Perguntam-me não raras vezes:
- "Qual o livro de José Saramago que mais gostaste de ler?"
A resposta que pode ser dada a cada momento:
- "Impossível de dizer... não sei responder, não seria justo para com outros (livros) não nomeados. Mas uma coisa sempre soube. Uma obra de Saramago, enquanto "pseudo ser vivo" ou com "gente dentro" tem que me raptar, prender-me, não me deixar sair de dentro das suas páginas. Fazer de mim um refém, e só me libertar no final da leitura... mesmo ao chegar à última página. Aí, o "Eu" leitor que se mantém refém, liberta-se da "gente que a obra transporta dentro" e segue o seu caminho.
Mas segue um caminho que se faz caminhando, conjuntamente com mais uma família"

Rui Santos

segunda-feira, 13 de junho de 2016

"¿Por qué leer a José Saramago?" artigo de opinião de Gonzalo Mas publicado no "Confidencial" (Managua, Nicarágua - 10/9/2013)

Artigo de opinião de Gonzalo Mas, publicado no "Confidencial" (Managua, Nicarágua - 10/9/2013)
Pode ser recuperado e consultado aqui,
em http://confidencial.com.ni/archivos/articulo/13730/iquest-por-que-leer-a-jose-saramagon

"¿Por qué leer a José Saramago?"

"Saramago fue un idealista que defendió sus ideas con solidez hasta el último día de su vida

El día 18 de Junio del 2010 escribí un artículo que nunca publiqué. Empezaba así: “Yo estoy en contra de la muerte, la considero de mal gusto. Quiero aprovechar el espacio que me brinda este periódico para  dejar claro que, a partir de ahora, todos aquellos a los que aprecie o admire que  incurran en ella, pasarán a formar parte de mi lista negra. Para su información, mi lista negra es un papel en blanco con el nombre de José Saramago escrito en él…” El día 18 de Junio del 2010  estaba rabioso y triste. Ese día moría Saramago, uno de mis escritores favoritos.

El primer libro de Saramago que leí fue “La Caverna”: Es la historia de Cipriano Algor, un alfarero de 64 años quien mantiene un estilo de vida tradicional y ve cómo la sociedad que le rodea evoluciona demasiado rápido mientras él, incapaz de adaptarse, se siente relegado.

“La balsa de piedra” es la historia, casi surrealista, de cómo la Península Ibérica un buen día se desprende del continente europeo y comienza a navegar hacia el medio del océano atlántico. El texto explica cómo una serie de personajes que nada tienen que ver los unos con los otros viven atónitos ese viaje alucinante.

Estas dos novelas inmediatamente me capturaron por el personalísimo estilo musical de sus infinitas frases y por lo entrañable de los personajes descritos en ellas.

Después leí “El evangelio según Jesucristo”. Su temática era a la vez tradicional y novedosa: El libro narra la vida de Jesucristo enfocada desde un ángulo diferente, dando especial importancia a los personajes de San José y al de María Magdalena (respectivamente el padre y la mujer de Jesucristo). La narración parecía apoyar la teoría de que la Iglesia había tratado de eclipsar la figura de María Magdalena dando una exagerada importancia a la figura de la Virgen María. ¿Por qué? Porque para la clásica iglesia, la presencia de una prostituta como la Magdalena, incomodaba. De la misma forma, incomodaba la figura de San José: Recordemos que Cristo es hijo de Dios. Demasiado José podría confundir a los feligreses. Según Saramago, para la iglesia era necesario relegar a José a un segundo plano.

Estas lecturas me hicieron caer irremediablemente a los pies del escritor portugués. Tanto es así que empecé a estudiar la lengua lusa: Quería poder leer sus libros en su idioma original. Durante cuatro años asistí a cinco horas semanales de portugués… El problema es que Saramago, como el gran escritor que era, hacía uso de una infinita variedad de vocabulario que me hacía imposible comprender completamente sus textos. Y yo no estaba dispuesto a perderme ni un ápice, ninguna sutileza del significado de sus libros.

Por otro lado, la ventaja que tenían las traducciones de Saramago al español era que él (perfectamente bilingüe en portugués y español) las supervisaba personalmente. Además, y sobre todo, la persona que llevaba a cabo esas traducciones era su esposa, la periodista Pilar del Rio: La calidad de esas traducciones parecía asegurada.

Tras la publicación de “El evangelio según Jesucristo” Saramago decidió dejar Portugal: El país, profundamente católico, no encajó bien las ideas expuestas en esa novela y Saramago decidió abandonarlo. Se fue a las Islas Canarias, en concreto a Lanzarote.

Las Canarias son unas islas hermosas. Me llamó la atención que, una vez, un compañero de trabajo las definiera como “América Latina en el primer mundo”. En cualquier caso, hace unos años fui a pasar unas vacaciones a Lanzarote. Allí acudí a la que fue la  casa de José Saramago durante los últimos años de su vida (su hogar había sido convertido en museo recientemente). Pudimos ver la hermosa casa donde él escribió muchas de sus novelas, su extensísima biblioteca y hasta la cama en la que pasó sus últimas horas.

La simpática guía que nos acompañaba nos llevó por fin a la cocina de la casa. ¿Adivinen a quien nos encontramos nada más abrir la puerta? Preparando café estaba la mismísima Pilar del Río, la mujer de Saramago, su traductora, su compañera (“Me he hecho un poco de pis de la emoción”, fue todo lo que alcancé a susurrar a mi acompañante).

Pilar del Río nos invitó a sentarnos en su mesa y compartir con ella un café. Nos explicó que Saramago siempre se quejaba de lo malo que era el café en España y que solo bebía café importado de Portugal hecho por la cafetera de la que salía el café que estábamos tomando en ese momento. (“Seguro que Saramago hubiera apreciado un buen café nicaragüense”, pensé).

Lo entrañable de los personajes, su estilo personalísimo e inigualable, la musicalidad de sus textos… Podría estar enumerando miles de motivos por los cuales les recomiendo vivamente leer a José Saramago. Pero quizás lo que más apreciaba de él era esa tendencia constante suya a ponerse del lado de los desfavorecidos, de los oprimidos. Saramago fue un idealista férreo que defendió sus ideas de izquierda con solidez hasta el último día de su vida.

Pasada la indignación inicial que su muerte provocó solo cabe, hoy, decirle una cosa: Te echamos de menos."

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