da obra "O Ano da Morte de Ricardo Reis" - Caminho, 11.ª edição Página 407

Citador #40
Pessoa e Ricardo Reis no final da obra "O Ano da Morte de Ricardo Reis"
Caminho, 11.ª edição
Página 407

Frame do registo filmado da apresentação do livro "O Ano da Morte de Ricardo Reis",
 no café Martinho da Arcada - Lisboa, produzido e realizado pela 
Direcção Geral de Acção Cultural / Divisão de Audiovisuais.
José Saramago em 1987



"Saíram de casa, Fernando Pessoa ainda observou, Você não trouxe chapéu, Melhor da que eu sabe que não se usa lá. Estavam no passeio do jardim, olhavam as luzes pálidas do rio, a sombra ameaçadora dos montes. Então vamos, disse Fernando Pessoa, Vamos, disse Ricardo Reis. O Adamastor não se voltou para ver, parecia-lhe que desta vez ia ser capaz de dar o grande grito. Aqui, onde o mar se acabou e a terra espera."



quarta-feira, 8 de julho de 2015

Falecimento de Maria Barroso - Palavras de José Saramago sobre a visita do casal, Mário Soares e Maria de Barroso, a Tías - Lanzarote

Na data em que ocorre o falecimento de Maria Barroso, deixo aqui as palavras de José Saramago sobre a visita do casal, Mário Soares e Maria de Barroso, a Tías - Lanzarote. 

Pilar del Río e Maria Barroso, 
na inauguração da Casa dos Bicos (13/6/12)


"O presidente Mário Soares esteve hoje em Lanzarote. Quando há um ano Pilar e eu fomos a Belém para lhe comunicar que nos mudávamos para as Canárias, disse-mos-lhe: «Se alguma vez tiver de viajar para aqueles lados...» A resposta, simpática: «Lá irei.» Naquela altura pensei que se tratasse de uma promessa política, como tantas outras fadada para o cesto roto dos esquecimentos logo à nascença, mas enganei-me. Mário Soares aproveitou um convite para vir a um encontro de juristas em Tenerife e deu um salto à nossa ilha. Acompanhou-o Maria Barroso, a quem, acaso por efeito da sua conversão ao catolicismo, dei comigo a tratar familiarmente por Maria de Jesus: já no jantar da embaixada em Roma me tinha escapado, uma ou duas vezes, o confiado tratamento, mas disfarcei o lapso protocolar passando imediatamente ao «Dra. Maria Barroso» de sempre. O mais certo, porém, é a conversão não ter tido nada que ver para o caso (a ironia sem maldade é deste momento em que escrevo), e ser o meu «Maria de Jesus», simples-mente, a retribuição natural e equilibrada do seu amistoso «Zé»... Com eles vieram Manuel Alegre (que queria saber, por conta própria e alheia, por que tinha eu decidido viver em Lanzarote: o que viu deu-lhe a resposta), Maryvonne Campinos (o encontro em Tenerife homenageara Jorge Campinos), o embaixador Leonardo Matias, a Estrela Serrano, o Alfredo Duarte Costa. Levámo-los a Timanfaya e à Fundação César Manrique porque não havia tempo para mais: Javier foi um magnífico cicerone, com as datas e os factos na ponta da língua. Al-moçaram depois em nossa casa, com alguns problemas de logística causados por dois convivas não previstos, mas tudo acabou por se resolver. Falou-se da Lisboa Capital Cultural (repeti e aclarei as minhas críticas), de Europa inevitavelmente (tive a melancólica satisfação de ouvir dizer a Mário Soares que partilha hoje de algumas das minhas reservas, antigas e recentes, sobre a União Europeia: «Que será de Portugal quando acabarem os subsídios?», foi sua a pergunta, não minha). Aproveitei a ocasião e permiti-me substituir a pergunta por outras, mais inquietantes: «Para que serve então um país que depende de tudo e de todos? Como pode um povo vi-ver sem uma ideia de futuro que lhe seja própria? Quem manda realmente em Portugal?» Não tive respostas, mas também não contava com elas. A sombra veio e passou, a conversa transferiu-se para temas menos encruzilhados. Passadas estas horas, ainda me custa a acreditar que Mário Soares tenha cá estado em casa. Que voltas teve o mundo de dar, que voltas tivemos de dar nós, ele e eu, para que isto fosse possível. (1 de Março de 1994)

em, "Cadernos de Lanzarote - Diário II
Caminho, página 63 e 64


1989 - José Saramago com Mário Soares, na apresentação do seu livro 
"História do Cerco de Lisboa", no Castelo de São Jorge - Lisboa (Foto © Eduardo Tomé)



terça-feira, 7 de julho de 2015

"Do sujeito sobre si mesmo" este post tem 6 anos - "O Caderno 2" Livro/Blog a 7 de Julho de 2009

Este post faz hoje 6 anos que foi publicado. Poucas linhas para tantas palavras. 
A verticalidade do homem, do escritor e do agente social.
O mundo que não serve.
A pergunta feita, naquele dia há 6 anos - "E que problemas são esses hoje?"

Pode ser consultado e lido, aqui
em http://caderno.josesaramago.org/50644.html

"Do sujeito sobre si mesmo"
"Como escritor, creio não me ter separado jamais da minha consciência de cidadão. Considero que aonde vai um, deverá ir o outro. Não recordo ter escrito uma só palavra que estivesse em contradição com as convicções políticas que defendo, mas isso não significa que tenha posto alguma vez a literatura ao serviço directo da ideologia que é a minha. Quer dizer, isso sim, que ao escrever procuro, em cada palavra, exprimir a totalidade do homem que sou.
Repito: não separo a condição de escritor da do cidadão, mas não confundo a condição de escritor com a do militante político. É certo que as pessoas me conhecem mais como escritor, mas também há aquelas que, com independência da maior ou menor relevância que reconheçam nas obras que escrevo, pensem que o que digo como cidadão comum lhes interessa e lhes importa. Ainda que seja o escritor, e só ele, quem leva aos ombros a responsabilidade de ser essa voz.
O escritor, se é pessoa do seu tempo, se não ficou ancorado no passado, há-de conhecer os problemas do tempo que lhe calhou viver. E que problemas são esses hoje? Que não estamos num mundo aceitável, bem pelo contrário, vivemos num mundo que está a ir de mal a pior e que humanamente não serve. Atenção, porém: que não se confunda o que reclamo com qualquer tipo de expressão moralizante, com uma literatura que viesse dizer às pessoas como deveriam comportar-se. Estou a falar doutra coisa, da necessidade de conteúdos éticos sem nenhum traço de demagogia. E, condição fundamental, que não se separasse nunca da exigência de um ponto de vista crítico."
(Terça-feira, 7 de Julho de 2009)

domingo, 5 de julho de 2015

"Saramago: piedra forjada, sombra de olivo y libro de la tierra" de Laura Panqueva no "El Nuevo Herald" (27/06/2015)

Pode ser consultado e lido, aqui 
em http://www.elnuevoherald.com/vivir-mejor/artes-letras/article25600342.html

De Laura Panqueva (EFE/Reportages)

El tiempo marca la ausencia. La despedida se cuenta en días. Y aun sin observar, el ser sigue presente. José de Sousa Saramago, el escritor de la conciencia, traducido a una veintena de idiomas, es inmortal. Así es para aquellos que, como su esposa, la española Pilar del Río, lo lee casi a diario.

Si bien “El maestro”, como lo llamó el crítico Harold Bloom, ya no se sienta todas las tardes a escribir dos o tres páginas, su obra se redescubre constantemente entre conversatorios, conferencias, homenajes, biografías, entrevistas, eventos culturales, y títulos póstumos como Alabardas, publicado en septiembre del 2014.

(El escritor portugués José Saramago, premio Nobel de Literatura 1998, 
durante una entrevista mantenida en 1999 - Chema Moya EFE/EFE)

"LOS GOBERNANTES DEBERÍAN LEERLO"

El jurista español Baltasar Garzón, muy cercano a Saramago y que se encargó de presentar Alabardas, asegura que todos los gobernante deberían leerlo, porque “desde la ficción refleja muy bien las contradicciones del ser humano y el inmenso poder del dinero para corromper”.

Como esta novela, que reflexiona sobre la industria armamentista, la ausencia de huelgas en fábricas de armas y la ética de quienes trabajan en ellas, han nacido diversos proyectos literarios relacionados con su pensamiento. Esto, gracias a la labor de su viuda, la periodista y traductora Pilar del Río, quien preside la Fundación José Saramago y trabaja constantemente para difundir su legado.

Pero “la presidenta” como llamó Saramago a su esposa alguna vez, muy al contrario de lo que se pensaría, lo siente cerca, vivo. Desde su despacho, ubicado en el corazón de Lisboa, todavía trabaja junto a él, porque –y así lo ha demostrado ella– la complicidad está en la memoria, en las palabras y, también, en los lugares.

Justo en frente de este edificio del siglo XVI, La Casa dos Bicos, reposan las cenizas de su esposo y padre del ensayo que declaró a la ceguera una mal universal y, que algunos años después, respondería con el de la lucidez.

Allí, en el Campo das Cebolas, con vista al río Tajo, en medio de un pequeño jardín, custodiado por un olivo centenario, en una especie de lápida, se leen las palabras tatuadas sobre un banco de piedra que reza: “Pero no subió a las estrellas, si a la tierra pertenecía”.

RECORDANDO, IMAGINANDO, CINCO AÑOS ATRÁS

El viernes 18 de junio de 2010, pasadas las 11 de la mañana, el escritor portugués José Saramago, nieto de los campesinos Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha, dejó de respirar. A los 87 años, el cuerpo arrugado terminaba una larga batalla contra una leucemia crónica. Para ese momento, el novelista portugués ya tocaba otra corriente. La isla de Lanzarote susurraba su adiós.

Algunos días después, en un acto solemne, la capital lusa lo despedía en el Salón de Honor del Ayuntamiento. Amigos, seguidores e intelectuales, entre los que se encontraba el líder del Partido Comunista Portugués Jerónimo de Sousa expresaron el luto, no solo de ellos, sino de “todo el pueblo al que amó y fue fiel”.

Lisboa se arropó con las letras de quien hizo los problemas sociales, suyos. Alguna tarde no muy lejana, decenas de amigos y seguidores de su obra generosa y, a la vez, rebelde, se reunieron en la Casa Fernando Pessoa, para homenajear a quien, según su biógrafo y amigo Fernando Gómez Aguilar, “resuena desde la liberad de su poderosa conciencia incómoda, irremplazable”.

Esa tarde, Pilar del Río se dispuso para compartir, una vez más, como tantas atrás, su eterna experiencia con el autor:.

“Aquí acaba el mar y empieza la tierra”, comenzó… Tras un aire profundo, continuó, “Llueve sobre la ciudad pálida, las aguas del río corren turbias de barro, están inundadas las arboledas de la orilla. Un barco asciende entre el flujo soturno, es el Highland Brigade que va a atracar en el muelle de Alcántara (...)”.

Era el principio de El año del la muerte de Ricardo Reis (1984). la obra que nació algunas décadas atrás, en una biblioteca de la escuela industrial, cuando el joven José aspiraba a mecánico cerrajero.

Su interés oculto por la poesía, lo llevó a descubrir que el nombre de quien firmaba tales versos, era ese y otros más, pero uno en particular: Fernando Pessoa, el mismo Ricardo Reis.

El autor de Manual de pintura y caligrafía (1977) contó este episodio en 1998, cuando recibía el Premio Nobel de Literatura.

Según sus palabras, “mucho, mucho tiempo después el aprendiz de escritor ya con el pelo blanco y un poco más sabio de sus propias sabidurías se atrevió a escribir una novela para mostrar al poeta de las Odas algo de lo que era el espectáculo del mundo en ese año de 1936 en que lo puso a vivir sus últimos días: la ocupación de la Renania por el Ejército nazi, la guerra de Franco contra la República española, la creación por Salazar de las milicias fascistas portuguesas”.

“A Pilar”, dedicó esta y otras tantas novelas que le significaron más que el reconocimiento, y la popularidad, la posibilidad de existir sin callar. Sus más de 30 obras, entre las que resuenan, Levantado del suelo (1982), Memorial del Convento (1982), La balsa de piedra (1986), El evangelio según Jesucristo (1991), Ensayo sobre la ceguera (1995); La caverna (2000), Las intermitencias de la muerte (2005), El viaje del Elefante (2008) y Caín (2009), reflejan la necesidad, diría su creador, de dejar “algo hecho” como “una forma de eternidad”.

LA "CONCIENCIA"

Las historias, declaraciones, inquietudes, alegatos, sentencias y pensamientos que se entretejen en cada uno de sus textos plantean una necesidad, una lucha por contarle a la humanidad sus verdaderas desgracias, aciertos y apocalípticos futuros.

Sus ideas, si bien premonitorias, eran coherentes con la realidad. Ya se había percatado este amante de las letras, que los problemas que aquejan a la humanidad, solamente pueden afrontarse con una sola palabra: “conciencia”.

Si bien su sabiduría representa un triunfo del pensamiento contemporáneo, Saramago nunca se consideró un gran experto, ni un intelectual célebre. Defendía, por el contrario, que su escritura era simplemente el camino para desasosegar.

Quizás, por eso, las palabras con las que agradeció el mayor reconocimiento literario al que puede aspirar un escritor, partían de su origen.

Contaban, con absoluta sencillez, quién era el niño, joven, adulto y anciano que, muy a pesar del tiempo, y en las metáforas mismas de sus historias, continuaba caminando descalzo sobre la tierra, preguntándose la razón, o sin razón, de la vida humana. Ese día de 1998, ya con las canas asomadas, decidió volver a ser el joven humilde que vivía en la aldea de Azinhaga, en Portugal.

Por la década de 1930, el pequeño José ayudaba a su abuelo Jerónimo en sus labores diarias. No le bastaba con cavar la tierra del huerto aledaño a la casa, o con cortar la leña para la lumbre. A veces, también, subía el agua del pozo comunitario y la transportaba al hombro.

Allá, en una sencilla parcela, en medio de la noche y junto a su abuelo, conoció la palabra imaginada. Eran leyendas –contó–, apariciones asombrosas, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que los mantenían despierto, al mismo que suavemente lo acunaban.

Nunca supo –reconoció esa vez– si su abuelo se callaba cuando descubría que se había dormido, o si seguía hablando para no dejar a medias la respuesta a la pregunta que invariablemente él le hacía: “Y después”…

Después... el universo se puso en movimiento. La belleza se reveló en sus sueños. José Saramago se aferró a la literatura, la poesía, el ensayo. Y después de algunos años, se convirtió en un verdadero contador de historias, como su abuelo Jerónimo.

En 1947 publicó su primer título Tierra de Pecado, una historia rural que parte de recuerdos, algo difusos, para narrar lo que surge misteriosamente de la imaginación.

Sería, entonces, ese poder creativo, lo que le permitió hacer memoria, pintar y repintar esa cotidianidad suya, que con el paso del tiempo, sin embargo, fue mutando para derivar en la de otros seres literarios, a quienes catalogó siempre como sus “maestros de vida”. Los que más intensamente le enseñaron el oficio de vivir.

BALTASAR GARZÓN: "EXTRAÑO A SARAMAGO, EL LUCHADOR HONESTO"

El ex juez Baltasar Garzón, relata en esta entrevista una pequeña semblanza del Nobel de Literatura portugués José Saramago, con quien compartió una entrañable amistad y sus ideales de justicia y democracia. El autor del reciente libro El Fango, lo recuerda así.

P.- ¿Qué extraña del escritor José Saramago?

R (B. Garzón).- Le extraño a él, a un luchador honesto, valiente, coherente entre la afirmación y la acción, incluso desde la discrepancia. Siempre al lado de las víctimas e implacable con el poderoso. Yo siempre pienso en él como un defensor de causas justas. «La defensa de los Derechos Humanos no es de derechas ni de izquierdas; la gente honesta puede ponerse de acuerdo», esa frase suya le definía.

Sus opiniones impulsaron a miles de personas a pensar sobre la importancia de la sociedad civil y la corresponsabilidad de todos en una sociedad democrática. Su interés por mí me hizo sentirlo muy adentro, escribió sobre mí cosas bellas que no merecía. Lo tuve por un gran hombre, fue un gran amigo.

P.-¿Por qué los gobernantes deberían leer Alabardas, Alabardas! Espingardas, Espingardas!?

R.-. Saramago utilizó, para ponerlo de manifiesto, esa relación entre el marido amante de las armas y su mujer contraria a ellas. Y es que el tráfico de armas es un capítulo pendiente, no olvidemos que se organizan guerras para promover la venta de armamento.

Los gobernantes deberían analizar las causas, desde el Derecho y la diplomacia, pero claro, es más fácil bombardear un país o una zona determinada de ese país que llevar a cabo esa reflexión. Y ya sabemos que llegar a un gran pacto mundial contra esta industria de la muerte es una pura utopía, pero considero que hay que continuar luchando desde la sociedad civil para conseguirlo.

P.-¿De qué forma se ven reflejados los problemas actuales en la obra póstuma de Saramago?

R.- Él expresó su alegato contra el poder de esta industria de la guerra que mueve miles de millones de dólares y, sin embargo, no resuelve ningún problema. Aquí es donde los Gobiernos deberían reflexionar.

P.-¿Cuál es el libro -o los libros- de Saramago que han tenido mayor influencia en su vida personal y laboral?

R.- Siempre me ha impresionado el argumento duro y clarividente del "Ensayo sobre la Ceguera". Ese recorrido desde el estadio del ser civilizado al puramente animal, a la voluntad de sobrevivir sea como sea. Y la propuesta de Saramago de que es urgente recuperar la lucidez frente al terror de descubrir los impulsos más primitivos. Al final, la pregunta que plantea es la misma que te haces a diario cuando trabajas con lo más sórdido, lo más complejo de la sociedad y no es sino la cuestión de si es factible tener esperanza. La respuesta para mi va en esa línea sugerida, de que el amor y la solidaridad pueden cambiar a las personas y a la sociedad.

P.- ¿Algún aparte de alguno de sus libros, ensayos o discursos que se le haya grabado en la memoria?

R.- Hay una frase muy descriptiva de la realidad en este libro que mencionaba: «Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven. Ciegos que, viendo, no ven...» ¡Qué forma más brillante de definir esa semilla que hace brotar finalmente la maldad y que se basa en el desinterés por los demás y por lo que sucede! «Hablamos mucho de democracia y la practicamos poco», decía Saramago. Es verdad, cuando se alejan las voces críticas, las conciencias se adormecen y aparece el riesgo de la indiferencia.

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"Lo llamamos destino - Una entrevista a José Saramago" de Silvia Lemus - Revista Nexos - México (01/10/2003)

"Lo llamamos destino - Una entrevista a José Saramago" de Silvia Lemus
Revista Nexos - México (01/10/2003)

Pode ser consultada e lida, aqui
em http://www.nexos.com.mx/?p=10900

“En estos momentos me interesa mucho más el individuo, el individuo que está ahí, que es un igual a mí en el sentido de que ambos somos seres humanos, y que está ahí en la calle, y que pasa, y tengo necesidad de saber quién es él, y volvemos a lo mismo: ¿quién es el otro?”.

Su última novela, El hombre duplicado, nos hace pensar en nuestra dualidad como seres humanos. Todos tenemos un yo interno idéntico a nosotros mismos y, al mismo tiempo, distinto de nosotros.

Antes que nada, soy José Saramago, soy escritor y soy portugués. Ahora bien, respondiendo a tu pregunta, yo no lo llamaría, en todo caso, una dualidad, más bien una multiplicidad. Creo que nos hemos puesto de acuerdo en los últimos tiempos en que el yo no existe, no hay nada de constante, de permanente. La vida de cada uno de nosotros es lo que se puede llamar yo si eso no existiera en cada circunstancia y en cada momento de la vida —en la juventud, en la edad madura, en la vejez—, siempre habría algo intacto, inmutado, que sería el yo. Creo que está claro incluso en la obra de unos cuantos autores, y ahora estoy pensando particularmente en Fernando Pessoa, con la creación de una pluralidad de poetas que transportaba dentro y que se expresan de modo distinto para decir cosas distintas, hasta el punto de que a veces uno no sabe muy bien qué es lo que pensaba Fernando Pessoa; sabemos muy claramente qué es lo que pensaban y cómo expresaban lo que pensaban Ricardo Reis, Alvaro de Campos, Alberto Caeiro, Bernardo Soares y Fernando Pessoa. El, Fernando Pessoa, la persona en sí, se queda retrasada; lo que aparece en primer lugar son los otros, para decirlo así, el yo. Ocurre esto: aunque no tengamos la conciencia muy clara de qué es ser así, lo que hacemos a lo largo de toda la vida es buscar una identidad para uso exterior, es decir, entre todo lo que podríamos ser definimos un personaje de nosotros mismos, que es lo que paseamos, lo que llevamos a la calle, es lo que está ahí para tener una relación con los demás; y hacemos un esfuerzo tremendo para que no parezca que podríamos ser otras cosas. Y a veces esto, cuando llega a transformarse en un conflicto, se resuelve por la locura, la gente que no es capaz de dar de sí misma una sola imagen, y se dispersa. Fernando Pessoa lo ha resuelto en esa constelación de otros que en el fondo son manifestaciones de una persona que no tiene efectivamente un yo. Porque, si fuera cierto, cuando yo tenía cinco años tenía un yo que sería el mismo yo de cuando tenía 24 ó 53 ó 79 u 80, que es la edad que tengo ahora, y lo que pasa no es eso. Vamos cambiando. El yo cambia, y con el cambio ya no es yo.

Su novela está llena de humor, pero deja un sabor amargo, ¿porqué?

Sí, lo deja. En el fondo, ahí se presentan dos cuestiones. Una es muy corriente y consiste en preguntarnos quién es el otro. Cada uno es el otro, y ¿qué es lo otro? Yo soy el otro del otro, pero como cada uno de nosotros es el fondo y es el centro del universo —porque tenemos una conciencia, y la conciencia hace que nos pertenezca a nosotros y por eso es conciencia—, interpretamos, para decirlo así, el mundo. Entonces no nos preguntamos tanto quién soy yo sino preguntamos siempre quién es el otro, como si el yo estuviera resuelto, y ya vimos que no está.

En la novela se da la existencia de otras personas exactamente iguales, pero iguales en todo, es decir, incluso si uno tiene un accidente y queda con una cicatriz, el otro tendrá una cicatriz en el mismo miembro y en el mismo lugar; si uno se deja crecer el bigote, el otro, sin saberlo, hará lo mismo. Son doubles authentics, no sencillamente personas que se parecen una a la otra. La pregunta es ésta: ¿cómo puedo soportar la existencia de alguien exactamente igual a mí? El hecho de que uno igual exista, de alguna forma usurpa mi propio lugar en el mundo, me quita espacio. La novela también es un divertimento, el humor está ahí, en las situaciones que se presentan; pero todo eso poco a poco va en dirección de algo que a lo mejor ni el propio autor esperaba al principio, y que el lector no espera: va en dirección a una tragedia, la insoportabilidad de soportar al otro como si fuera el yo. Entonces, la pregunta de quién es el otro no tiene respuesta, y tampoco tiene respuesta la pregunta de quién soy yo. Vamos a vivir, y vamos a vivir lo que tengamos que vivir, y vendrán otros que siempre tendrán motivos para hacer la misma pregunta, y no hay respuesta.

Yo no sé quién soy. Hablando con franqueza total, no sé quién soy. Por qué me dices “¿usted quién es?”. Yo empecé por decir que soy José Saramago, soy escritor y soy portugués, pero ¿qué significa eso? Esas no son respuestas a la pregunta ¿quién soy yo?

¿Cuáles son los límites, entonces, de nuestra duplicidad, de nuestra dualidad?

En una novela mía que llamé Ensayo sobre la ceguera hay un personaje, una chica que en un momento determinado pronuncia estas palabras: “Hay entre nosotros una cosa que no tiene nombre, y esa cosa es lo que somos”. La frase parece un poco extraña. En primer lugar, si no tiene nombre no podemos, obviamente, nombrarla, y el primer problema se encuentra ahí: cómo digo algo de mí mismo si no tengo un nombre para ponerle; nombres para comunicarnos y, además, nombres que sean consensuados, que cuando yo diga algo sea entendido por mi interlocutor. Pero si esa cosa que somos, si el personaje tiene razón —y creo que la tiene—, si esa cosa que somos no tiene nombre, ¿cómo vamos a nombrarla? Es un problema que en el fondo pertenece mucho más a la filosofía que a la literatura, lo que no significa que un escritor, un novelista, no pueda interesarse por el tema y por el problema, y en la medida de sus capacidades expresarlo en un libro que en el fondo es una ficción.

En esta novela se nota que usted se ha despojado de muchos elementos que quizás ha usado en otras anteriores. Digamos, está más desvestida, más desnuda, más directa, ¿lo encuentra así?

Sí, y no sólo en ésta. Yo diría que es una especie de desnudamiento, una especie de aridez, aridez que no es hostil, que no se ha secado. No hay una disciplina, hay una contención. Empezó con Ensayo sobre la ceguera, continuó en Todos los nombres-, en La caverna no sucede tanto. Pero en El hombre duplicado volvió esa especie de sequedad en que las palabras son las que tienen que ser usadas y no otras, es decir, el estilo no tiene adornos, es un estilo mucho más directo. Pero creo que eso tiene que ver con un cambio de estilo a partir de Ensayo sobre la ceguera. A veces digo que hasta El Evangelio según Jesucristo he estado describiendo una estatua, la estatua es la superficie de la piedra, y a partir de El Evangelio según Jesucristo me fui adentrando en la piedra, a ese lugar donde la piedra no sabe que es estatua.

En estos momentos me interesa mucho más el individuo, el individuo que está ahí, que es un igual a mí en el sentido de que ambos somos seres humanos, y que está ahí en la calle, y que pasa, y tengo necesidad de saber quién es él, y volvemos a lo mismo: ¿quién es el otro? Porque quizá para que yo pueda contestar, suponiendo que tiene respuesta la pregunta, quizá necesite empezar por entender quién es el otro, y esto es lo que tiene que ver con la forma narrativa, con el estilo; esto llevó a la preocupación de que la palabra sea exacta, precisa, que no se pierda en ornatos y en fantasías.

No da muchas descripciones en esta novela.

No, nunca, es decir, nunca digo si un personaje es alto o bajo o gordo o flaco, o si es guapo; no me interesa, incluso no me interesan los nombres de los personajes.

Pero pareciera que le interesaran porque Tertuliano Máximo Afonso es un gran nombre.

Sí, lo es, pero insta a acentuar un poco el ridículo de la situación. Es decir, un hombre que tiene un nombre raro, que se llama Tertuliano Máximo Afonso, parece que tiene una interioridad fuerte y se da cuenta de que existe, de que tiene un duplicado. Toda la pompa de ese nombre se convierte en nada, en todo, porque se enfrenta a esa realidad brutal de que no le sirve de nada tener un nombre que no se parece a nadie más si existe alguien que es exactamente igual. El nombre Tertuliano Máximo Afonso me salió así, espontáneamente. Al decir Tertuliano Máximo Afonso parece que estoy diciendo todo lo que hay que decir de ese señor, y al final lo que estoy diciendo es nada, porque tendría que decir algo semejante de alguna otra persona que todavía no está presente y que es duplicado cuando aparece.

Esta novela nos da la impresión de que no termina nunca, que no puede cerrarse, que el protagonista que sobrevive está condenado a encontrar al siguiente doble, ¿es así?

No sabemos qué pasará. Antes hay algo que quizás incluso sea más importante y es el hecho de encontrar un doble. Para todos los efectos, Tertuliano Máximo Afonso está muerto, y porque no tiene otro remedio es una identidad del que ha muerto. En este caso hay alguien que finalmente no puede decir quién es en ninguna circunstancia. Desde el punto de vista civil, burocráticamente hablando, está muerto, pero no puede ser al mismo tiempo el otro aunque tenga que asumir la identidad del otro. Es decir, Tertuliano Máximo Afonso no puede llamarse nunca más Tertuliano Máximo Afonso, el nombre que tiene que usar no es suyo, entonces vive en una especie de limbo: no es lo que antes había sido, ni tampoco puede ser lo que finalmente tiene que ser. Esto parece un poco complicado pero en la lectura se observa con mucha claridad.

¿Tertuliano Máximo Afonso es el espejo de Antonio Claro, o es al revés?

No, cada uno de ellos es espejo del otro. Recordemos que al principio de la novela Tertuliano Máximo Afonso todavía no ha encontrado su doble, se enfrenta con el espejo y de alguna forma se dibuja en el espejo. El primer doble en el fondo es él mismo. Pero hay que romper el espejo, ese es el problema: el espejo nos da una imagen que no es real, pero en este caso el espejo, que es la existencia del otro, es real, concreto. De alguna forma me encuentro conmigo mismo en el espejo a partir del momento en que no me miro; no vivo, el espejo no existe,

es decir, cuando esa imagen se acaba. Se puede decir: “sí, pero usted puede hacer pedazos el espejo”, sí, pero se necesita que no esté ahí. En el caso del doble auténtico, aunque yo no esté con él, sé que existe, ese espejo muestra en cada momento mi propia imagen. La tensión que se crea en este conflicto es tal que la única forma de salir de ahí es romper el espejo, llevar al otro a la muerte aunque esa muerte ocurra por un accidente; de todos modos el conflicto estaba abierto y uno de ellos tendría que desaparecer. En el fondo, todo esto acaba en una tragedia, pero que el lector no se asuste porque de todos modos se va a divertir.

¿Son las mujeres las grandes víctimas, las grandes engañadas en este juego de identidades?

En este caso sí, y la razón es muy sencilla: es porque al hombre, y en este caso concreto Tertuliano Máximo Afonso, le falta la valentía moral para enfrentarse a esa realidad, y hace lo peor que puede hacer, que es usar, manipular a la mujer de quien es novio, llevándola a hacer lo que a él le conviene. Esto no estaría mal si ambos se hubieran puesto de acuerdo, pero él la usa y ella, porque lo quiere, lo hace pero sin conocimiento de causa, y esa es la deslealtad máxima, es decir, él la usa sin decir para qué la usa y sin confiar en ella, y sobre todo sin confiar en sí mismo porque en el fondo, al no confiar en ella, lo que ocurre es que no tiene confianza en sí mismo. No significa que los personajes masculinos sean más fuertes que los femeninos porque ni Antonio Claro ni Tertuliano Máximo Afonso son, efectivamente, personajes fuertes. En el fondo, el personaje fuerte que tiene un papel, por decirlo así, pequeño, es la madre de Tertuliano, Casandra. Lo que teme que ocurra, ocurrirá, de alguna forma ella lo anuncia, pero la máquina está en movimiento; hay una suerte de destino implacable que lleva todo aquello en la misma dirección, incluso cuando parece que se está haciendo algo para que no ocurra, va a ocurrir.

Los personajes no tienen mucha importancia. Mejor dicho: no tienen la importancia que tienen en otras novelas, porque aquí se trata de decir otra cosa para la que los personajes no son muy valiosos. Lo importante es el conflicto.

Es una novela escrita por un hombre muy joven.

¿Por un hombre muy joven? No se puede decir eso, es faltar a la verdad.

Esa es la sensación.

El autor tiene una edad, una edad correcta, pero el autor tiene la suerte y la fortuna de conservar la cabeza bastante sobria.

¿Cuáles son los límites entre la comedia y el drama? Si en una obra literaria o en una obra teatral, por ejemplo, ocurre algo fuera del guión, por llamarlo así, estamos asistiendo a una comedia. Si de repente ocurre algo en el escenario que está fuera del guión pero que pertenece a la realidad, por ejemplo la caída de un actor que puede llevarlo a la muerte, estamos ante un drama; es decir, la intervención súbita de algo que no pertenece a la comedia. Esto puede darse a la inversa: el drama está ahí y de repente se introduce, quién sabe cómo, un elemento cómico. En el fondo, así es la vida misma. Cuántas veces nos hemos encontrado en situaciones difíciles y nos damos cuenta de que algo, un elemento cómico, que puede que no invierta lo que está pasando, de todos modos está ahí. Diría que la comedia y el drama van juntos. Lo que pasa a veces es que uno va más adelantado que otro; en otras el que está retrasado aparece en primer lugar y se invierte algo que pareciera ser orientado en una dirección determinada, y cambia a una distinta. Eso ocurre constantemente en la obra de Shakespeare, en Hamlet, por ejemplo, en los diálogos se da consentimiento a los elementos cómicos pero todos sabemos que lo que está ahí es una tragedia que acabará en un desastre total. Lo cómico está siempre, aparece y desaparece, y nosotros sonreímos a pesar de que presenciamos una tragedia tremenda: al final todo el mundo muere, por el veneno o por la espada.

¿Podríamos hablar aquí de la tragedia de Tertuliano Máximo Afonso?

No es tanto la tragedia de él porque al final sobrevive. La novia se muere, él ocupa el lugar de Antonio Claro. No sabemos cuál será el futuro de esa pareja que se forma en circunstancias realmente extrañas pero que queda ahí formada; no sabemos qué pasará: ¿se van a soportar el uno al otro, incluso llegarán a quererse, llegarán a amarse? Puede ocurrir todo, eso queda en suspenso. Tragedia para los que no han sobrevivido. Es cierto que hay ese momento final, ese encuentro que Tertuliano tendrá con ese otro doble que aparece. No sabemos quién mata a quién, suponiendo que habrá un asesinato. Tertuliano mata al otro para que no tenga más dobles, suponiendo que no hay un tercero, un cuarto, un quinto doble. Cuando nos ponemos entre dos espejos para vernos, la imagen se multiplica hasta el infinito o hasta donde podamos verla. Puede que así ocurra.

Lo importante en la novela, hay otras cosas, o por lo menos espero, es la presencia del destino. No creo en el destino pero a veces estoy con Sancho Panza: no creo en brujas pero de que las hay, las hay. No creo en el destino pero a veces las cosas ocurren como si efectivamente existiera un destino.

Lo llamamos destino…

Lo llamamos destino porque tenemos que nombrar las cosas, si no, no las entendemos. En honor a la chica de las gafas oscuras de El Evangelio según Jesucristo, quizá si pudiéramos darle un nombre empezaríamos a saber quiénes somos finalmente.

Usted siempre ha sido un hombre de ideas políticas claras. ¿Cómo ve el mundo dominado por una sola gran potencia por encima de toda ley?

Tenemos un problema muy serio que, al contrario de lo que ocurre más o menos con todos los problemas que envuelven la vida social, no se discute. Vivimos en un tiempo en que tranquilamente se puede discutir todo en congresos, simposios, coloquios, artículos de periódicos, de revistas, ensayos. Curiosamente hay algo que tiene nombre, eso sí tiene nombre, pero no se discute, y lo único que no se discute es la democracia.

Partimos de un principio —o parece que partimos de un principio—: la democracia es eso que está ahí y por lo tanto no vale la pena discutirlo, porque está ahí, está ahí desde ayer y desde anteayer, y está ahí como una especie de dato adquirido definitivamente. El problema del poder, al que siempre tenemos que volver, es que hay que saber quién lo tiene, hay que saber cómo, por qué lo tiene, cómo ha llegado a tenerlo, para qué lo quiere y para qué le sirve. Se puede decir que los ciudadanos votan, pero los ciudadanos no hacen nada más que eso, y voto en qué: voto en partidos, formo gobiernos, formo parlamentos, y ahí se acabó. Sabemos que el poder real, el poder efectivo, no es ése; no está en el parlamento, no está en el gobierno: está en el poder económico, que no tiene final, es pluricontinental. El determina todo, impone las reglas. Si no puedo cambiar el poder que está más arriba, por encima del poder político, entonces vivo en el engaño, porque me dicen: “usted vive en democracia”. ¿Qué es eso? Usted puede quitar un gobierno y poner otro, y muchas gracias. No puedo hacer nada más, no puedo cambiar el rumbo del mundo porque el rumbo del mundo está en manos de los gobiernos. El reciente caso de la guerra de Irak está clarísimo, es decir, está en las manos de un gobierno en la medida en que ese gobierno está ahí para servir a los intereses del otro poder: se busca el petróleo, se busca el dominio de todo el Oriente Medio. Irak es el puente a Asia, y Estados Unidos sabe muy bien que su rival se llama China; por tal motivo está uniendo sus bases y sus fronteras lo más lejos que se puede de Washington.

La reconstrucción de Irak es un negocio fabuloso, ¿Quiénes la hacen? Los mismos de siempre. No estamos hablando de democracia, sino de una plutocracia, de un gobierno de los ricos. No es que no haya pobres, cada vez hay más, Casi la mitad de la población mundial vive con menos de dos dólares al día; cada cuatro segundos se muere una persona de hambre, y nada se hace para evitarlo. Entonces, si hay algo que necesitamos es un debate serio, mundial, sobre la democracia. Ya no nos fiemos de los partidos, ni de los gobiernos, La ciudadanía no debe creer ciegamente que vive en democracia. Hay que mirar las cosas más de cerca; cuando lo hacemos nos damos cuenta que la realidad es otra.

Se inició mal el siglo XXI, ¿tiene esperanza?

No vale la pena ni tener esperanza ni tener desesperanza. Los hechos están ahí y hay que luchar contra los hechos. Puedo, incluso, no tener ninguna esperanza y aun así seguir luchando contra lo que pasa, Sería un esfuerzo infinito para mí y para los otros si nuestras esperanzas se cumplieran en nuestra vida, pero ninguna esperanza, sobre todo esperanza de este tipo, de esta dimensión, se cumple en nuestra vida. Vamos de guerra en guerra, de crisis en crisis, de hambruna en hambruna, de enfermedad en enfermedad, de desastre ecológico en desastre ecológico… El mundo es realmente un lugar de horror, no hay otro lugar de horror. El infierno no son los otros, como decía Sartre. El infierno somos nosotros mismos." 

Silvia Lemus
Revista Nexus 
México, 01/10/2003

"Impulsará Pilar del Río Carta de deberes humanos de Saramago" de Fabiola Palapa Quijas no "Periódico La Jornada" (28 de junio de 2015)

Pode ser consultado e lido, aqui

"Con un conversatorio recuerdan al Nobel a cinco años de su muerte

Impulsará Pilar del Río Carta de deberes humanos de Saramago

Puede parecer ridículo, pero lo es más que millones de personas en el mundo estén condenadas a una vida miserable, señaló la periodista"
Fabiola Palapa Quijas
Periódico La Jornada (28 de junio de 2015)


(La periodista española y compañera del escritor 
José Saramago en la Biblioteca Vasconcelos
Foto María Luisa Severiano)

"A cinco años del fallecimiento del escritor lusitano José Saramago (1922-2010), su idea de reivindicar los deberes de la humanidad que planteó en su discurso al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1998 fue el tema del conversatorio que se realizó el pasado viernes en la Biblioteca Vasconcelos, el cual contó con la participación de la periodista española Pilar del Río.

La traductora y compañera del autor de Ensayo sobre la ceguera explicó que la idea de Saramago de elaborar una Carta de deberes humanos semejante a la Declaración universal de los derechos humanos, surgió en México a partir de la exposición La consistencia de los sueños, que se exhibió en 2011 en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Frente a los lectores del Nobel portugués, reunidos en la megabiblioteca, Del Río expresó que lanzar dicha iniciativa, que llegara a la conciencia de las personas y a la Organización de la Naciones Unidas, puede parecer utópico o ridículo, pero lo que es ridículo, patético y absurdo es la situación que vivimos millones de personas en el mundo, condenadas a una vida miserable para llegar a una muerte miserable, y citó al homenajeado: Siempre acabamos llegando adonde nos esperan.

La presidenta de la Fundación Saramago argumentó que exigir una vida mejor no es absurdo ni ridículo en estos momentos en que el poder económico está acabando con la humanidad. Como ciudadanos, tendríamos que exigir que se cumplan derechos como la sanidad, la vivienda, el trabajo, la ética, la participación política, la libertad de expresión y el acceso a medios que no sean exclusivamente privados.

Poder frente al miedo

Afirmó que en estos días, ecologistas, científicos e intelectuales analizan la necesidad de formular una carta de deberes del ser humano, como la que el Nobel propuso cuando recibió el galardón, y que coincidió con el 50 aniversario de la Declaración universal de los derechos humanos. Todo lo dicho se va a articular, va a pasar por distintos foros; se pretende que en un futuro muy próximo esté en marcha, se lance y se lleve a las tribunas convenientes, precisó Del Río.

La Carta de deberes humanos, consideró Del Río, permitirá el “empoderamiento de los ciudadanos”, sobre todo ahora que prevalece el miedo de perder lo poco que se tiene. La resignación es la gran doctrina, y me parece que eso está redefiniendo a nuestra sociedad. Ya no tenemos esperanza en el futuro, tenemos miedo de cómo va ser esto o cómo vamos a salir. Empezamos a tener miedo y ante eso nos vamos echando para atrás y nos vamos haciendo conservadores, de la nada.

Pilar del Río volvió citar a Saramago: En el interior de cada país está su destino.

En el conversatorio, al que también asistió Jorge F. Hernández, el director de la Biblioteca Vasconcelos, Daniel Goldin, sostuvo que el tema de los deberes del hombre y de las mujeres es pionero, sobre el que pocos se atreven a reflexionar.

Fabiola Palapa Quijas
Periódico La Jornada (28 de junio de 2015)"

"O ano de 1993, de José Saramago" de Kellen Pavão através "Universo dos Leitores" (02/07/2015)

Pode ser consultado e lido, aqui
em http://www.universodosleitores.com/2015/07/o-ano-de-1993.html

"O ano de 1993, de José Saramago". por Kellen Pavão

"E porque os antigos deuses haviam morrido por inúteis os homens descobriram outros que sempre tinham existido encobertos pela não necessidade."

(Imagem da capa da obra "O Ano de 1993", edição da Companhia das Letras)

Quando eu pensava que José Saramago já havia me surpreendido o bastante, percebi que ainda não conhecia o livro "O ano de 1993". O livro que em 2015 completa 40 anos de publicação, traz difere da maioria de seus romances e destaca o ótimo trabalho do escritor se aventurando no gênero fantasia . O romancista português, que é conhecido por sua capacidade quase camaleônica de se comunicar, já publicou ensaios, romances, distopias e até passeou pelo universo infantil. 

Desta vez Saramago ousou e provou sua originalidade em uma distópica previsão do ano de 1993. A história traça um futuro hipotético onde os humanos caminham em um mundo devastado e dominado por forças ocultas, que utilizam a violência para manter homens e mulheres sob controle. Animais mecanicamente modificados são utilizados para guardar e aterrorizar as hordas humanas que perambulam sem destino e sem objetivo.

O inimigo é "invisível" e os humanos já não conseguem identificar o que há por trás dos ameaçadores animais mecânicos, permanecendo oprimidos por táticas de guerra que massacram, devastam e violam em favor do governo.

"Todas as calamidades já haviam caído sobre a tribo a ponto de falar da morte com esperança."

Há violência, angústia e medo em meio ao caos, o que impossibilita grandes perspectivas com relação ao futuro. A perda da intimidade, da privacidade, o retorno a hábitos primitivos, e a relação dos humanos com a sexualidade são alguns dos efeitos de tanta repressão. 

Entretanto, apesar de todo caos e das baixas perspectivas também há esperança alimentada pelo instinto de sobrevivência.


É interessante observar que Saramago constrói sua história com elementos de épocas bem distintas: máquinas e tecnologia avançada contrastam com a volta do homem às cavernas, em um looping que nos faz refletir sobre o destino da humanidade e a relatividade do tempo, além de nos fazer questionar as "influências invisíveis" às quais estamos submetidos. A linha que separa os humanos de outras espécies torna-se bastante tênue e o homem retorna à hábitos primitivos diante da ausência de referências e da necessidade de sobrevivência.

Vale lembrar que o livro foi escrito pouco depois da Revolução dos Cravos e acaba consagrando-se como uma forte crítica aos regimes ditatoriais e a todo tipo de repressão. 

"Gostar é provavelmente a melhor maneira de ter, ter deve ser a pior maneira de gostar."

A história, que faz fronteira entre frase e verso, é bastante peculiar e combina situações e personagens inverossímeis. Por isto, apesar das frases curtas e do texto aparentemente simples, não recomendo O Ano de 1933 para um primeiro contato com os livros de Saramago, já que a narrativa peculiar pode dificultar as primeiras impressões sobre as obras escritor. No entanto o livro é um grande presente aos admiradores do vencedor português do Nobel de literatura e certamente agradará aos fãs de fantasia por meio ao cenário apocalíptico singular imaginado por Saramago.

Kellen Pavão
"28 anos, administradora do blog Universo dos leitores, apaixonada por leitura, formada em direito e servidora pública nas horas vagas. Gostaria de ter leitura dinâmica e tem extrema dificuldade em falar de si mesma na terceira pessoa. Enquanto ainda não tem tempo e dinheiro para conhecer o mundo viajando, conhece pessoas e lugares através dos livros, e acredita que desta forma pode ir para onde quiser. Nutre um imenso fascínio por pequenos prazeres e manias, e se encanta com as formas poéticas de descrever a vida, o que inclui a música, literatura, dança, cinema e artes. Tem imaginação fértil, já quis ser bailarina e astronauta. Não gosta de arte moderna, adora aprender, não vê a hora de começar o curso de letras e não vai esperar se aposentar pra fazer todas as graduações que tem vontade de fazer."

"E pur si muove" no Blog/Livro "O Caderno 2" - das descobertas de Galileu Galilei e da União Ibérica

A propósito das conturbações politicas que se vivem na Grécia e um pouco por toda a Europa, sob risco de se alastrar a outras paragens, trago o presente texto. Aborda a necessidade de olhar para as evoluções, para as movimentações das massas e suas necessidades. O que hoje se discute não será mais do que a concretização do que acontecerá no futuro.

Pode ser consultado e lido, aqui

(Iluminura de Galileu Galilei)

"E pur si muove"
"Com os dados da sondagem ainda quentes, o jornal “El País” já me estava a pedir um comentário sobre a eventual união dos povos que compõem a Península Ibérica. O que vem a seguir é o que enviei a Madrid acerca deste melindroso assunto. Melindroso, delicado, polémico e conflitivo assunto em que não tem sido impossível chegar a acordo ao menos para discuti-lo seriamente.
“E no entanto move-se”. Estas palavras tê-las-ia dito num sussurro quase inaudível Galileu Galilei ao terminar a leitura da abjuração a que havia sido forçado pelos inquisidores-gerais da Igreja Católica em 22 de Junho de 1633. Tratou-se, como se sabe, de obrigá-lo a desmentir, condenar e repudiar publicamente o que tinha sido e continuava a ser sua profunda convicção, isto é, a verdade científica do sistema coperniciano, segundo o qual é a Terra que gira à volta do Sol e não o Sol à volta da Terra. O estudo do texto da abjuração de Galileu deveria fazer-se com a conveniente atenção em todos os estabelecimentos de ensino do planeta, fosse qual fosse a religião dominante, não tanto para confirmar o que hoje já é uma evidência para toda gente, que o Sol está parado e a Terra se move ao redor dele, mas como maneira de prevenir a formação de superstições, lavagens de cérebro, ideias feitas e outros atentados contra a inteligência e o senso comum.
Não é, porém, Galileu o objecto primeiro deste texto, mas algo mais próximo de nós no tempo e no espaço. Refiro-me ao Barómetro Hispano-Luso do Centro de Análise Social da Universidade de Salamanca, hoje publicado, sobre as eventuais possibilidades de criação de uma união entre os dois países da Ibéria com vista à formação de uma Federação hispano-portuguesa. Os leitores que acompanham regularmente estes e outros comentários meus estarão lembrados da polémica, adornada com uns quantos insultos escolhidos e umas quantas acusações de traição à pátria, que o meu prognóstico de uma união desse tipo suscitou há tempos. Ora, de acordo com a sondagem da Universidade de Salamanca, 39,9% dos portugueses e 30,3% dos espanhóis apoiariam essa união. As percentagens mostram um sensível avanço, quer num país quer no outro, em relação a cálculos feitos nessa altura. Os que rejeitam a ideia constituem um pouco mais de 30% das pessoas consultadas, isto é, 260 dos 876 cidadãos para o efeito entrevistados nos meses de Abril e Maio deste ano.
Ao contrário do que geralmente se diz, o futuro já está escrito, nós é que não temos ainda a ciência necessária para o ler. Os protestos de hoje podem tornar-se em concordâncias amanhã, também o contrário poderá suceder, mas uma coisa é certa e a frase de Galileu tem aqui perfeito cabimento. Sim, a Ibéria. E pur si muove. (29 de Julho de 2009)"