Perguntam-me não raras vezes:
- "Qual o livro de José Saramago que mais gostaste de ler?"
A resposta que pode ser dada a cada momento:
- "Impossível de dizer... não sei responder, não seria justo para com outros (livros) não nomeados. Mas uma coisa sempre soube. Uma obra de Saramago, enquanto "pseudo ser vivo" ou com "gente dentro" tem que me raptar, prender-me, não me deixar sair de dentro das suas páginas. Fazer de mim um refém, e só me libertar no final da leitura... mesmo ao chegar à última página. Aí, o "Eu" leitor que se mantém refém, liberta-se da "gente que a obra transporta dentro" e segue o seu caminho.
Mas segue um caminho que se faz caminhando, conjuntamente com mais uma família"

Rui Santos
Mostrar mensagens com a etiqueta joan morales alcúcia. Mostrar todas as mensagens
Mostrar mensagens com a etiqueta joan morales alcúcia. Mostrar todas as mensagens

sexta-feira, 17 de junho de 2016

"Un Cuento para José" de Joan Morales Alcudia


Quando se assinalam os 6 anos da morte de José Saramago, recupero o conto da autoria de Joan Morales Alcudia, (Barcelona, Espanha), intitulado "Un Cuento para José" (2015).
O autor reconhecido estudioso da obra de José Saramago, tem publicado diversas matérias, nomeadamente o livro "Saramago por José Saramago", da Editorial El Páramo (2013).
Mais informação sobre o autor, aqui

Joan Morales Alcudia e José Saramago (Universidad Menéndez Pelayo, Agosto 2000)

"Un Cuento para José" 
Pode ser descarregado aqui, 

A José y Pilar, por regalarme su tiempo

"La vida, esa misma vida que había creado el Universo junto a Siete lunas y a Cuatro soles para que brillasen eternamente, hizo que en aquella radiante tarde del mes de junio, ambos anduviesen enredados en una misma nube. El cielo, que jamás había asistido a un espectáculo tan extraordinario, contemplaba para entonces los rostros de ambos planetas tomando sin proponérselo lo más invisible y bello. El crepúsculo- si es que realmente todavía se le podía continuar llamando de ese modo - dibujaba sus últimas pinceladas tiñendo de rojo los paisajes.

El sol que se ha unido con su luna, la luna que se ha unido con su sol; amándose, sintiendo el frío, el calor, el miedo, la duda, la sombra de la expectativa- la del uno, la del otro, la del otro con la de la una, la de la una con la del otro- aturdidos en el asombro más efímero y cotidiano ¡cuán idénticos no eran ambos en sus respectivas incertidumbres!

“No tengo palabras”- le había dicho momentos antes Siete lunas: “No necesito de tus palabras, me basta con tu presencia”- le había respondido Cuatro soles: “Siento frío, abrázame: tengo miedo, mucho miedo. Haz que tus rayos aniquilen mis temores”. “Sabes bien que no puedo hacerlo”- dijo él.
“¿Entonces?”. “No tengo respuestas… acaso sólo tenga que preguntas”. “Entonces, ofréceme todos tus interrogantes, Cuatro soles” - le pidió Siete lunas. “Está bien: sabes lo mucho que te necesito…pero no tengo certezas. Desconozco hasta qué punto convergerán nuestras órbitas, nuestras trayectorias, nuestros destinos- si prefieres tal palabra-, pero, acaso y, a pesar de todo: ¿no crees que sería muy hermoso si nos dejásemos llevar? ¿No crees que sería muy bonito tratar de aprender a convivir con la incertidumbre aceptando que hay un riesgo? Por lo que a mí respecta, sabes bien que no me faltará jamás ilusión para ello… ni paciencia, como que tampoco” - añadió Cuatro soles en un último destello.

Siete lunas se aproximó a uno de sus rayos. Callada, en silencio. Contemplaba un gran vacío desde el agujero más profundo del firmamento - o, al menos, eso le pareció a Siete lunas. Sus ojos, los de él, desarbolados, definitivamente ahogados en la presencia de Siete lunas, reclamaban cuanto antes la necesidad de una brasa de oscuridad para difuminar sus temores tanto o más que ella necesitaba de todas y cada una de sus confirmaciones para disipar definitivamente su particular ramillete de angustias- o tal vez fuese lo mismo planteándolo al revés. Él ¡la quería tanto! “No sabes lo duro que resulta querer dar lo mejor de ti y no tener una luna con la que compartirlo: Es…es… horroroso… ¡horroroso!”- dijo Cuatro soles apagando las palabras: “Te quiero, Siete lunas: te quiero muchísimo”. “No digas eso, Cuatro soles: Tengo miedo, miedo de no cubrir tus expectativas” “¿Y quién no lo tiene viviendo en el Universo?- le respondió él. “No sabes lo que me alegra” “Lo sé: me basta con asomarme a los luceros que contemplas cada noche”. Un mar de zafiros blancos enlazaba ya sus órbitas.

“No hace falta que sigas regalándome más palabras ¡no te imaginas cómo me gustaría saber utilizar las mías con tanta profundidad!”- le confesó ella: “Ssshh, calla, calla… no sigas…por favor, no sigas… No digas nada: tu silencio es un bien igual de valioso”- dijo él, para añadir: “ me basta con saberte cerca de mí, con sentir el latir de tu corazón, la franqueza de tu sonrisa, esa nobleza tan hermosa, la luz de tu pelo alborotado”

“¡Para, para! vas a hacer que me ruborice”- replicó Siete lunas. “Acércate, quiero sentir tu frío; esa luz que yo no tengo”- le respondió Cuatro soles. “Tengo miedo a defraudarte, Cuatro soles; mucho miedo” “No temas, acércate: te necesito para vivir tanto o más que a mi propio…”- y aquí, iba a decir corazón, cuando su condición planetaria le aconsejó mejor usar la palabra núcleo: “Hasta ahora, sólo he vivido de sueños”- agregó él. “¿Y?” “Que con tu presencia siento que ya no voy a necesitarlos por el resto de mis días. Déjame ver tu otra cara, permíteme que ilumine todos tus rincones. Déjame que descubra tus facetas más oscuras. Déjame entrar en ti con las llaves de mi brillo. Por favor, déjame estar a tu lado. Necesito descubrirte con caricias y con besos” “Me asustas: necesito tiempo” “¿Acaso no te basta con toda la eternidad? Pídeme que pare el tiempo si es eso lo que deseas: sabes que por ti lo haría. ¿A las cuatro va bien? Bien sabes que soy incapaz de hacerte daño: Me lo impide mi propia fragilidad. Quiero orbitar a tu lado. “Pero tú…-dijo Siete lunas… ¡no me conoces!” “Lo sé, ¿y tú, acaso te conoces a ti misma?” “No quisiera hacerte daño”- dijo ella: “Más daño me harías si no me dejaras intentarlo”- sentenció él. Y añadió: “Pero si has de clavarme un puñal de mentiras en el futuro, hazlo ahora con tu lado oscuro… y olvídame sin más: Siempre he sentido una gran atracción por los planetas sinceros….¡y tu lo eres!”

Siete lunas parecía desear alejarse por momentos. Sin embargo, como si estuviesen predestinados a ello, sus orbitas, volvieron a cruzarse de nuevo.

“¿Sabes? Tengo un lado muy oscuro….” “Y yo todo el tiempo del mundo para tratar de comprenderlo” “Lo digo en serio, Cuatro soles” “Te quiero” “¿Con mis zonas oscuras, incluidas?”- dijo ella: “Por supuesto, no sería quererte si no fuese de ese modo. Lo cierto es que, sin ellas, no serías más que una parte de la luna y no una luna entera, ¡una mentira cochina, vamos!- esto último tan sólo lo pensó- y yo, como podrás comprender, como que lo que quiero es una luna completa. Para partes, me basta con un trozo de sandía”. Siete lunas sonrió: “Me encanta lo bien que explicas lo celestial yendo hasta lo terrenal” “¿Sabes?- dijo uno de sus más brillantes rayos amarillos: A veces tengo la sensación de que todo esto no es más que una ilusión”. Ella le escuchaba en un silencio casi reverencial: “A veces me preguntas qué quedará de nosotros cuando explosionemos” “¿Puedes ofrecerme respuesta?, contestó un tanto extrañada Siete lunas. “Lo sabes igual que yo: poco, muy poco- por cierto, como a todos los planetas -: polvo, gases. Y con ellos, volarán también las dudas, los miedos, las quimeras, los sueños, los anhelos, las desesperaciones, las alegrías, los llantos. Apagarnos, colapsarnos, e irnos. Es ley galáctica, ley del Universo.

Para entonces, aquellos fantásticos sueños que se habían fusionado en el preciso momento en el que Cuatro soles acarició con un rayo de luz a Siete lunas, dieron paso a una explosión de alegría en la conciencia de que, ni que fuese por unos instantes, ambos podrían tender ciertos puentes como planetas: “¿Me dejas ser tu laurel?” “Y tú, ¿me permitirías que te elevase con mi pico?”. 

Aquella madrugada, la Tierra, engalanó todos y cada uno de los confines del cielo con auroras boreales."

© Joan Morales Alcúdia

quarta-feira, 17 de fevereiro de 2016

"Lembranças de Saramago, meu professor" de Joan Morales Alcudia (Revista Blimunda #21 Fev./2014)


(Capa do artigo - Página 70)

O artigo de Joan Morales Alcudia, está disponível para consulta e leitura na "Revista Blimunda" (páginas 70 a 75) aqui 

"No verão do ano 2000, José Saramago orientou na Universidade Menéndez Pelayo de Santander, Espanha, um curso de literatura. Foram quatro dias de encontros, em que o escritor conversou com cerca de 170 alunos sobre a sua obra e o seu ofício. O catalão Joan Morales Alcudia foi um dos presentes. Treze anos depois, o professor espanhol decidiu compartilhar aquela experiência com os demais leitores e admiradores de Saramago. Escutou com atenção as fitas que guardava em casa e que registavam as palavras do Prémio Nobel de 1998, acrescentou ao material comentários e impressões suas, e publicou o livro Saramago por José Saramago (El Páramo, 2013). Morales escreveu para esta edição da Blimunda um texto em que recupera lembranças daqueles dias com o «professor» Saramago. 

Tive a sorte de ser aluno no curso que José Saramago orientou no Palácio da Magdalena da Universidade Menéndez Pelayo de Santander no ano 2000. Éramos por volta de 170 os privilegiados que assistimos àquelas aulas. O título do curso era «José Saramago, os modos e os fins de sua escrita». Nele, José, durante quatro dias, em jornadas de manhã e de tarde, foi-nos desfiando os segredos de cada um dos seus romances. Transcorridos mais de treze anos sobre aquele curso, a memória e as anotações que fiz na época servir-me-ão agora para ativar as recordações de dias inesquecíveis.
 
Quando penso em Saramago no papel de professor, a primeira coisa que me vem à cabeça é a capacidade didática que tinha. Como conseguia enlaçar um discurso coerente, cheio de matizes, e no qual cabia quase tudo: desde a ironia mais fina até à indignação mais sentida. Um discurso que não precisava de anotação prévia para aparecer em sala de aula com total naturalidade e que, como ele mesmo nos confessou, era construído em torno do facto de «estar pensando em voz alta».
 
O Nobel era capaz de falar horas e horas e fechar o círculo da sua intervenção com a frase com que havia começado o discurso. Jamais vi alguém falar daquela maneira. Era uma sensação agradável, singular: como se estivesse a redescobrir o valor real da linguagem e das palavras. Uma multidão de emoções surgiram naquela sala onde Saramago nos foi debulhando a sua obra. Ideias e emoções que podíamos compartilhar no momento dos debates: «São doze menos um quarto. Agora vamos às conversas. Vamos conversar, já era hora. Eu não sei como orientar isso, mas... Não sei como se organiza isso, mas vamos a organizar-nos, claro, não há um microfone? Não há?»
 
Debates nos quais houve momentos para tudo: para rebater o fundamento da crença, para tentativas de pedantismo acompanhadas de sinais mal dissimulados de promoção pessoal, para o riso, para a reflexão... Mas, acima de tudo, para a dúvida. Saramago já nos havia alertado a respeito quando afirmou, nem bem iniciado o ateliê, que não sabemos para que nascemos: «À exceção, está claro, de um príncipe que, se não vem a República, nasceu para Rei, nasceu para ser Rei.» 

No entanto, talvez nasçamos, sim, para dizer o que somos. Para que alguém nos escute. Para ficarmos fugazmente fixados na memória dos homens. Para ser um conto cuja única finalidade seja a de ir passando de geração em geração até desaparecer. Como dizia José em um dos seus escritos: somos contos de contos. 

A minha vida no Palácio da Magdalena transcorreu, naqueles dias de verão, entre o diagnóstico certeiro e uma das mais lúcidas reflexões em torno do estado do mundo que alguma vez ouvi: 
O que eu digo quando digo que «o homem não tem remédio», é que o homem não tem remédio na circunstância atual. Como vivemos, o que estamos fazendo com a vida. Não temos remédio porque o remédio ainda não foi encontrado. E eu penso que a única circunstância que poderá levar-nos a encontrar o remédio é o reconhecimento, não direi da totalidade dos seis bilhões mas de uma maioria de pessoas, de que para onde estamos a levar a Terra,o mundo, e a vida, chegaremos ao desastre. Desastre que já se anuncia, que já está por aí, mas que chegaremos ao desastre total.

Um consenso no qual, em palavras do próprio Saramago, os meios de comunicação também têm um papel muito importante a jogar: 
Os meios, os meios, o que chamamos de meios... A televisão serve-nos todos os dias o nosso prato sangrento de um, dois, três ou quatro mortos e de tudo isso. E nós lamentamos muito, protestamos inclusive contra essa violência. Ou seja: «este mundo»... Mas aonde quero chegar é que há que se fazer algo mais. Há que fazer algo mais. E volto aos meios, que têm toda a responsabilidade do mundo, porque dão a notícia e ponto, nada mais. Pode ser que comentem em algum editorial que ninguém lerá. Mas uma postura didática, no sentido positivo, mais positivo que tenha dos meios... Os meios não têm de simplesmente dar a informação e deixar que cada um faça dela o que quiser. Têm que ter uma responsabilidade, ou duas: a responsabilidade da opinião, da informação, e a responsabilidade acrescida do dever de ter uma opinião sobre isso. Porque se os meios não dão o exemplo de ter uma opinião, a cidadania não encontra motivo para tê-la. Aprendemos com o que vemos. Aprende-se com o que está a acontecer. A aprendizagem faz-se sempre com o outro. É o outro que nos ensina por aquilo que está a fazer e pelo que sabe, ou pelo que soube. Se os jornais, a televisão, dizem: aqui está a informação, e pronto, a informação não basta. E tampouco quero que um jornal, uma televisão, me deem a opinião que tenho que ter. Não se trata disso. Mas isso não os isenta de ter e de expressar uma opinião. Porque só no confronto de opiniões é que podemos ter uma ideia mais ou menos próxima do que sabemos, de que sabemos em que mundo estamos, e que, mais ou menos, sabemos que vida é esta que levamos.

No meio disso, e enquanto se gerava tal consenso, a maioria dos ali presentes gastávamos o nosso tempo buscando a felicidade:
– Perdão que o interrompa, mas somos uma história de nós mesmos, da pequena infância, das frustrações da vida, que às vezes impedem que cheguemos a ser felizes.
– Às vezes impedem o quê?
– Às vezes impedem que sejamos felizes. Perguntei no ano passado sobre isso, sobre a felicidade...
– Bom, você quer uma vida sem frustrações?
– Não, eu tenho muitas. Tenho muitas frustrações, por isso é que lhe perguntei precisamente sobre a felicidade. Ao senhor, que é um Prémio Nobel. Eu não tenho uma resposta.
– Não, mas veja só... Eu repito o que disse antes, para mim a palavra felicidade é uma palavra vazia de conteúdo. Vazia de conteúdo. O que é isso? Que é isso de felicidade? E quanto tempo dura? E em que circunstâncias? E com quem? E para quê? E como? Sim, quando eu digo que em lugar de felicidade eu prefiro dizer harmonia, harmonia onde o conflito pode estar, é uma harmonia que nasce... Olhe só, vamos ver. Se eu digo que estou mal, que estou mal no mundo onde estou a viver é difícil dizer: mas como é que você, se se sente mal no mundo em que vive, pode falar de harmonia? Eu diria que é outro tipo de relação. Eu vivo em harmonia com a minha ideia de mundo, com uma ideia de humanidade, com uma ideia de consciência que talvez um dia possa realizar-se, ou que talvez não se venha a realizar, porque é um equívoco meu. Mas a felicidade... eu às vezes digo que não resiste a uma dor de dentes. Pois, frustrações... disso a vida está cheia, não?

Também me recordo como a sala se enchia de silêncio, especialmente de cada vez que entrava Deus em cena: 
Mas eu creio que a invenção de deus, que é uma invenção humana, é realmente algo verdadeiramente assombroso. É que chegámos a inventar deus! É que não só inventámos a televisão – que é uma espécie de deus, claro: um deus um pouquinho mais pequeno, um pouquinho mais pequeno. Por causa da morte natural, pelo facto de que não podemos viver mais do que o que temos que viver, e que essa vida eterna não é a do corpo. Será outra coisa, ou seria outra coisa. Mas nós somos o corpo. Somos o corpo. Que o corpo seja o habitáculo da alma, bom, tudo bem, de acordo. É-me indiferente. Mas sem o corpo, não chegamos a lugar nenhum. Inclusive, o cérebro, onde está? É material, não é espírito. Porque se levássemos dentro da cabeça um espírito no lugar dessa coisa um pouquinho repugnante que é o cérebro humano, essa coisa cinza, mole, que não sabemos por que funciona, se no lugar disso levássemos um espírito, se a cabeça fosse oca, se fosse oca, mas tivesse dentro um espírito imaterial, porque como espírito que era... Ou seja, pois sim: tudo está muito claro! Não, é tudo química! É tudo química!

Foram dias intensos aqueles em Santander. Dias a partir dos quais a química dos nossos cérebros, provavelmente, não voltou a ser a mesma. Uma química que, no meu caso pessoal, acabou por se transformar em paixão. Nesse sentido, Saramago converteu-se, para mim, além de um referente ético imprescindível, nesse farol tão necessário para sair das trevas que nós, seres humanos, fomos criando ao longo da história. Procuremos na sua obra, e encontraremos os caminhos para abandonar o reino da escuridão. Pessoalmente posso compartilhar o seu pensamento, mas sempre me parecerá insuficiente diante do que José Saramago me ofereceu naquele verão do ano 2000. Muitíssimo obrigado por tudo, Don José."


Também pode ser consultado anterior post, sobre Joan Morales Alcudia, aqui

«Recuperação do momento do lançamento da obra 
"Saramago por José Saramago" de Joan Morales Alcúcia»

A notícia pode ser consultada e lida, através do site "La Voz de Lanzarote", aqui



domingo, 13 de dezembro de 2015

Recuperação do momento do lançamento da obra "Saramago por José Saramago" de Joan Morales Alcúcia

A notícia pode ser consultada e lida, através do site "La Voz de Lanzarote", aqui
em http://www.lavozdelanzarote.com/articulo/sociedad/joan-morales-alcudia-presenta-libro-saramago-saramago/20140123180136086335.html

Joan Morales Alcúdia presenta su libro “Saramago por José Saramago” (Lanzarote - 23/01/2014)
Em "A Casa", Tías - Lanzarote

(Capa da obra com a chancela da "Ediciones El Páramo"
    
"El escritor y profesor Joan Morales Alcudia ha presentado este jueves su libro “Saramago por Saramago” (Ediciones El Páramo), en un acto que ha tenido lugar en la Biblioteca Saramago, en A Casa, en Tías. Posteriormente, ha mantenido un encuentro con lectores, donde se ha servido una copa de vino de Lanzarote."

Presentación del libro "Saramago por Saramago". (Fotos: Sergio Betancort)

"Joan Morales Alcudia, es consultor de psicosociología y licenciado en Técnicas de Investigación de Mercado, así como profesor de la Universitat Oberta, de Cataluña. El escritor ha querido depositar su libro en la Biblioteca de José Saramago, en la Biblioteca municipal de Tías y en la Biblioteca insular como homenaje al Nobel portugués, al que conoció hace 14 años y sobre el que ha trabajado desde entonces.

Fue en el verano de 2000, cuando José Saramago impartió un curso de verano en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander. Uno de sus alumnos era Joan Morales, que registró las distintas intervenciones, ahora transcritas en el volumen “Saramago por Saramago”.
“Contiene a José Saramago en sus reflexiones y en los textos que Joan Morales, para mayor exactitud, traslada de distintos libros, ya sean novelas, Cuadernos de Lanzarote o Discursos de Estocolmo”, afirma Pilar del Río en el epílogo.

El libro de Joan Morales Alcudia se convierte así en una herramienta para el conocimiento de la obra del autor portugués, que vivió 18 años de su vida en Lanzarote, donde escribió libros fundamentales como "Ensayo sobre la ceguera", "El hombre duplicado", "Las Intermitencias de la muerte" o "El viaje del elefante", entre otros."  

Joan Morales Alcúcia e Pilar del Río (Fotos: Sergio Betancort)

  
Entrevista a Joan Morales Alcúdia
“Saramago era un ser comprometido hasta la médula”

Para ser consultada e lida, aqui

(Universidad Menéndez Pelayo, Agosto 2000)

Por Elga Reátegui

"Su admiración por la obra de José Saramago le ha llevado a convertirse en uno de los principales difusores de la literatura del Nobel portugués, y es que no hay otro tan calificado como él, aparte de  Pilar del Río, claro está, para llevar a cabo esta misión. La  pasión del escritor catalán Joan Morales Alcúdia por los libros de Saramago se acrecentó cuando lo conoció y pudo tratarlo durante un seminario que el autor impartió en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander, en agosto del 2000.
Precisamente de esa experiencia y tras un arduo trabajado de 14 años, sale a la luz el libro Saramago por  José Saramago.
“Tenía un material muy valioso: las grabaciones del seminario al cuál asistí. Cuando las escuchaba en casa, o en compañía de algún conocido, pensaba: “Qué pena que no pueda compartir toda esta sabiduría”. Y de ahí arrancó todo: de esa conciencia”.

¿Cómo alguien con una formación totalmente ajena al mundo de la literatura llega a publicar libros tanto de narrativa como de poesía, e incluso a animarse a escribir uno que podría incluirse en el ámbito de la autoayuda?
Bueno, tampoco puede decirse que eso sea exactamente así. Si bien es cierto, que en lo que podríamos llamar como educación formal se refiere, he estudiado disciplinas que tienen más que ver con la economía y el marketing que con la literatura, siempre he sentido una enorme curiosidad por otros ámbitos del conocimiento. Y es precisamente de ahí, de esa curiosidad, de donde nace la necesidad de escribir libros que tienen bastante poco ver con mi formación universitaria.


Un libro de cuentos sobre las relaciones humanas ¿En qué momento exactamente siente el llamado de la escritura y cómo lo recibió?  ¿Cuando la literatura toca a la puerta hay que abrirle siempre?
Resulta complicado ponerle una fecha concreta a cuando sentí ese supuesto llamamiento a escribir. Mi madre siempre dice que, ya de niño, y bien pequeño, yo prefería leer a jugar con los juguetes.  En ese sentido, coincido con Saramago en que la lectura es, y será siempre, un prerrequisito imprescindible para un día poder llegar a escribir algo. Es cierto también que en el colegio disfrutaba muchísimo inventando relatos para la revista de clase (un conjunto de folios fotocopiados y grapados). Y eso, como que se remonta a hace ya bastantes décadas.
En cuanto a tocar la puerta, la literatura, como cualquier otra disciplina, siempre estuvo abierta a que entrase en mi vida. Para mí leer y escribir constituyen dos auténticos placeres. El problema, en este caso, no estriba precisamente en abrirle la puerta, sino en que, una vez abierta, ya no es posible cerrarla.

¿Hubo algún tipo de preparación antes de decidirse a publicar o desde siempre se sintió listo para dar ese paso?
La preparación la hubo desde un punto de vista meramente autodidáctico. En este caso, creo que fue más cuestión de que yo tenía algo para contar que pensaba que valía la pena, y que, por el otro lado, en la otra parte, por así decirlo, hubo personas que vieron o pensaron que así era. Como en un rompecabezas, felizmente, encajaron las dos piezas.

¿Nació primero el poeta o el novelista? ¿Qué diferencias en cuanto a emociones y sentimientos hallamos en  Me enamoré de la Luna y Cenizas de recuerdos?  ¿Exige mayor esfuerzo escribir poesía que narrativa u ocurre al revés?
Nació primero el poeta. La poesía me permitió sentirme seguro para dar el paso posterior a la narrativa. Sin la poesía, hubiese sido incapaz de construir relatos con el ritmo y la cadencia que resultan necesarios para mantener tanto la tensión como  el hilo narrativo.
En cuanto a las diferencias que existen entre Me enamoré de la Luna y Cenizas de recuerdos, en el primero, que es un libro de cuentos sobre las relaciones humanas y el amor, podemos decir que la prosa poética me permitió expresar emociones que resultan universales. Como anécdota, he decir al respecto que en algunas presentaciones ha habido gente que se ha emocionado tanto con la lectura del libro que se me han puesto a llorar. En cambio, Cenizas de recuerdos es un libro de poesía que se estructura a partir de una experiencia más personal, individual, y por lo tanto, más intransferible. En cuanto a lo común, cabe decir que estamos ante dos libros escritos con el corazón y, en ambos casos, profundamente sinceros.

Otra obra escrita desde el corazón y profundamente sincero, como define su autor
A usted le preocupa mucho el sistema educativo del país, de allí el origen de su libro de denuncia EDUKT, ¿cómo lo concibió y qué objetivos ha conseguido con su publicación?
Nuestro sistema educativo es un desastre. Y no lo digo yo, basta con ver los resultados que obtiene España año tras año en los informes PISA. Tras más de 20 años de docencia, me duele comprobar cómo en vez de avanzar, retrocedemos cada vez más en áreas fundamentales como el lenguaje o las matemáticas.
EDUKT es una especie de grito. De hecho, se trata de una novela escrita íntegramente en lenguaje SMS que busca precisamente eso: provocar. Es un libro denuncia, una novela que trata de hacer una llamada en ese gran desierto que es en general la comunidad educativa, para poner en solfa que, si lo que deseamos mejorar realmente es la calidad de la enseñanza, no sólo resulta necesario dotar de más recursos al sistema educativo. Que hay más: unos valores, unas ideas de fondo; aspectos sobre las cuales las diversas administraciones suelen pasar de puntillas.

¿Por qué España está en la cola en cuanto a educación se refiere? ¿Qué ha hecho mal?
Estamos ante una pregunta compleja. Cabe tener en cuenta que sobre la educación inciden múltiples factores. Los cambios sociales siempre tienen y han tenido sobre ella un papel fundamental. En general, en España, seguimos creyendo que la educación es un gasto y no una inversión. Opinando desde la primera línea de combate, y como docente, considero que el sistema está excesivamente burocratizado, y cada vez más orientado a la creación de especialistas. Gente que trabaje, poco o mucho, pero que no ponga en entredicho al sistema. Y si ese es el objetivo final, ¿a qué decir que lo estamos haciendo mal?

¿Un escritor es un inconformista permanente? ¿Qué papel debería asumir en los tiempos actuales?  ¿Su lugar se halla encabezando revoluciones de conciencia?
Un escritor es simplemente una persona que escribe. Que sea inconformista, o no, es una cuestión que  considero que tiene que ver más con una elección personal. Es cierto que, cuando la realidad que te rodea te molesta porque te parece injusta, existen más probabilidades de que acabes tomando partido. Pero no estamos hablando de que el escritor deba convertirse un Mesías, ni en un revolucionario de conciencias. No. Más bien, entiendo que el escritor ha de tratar de exponer su punto de vista acerca de un aspecto determinado de la realidad que le envuelve, que le preocupa, o que, simplemente,  por los motivos que sean, le interesa más explicar 

¿En qué haya motivación para seguir adelante un escritor que recién empieza o uno que ya lleva años y no logra ser conocido por los lectores?
En mi caso, no es el reconocimiento- o no- de los lectores lo que me impulsa a escribir. Se trata, más bien, de la necesidad que tengo de tratar de darle sentido a la realidad que me rodea. Y, particularmente, no encuentro mejor instrumento para ello que no sea el de la escritura.  

Su más reciente obra Saramago por José Saramago está dando mucho que hablar, ¿de dónde nace su deseo de difundir y compartir la obra del Nobel portugués?  ¿En qué momento se llega a prendar no solo de su producción literaria sino de su personalidad?
Desde que leí la primera obra de Saramago- Memorial del convento- sentí que estaba ante una novela especial. Y eso, como que resulta difícil transmitirlo a alguien que no haya leído todavía alguna de sus novelas. Tras leer el resto de su producción literaria, esa idea no ha hecho más que crecer y reafirmarse con el tiempo. Y ha sido esa pasión por compartir dicho sentimiento, lo que me ha llevado a difundir la obra de José Saramago a través del libro Saramago por José Saramago. Un libro, cuyo origen, se remonta a un seminario que el propio autor impartió en la Universidad Menéndez Pelayo en agosto del año 2000.
Por otra parte, y en lo que se refiere a su personalidad, considero que, en este caso, estamos ante un autor en el cual personalidad y producción literaria resultan inseparables: no se concibe al escritor sin su obra ni su producción literaria sin hacer referencia a su autor. Y ambos, obra y autor, unidos bajo un denominador común: la coherencia. 

Ese seminario en la Universidad Menéndez Pelayo marcó un antes y un después en su relación con la obra de Saramago, ¿no es así?
Indudablemente. Fue allí donde tuve la oportunidad de conocer personalmente a José Saramago.

¿En qué circunstancias se le ocurre pensar que el material recopilado debe ser compartido? ¿Cuándo se pone manos a la obra y cuánto tiempo le demandó el trabajo?
Tenía un material muy valioso: las grabaciones del seminario al cuál asistí. Cuando las escuchaba en casa, o en compañía de algún conocido, pensaba: “Qué pena que no pueda compartir toda esta sabiduría”. Y de ahí arrancó todo: de esa conciencia. Luego, recopilé durante cerca de 14 años el resto de material que consideraba necesario para que el libro saliera lo “más redondo” posible. Y, a partir de ahí, tardé aproximadamente un año en redactarlo y en darle la estructura definitiva. 

¿Saramago por Saramago está escrita para leerse en voz alta? ¿De esa manera podemos reconocer con más facilidad su esencia?
El diario El País tituló acertadamente la aparición del libro con el titular: “Leer la voz de Saramago”, una escueta frase que resume a la perfección la esencia del mismo.  En ese sentido, Saramago por José Saramago, es un libro lleno de matices, escrito y transcrito con el objetivo de recoger de la forma más fidedigna posible la voz del Nobel portugués. Personalmente, considero que leerlo en voz alta, es una buena forma de abordarlo.

¿Qué papel jugó Pilar del Río, la viuda del escritor, en este proyecto?  ¿Supervisó el trabajo de cerca? ¿Le impuso pautas o le dejó entera libertad de hacer?
Pilar del Río ha sido fundamental para que este libro viera la luz. En todo momento se mostró respetuosa y me dejó entera libertad para redactarlo. Celebramos el nacimiento del libro en A Casa de Lanzarote. Presentar allí el libro, en el sillón preferido de José, fue algo que no tiene precio. Un sueño. Más allá del papel que jugó en el libro, siento una gran admiración hacia su persona. Como Presidenta de la Fundación José Saramago su labor resulta encomiable. Es una luchadora nata. Decir que es estupenda es apenas decir nada. La aprecio muchísimo. Nunca me cansaré de repetir que le estoy y le estaré siempre eternamente agradecido.

Usted que lo conoció y trató de cerca al escritor, ¿qué fue lo que más le impactó de él como ser humano?   ¿Qué es lo que más recuerda?
Hace unos meses escribí para la revista Blimunda de la Fundación José Saramago un artículo titulado: “Recuerdos de mi profesor José Saramago”. En él decía lo siguiente: “La primera imagen que me viene a la cabeza de Saramago en el rol de profesor en la UIMP de Santander, era su capacidad didáctica. Cómo era capaz de hilvanar un discurso coherente, lleno de matices, y en el que cabía casi todo: desde la más fina de las ironías, hasta la más sentida indignación. Un discurso, que no requería de nota alguna previa para aparecer en el aula con total naturalidad y que, como el mismo escritor nos confesó, construía en torno al hecho de “estar pensando en voz alta”.
Como ser humano, Saramago era un ser comprometido hasta la médula, un escritor con el don y la vocación irrefrenables de darse sin medida a los demás.  Irrepetible. Vital. Extraordinario. Único.

¿En qué aspecto radica la genialidad de Saramago? ¿Trascenderá los tiempos?
En su bondad, en esa misma bondad por la cuál él deseaba ser siempre recordado. Era un genio de la literatura dotado de un gran talento y de una enorme sensibilidad.
En relación a la segunda cuestión, la de si trascenderá a los tiempos, tengo muy claro que tanto la obra como la personalidad de José Saramago son de largo recorrido. De ahí que no tenga la menor duda de que, tanto su legado literario, como su personalidad, perdurarán y lo harán aparecer como uno de los grandes clásicos de la Literatura del S.XX y principios del S.XXI. Ni faltan ni sobran ingredientes para que así sea.

Esa genialidad, bondad y sensibilidad nunca fue ‘entendida’ por sus colegas portugueses, a su parecer ¿qué era lo que más disgustaba a éstos de Saramago?
Si nos referimos estrictamente a sus colegas de profesión, no podemos hablar de que exista una unanimidad en cuanto a que su genialidad, bondad, o incluso, su sensibilidad, fuesen motivo de disgusto. Valter Hugo Mãe, José Luís Peixoto, o Gonzalo M. Tavares, representan en la actualidad unos de los puntales más sólidos de la narrativa portuguesa, en los cuáles, eso no es así. No cabe disgusto en ellos sino, más bien, una admiración compartida y recíproca con y hacia el Maestro.

Casi nadie ha descubierto al poeta Saramago, ¿qué nos puede decir de esa parte de su obra? ¿Qué tanto hay de poético en su narrativa?
Saramago se mostraba reacio a hablar de su poesía. Él mismo la consideraba como un género menor dentro de todo el conjunto de su obra. No obstante, es evidente que su narrativa está impregnada de poesía. No sólo en lo que a la presencia de ciertos elementos poéticos se refiere, que también, sino, en general, en esa musicalidad y en esa forma tan peculiar de narrar que lo hacen tan inconfundible.

¿Cuál es el aporte más importante de Saramago a la literatura?
Saramago concibió una nueva forma de narrar en la literatura en la cual el narrador tenía una presencia omnisciente y omnipresente. Curiosamente, podemos decir con cierta ironía que, la figura del narrador en José Saramago, se asemeja bastante a la de ese Dios al que jamás se cansó de fustigar a través de la razón. 

¿Dónde es fácil hallar al Nobel portugués  si lo queremos encontrar en esta vida terrena y mortal?
En términos generales, Saramago vive y vivirá siempre en todas y cada una de sus obras. Tanto en las literarias como en las no literarias. En sus libros, en sus discursos, en sus cartas.
Más allá de eso, para aquellos que deseen profundizar en José Saramago, en A Casa, en Lanzarote, “una casa hecha de libros”, como él mismo bautizó, podremos encontrar pistas sobre su persona. Si buscamos en cambio al escritor, deberemos desplazarnos hasta la sede de Fundación José Saramago en Lisboa. En cambio, si lo que buscamos es el niño que fue, no nos quedará más remedio que ir hasta el Alentejo y visitar allí la sede donde se exponen algunos de los enseres más significativos que poblaron su niñez.

¿Cuándo los lectores de Latinoamérica y otras partes del mundo podrán adquirir Saramago por José Saramago?
Esa misma pregunta me la hicieron en directo desde una radio colombiana el mismo día en el que tuvo lugar la rueda de prensa de la presentación del libro en Sevilla. Por mi parte, estaría encantado de que el libro estuviese ya disponible en toda América Latina. Y más, sabiendo que en este caso no se trata de un libro más sobre la obra de José Saramago. Estamos hablando de un libro en el cuál el mismísimo Saramago nos va desgranando los motivos, los personajes, y las motivaciones que están presentes en cada una de sus obras. Soy consciente de la admiración y el cariño con el que siempre han tratado a José Saramago en toda Latinoamérica. Dicho esto, logísticamente, distribuir desde España, y más a través de una editorial con las dimensiones de El Paramo, resulta difícil, por no decir imposible. Así que, si alguna editorial latinoamericana se interesa y desea hacer una oferta, aprovecho aquí para mostrar mi disponibilidad al respecto.

El escritor portugués  dijo alguna vez “El triunfo nunca ha sido un objetivo para mí", ¿lo es para usted?
Bueno, eso depende ya de lo que cada uno considere como su triunfo personal.  Desde ese punto de vista, y por mucho reconocimiento social que exista detrás, considero que el triunfo es siempre una cuestión meramente personal.
En lo que a mí se refiere, mi triunfo cotidiano consiste en tener la suerte de poder estar vivo, de hacer en gran medida lo que me gusta, de saberme más o menos bien de salud,  de gestionar bastante en qué quiero gasta mi tiempo para poder comer cada día, tener la gran suerte de poder vivir en una de las escasas zonas libres de conflicto del Planeta, de disfrutar al máximo de la gente que me rodea y a los que tanto aprecio, y de tener una conciencia más o menos clara de que la sociedad de consumo actual no sirve para hacer feliz a las personas. Y, para acabar de rematarlo del todo, tener la suerte de poder plasmar todas esas ideas y sentimientos en todos y cada uno de mis libros, y que alguien se interese por ellos. Un gran triunfo, sin duda alguna (al menos, para mí).

Y por último, parafraseando su obra, le pregunto: ¿Sigue enamorado de la Luna?
Sí, no hay nada más hermoso, sólo, o en compañía, que una buena luna que te permita soñar.


Si quieren saber más del autor o de su obra pueden pinchar los siguientes enlaces: