Perguntam-me não raras vezes:
- "Qual o livro de José Saramago que mais gostaste de ler?"
A resposta que pode ser dada a cada momento:
- "Impossível de dizer... não sei responder, não seria justo para com outros (livros) não nomeados. Mas uma coisa sempre soube. Uma obra de Saramago, enquanto "pseudo ser vivo" ou com "gente dentro" tem que me raptar, prender-me, não me deixar sair de dentro das suas páginas. Fazer de mim um refém, e só me libertar no final da leitura... mesmo ao chegar à última página. Aí, o "Eu" leitor que se mantém refém, liberta-se da "gente que a obra transporta dentro" e segue o seu caminho.
Mas segue um caminho que se faz caminhando, conjuntamente com mais uma família"

Rui Santos
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sábado, 30 de julho de 2016

“Aquí, en la selva, nacieron ideas nuevas” Juan Gelman entrevistou José Saramago para o "Página/12" (Argentina, 2001)

A entrevista pode ser recuperada e consultada, aqui

Esta entrevista foi destacada na página da Fundação José Saramago

EXCLUSIVO: JOSE SARAMAGO ANALIZA LA MARCHA ZAPATISTA 
“Aquí, en la selva, nacieron ideas nuevas”

"Horas antes de la llegada de la marcha zapatista a Ciudad de México, el novelista Saramago y el poeta Gelman hablaron de la importancia de ese movimiento nacido en la selva Lacandona. Una entrevista donde se toca el tema de la injusticia, del milenarismo de la causa indígena, del talento de Marcos, de la verdadera esencia de la democracia y hasta de la naturaleza del tiempo. Todo, en el marco de una caminata estremecedora de miles de kilómetros."


Na foto: Fernando Gómez Aguilera (Diretor da Fundação César Manrique), 
Juan Gelman e José Saramago

Por Juan Gelman

"Parece inmune al cansancio. De regreso de una nueva gira de presentación de La caverna, su novela más reciente, por República Dominicana, Colombia, Guatemala y México, este hombre de 78 años insiste en demostrar que la palabra del escritor puede y tal vez debe rebasar los límites de la hoja impresa para imprimirse además en la conciencia social de nuestro tiempo. Con voz pausada, José Saramago expuso así sus convicciones y opiniones en torno de la marcha zapatista, pocas horas antes de que los 23 comandantes del EZLN y el Subcomandante Marcos llegaran al Zócalo o corazón prehispánico, hispánico y mestizo de la inmensa ciudad de México.

–¿Qué significado tiene, a su juicio, esta insólita marcha?
–Supongo que nadie tiene el derecho de ignorar una situación cuya gravedad se ha tratado de minimizar y aun desconocer. En principio, nadie debería ignorar que los pueblos indígenas, no sólo de México, sino también de toda América, hasta el sur de Chile, han sido humillados, explotados, reducidos a una condición casi infrahumana, abandonados a su suerte. Los avances sociales que a lo largo de los años se han ido introduciendo en la sociedad mexicana, por ejemplo, ya que de ésta ahora se trata, no han beneficiado nunca, jamás, no sólo a los indígenas, sino tampoco a una gran parte de la población mestiza. Ciertas investigaciones han demostrado que el uso de las lenguas indígenas está disminuyendo y eso se ha entendido en México como una muestra de progreso. Es decir, el aplastamiento, el laminaje de culturas y tradiciones milenarias durante estos 500 años transcurridos desde que llegamos aquí los colonizadores europeos no ha sido, ni más ni menos, otra cosa que un genocidio lento, el intento de eliminar progresivamente al indígena del espacio americano, y no sólo de México. Y lo que está pasando aquí ahora no es sólo de ahora, porque no se puede olvidar que los levantamientos indígenas no son hechos que se remontan a 10 o 15 años atrás: ocurrieron siempre, en el siglo XIX ocurrieron, y en el XX ocurrieron, y siempre fueron aplastados reduciendo a los indígenas a la miseria, a la ignorancia, a todas las enfermedades posibles e imaginables, como si se estuviera esperando que el destino, la suerte o la fatalidad, como se lo quiera llamar, limpiara de una vez para siempre esa especie de lepra, desde el punto de vista del dominador, del explotador, que sería el indígena, y que de alguna forma estaría afeando la luminosa faz de México. ¿Qué es lo que ha pasado, qué es lo que está pasando? Se puede decir Marcos, sí, claro que sí, Marcos, pero no es sólo Marcos, es todo un espíritu de resistencia verdaderamente sorprendente. La resistencia de los indígenas siempre ha sido un fenómeno que quizás tenga aspectos incomprensibles para nosotros, pero es finalmente la resistencia de quien está y quiere seguir estando. Creo que más allá de los levantamientos y las luchas armadas hay algo mucho más fuerte: una suerte de conciencia de sí mismo que tiene el indígena y su sentido de comunidad. Cada uno de ellos es un individuo, pero un individuo que no puede vivir fuera de la comunidad, la comunidad es su fuerza, y eso explica que su resistencia haya creado este momento en que nos encontramos. El hecho de que no se haya concretado el intento de eliminarlos que prevaleció 500 años sólo puede entenderse por esa capacidad de resistencia absolutamente extraordinaria que encontró no sólo una expresión solidaria entre ellos, sino también algo que hasta ahora no había sucedido: la solidaridad internacional. Marcos, que no se ve a sí mismo como líder, es una ventana a través de la cual se puede mirar todo lo que hay detrás y lo que hay detrás es lo que importa, él no es más que eso, una ventana. Una ventana, una voz, un pensamiento. Claro, puede decirse que Marcos se indianizó. No sé si se indianizó; el problema no está ahí, pero Marcos ha entendido lo que estaba pasando. Eduardo Galeano lo señala de manera luminosa cuando dice que Marcos llegó a la selva y no lo entendieron, más tarde volvió aentrar y se perdió en la niebla y a partir de ahí empezó a entender porque empezó a escuchar. Y lo que está pasando con esta marcha y con todo lo sucedido desde el ‘94 hasta hoy, sin olvidar que Marcos entró a la selva en el ‘83, es que esa voz que aparentemente sólo era la de Marcos se convirtió en la voz de los indígenas de México. Y súbitamente toda la sociedad mexicana se encuentra frente a una realidad que sí, que allí estaba, que daba por descontada y que si en 500 años no había cambiado mucho, por qué iba a cambiar ahora. Lo que pasó es que todo ha cambiado. México se encuentra en una esquina de su historia y la conciencia social al respecto es tan fuerte que basta para justificar que esta marcha de 3 mil kilómetros hasta el D.F. tenga un carácter triunfal. Y más: en el fondo, los zapatistas representan la llave que el gobierno mexicano estaba necesitando para resolver sus propios problemas. Esto no significa que los zapatistas -.está claro, y tenemos suficiente información para saberlo– se van a organizar en partido político, no lo harán. No. Porque la verdad es que México, partidos políticos ya tiene. Lo que le falta es un movimiento social que en estos momentos sólo puede ser encarnado por el zapatismo. Hace un par de días Noam Chomsky dijo que el contagio zapatista puede imprimir un giro al mundo. No soy tan optimista, pero lo que está pasando en América, no sólo en México, puede ser decisivo para el futuro de esta parte del mundo. No tengo la menor duda de que existe una influencia clarísima del zapatismo seguramente en muchas otras partes, que se da por una razón muy sencilla: faltan ideas en el mundo y muchísima gente se da cuenta de que aquí, en México, en la selva Lacandona, nacieron ideas nuevas. No sabemos qué futuro podrán tener, pero son ideas nuevas. Y eso es lo que necesitamos.

"En marzo de 2001 en la llegada del EZLN al Zócalo capitalino. 
Foto: Francisco Olvera/ archivo La Jornada"

–¿Por qué no es usted tan optimista como Chomsky?
–Me gustaría serlo, pero hay un problema que tenemos que resolver: el problema de la democracia. Lo que estamos llamando democracia –y el discurso alimentado al respecto por los políticos y los medios de comunicación, esa cierta retórica de la que todos hacemos más o menos uso- es en el fondo una falacia. No pasa de ser una fachada. Las instituciones están ahí, funcionan los parlamentos, los gobiernos, los tribunales, pero todo eso nada tiene que ver, y además nunca tuvo nada que ver en el pasado, incluso en la antigua Grecia, con esa idea, esa fórmula perfectamente admirable pero utópica, de la democracia como gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Jamás ha sido así, y hoy mucho menos. Porque hasta ahora teníamos la ilusión de que el poder político era la democracia, así como la relación del ciudadano con las instituciones sobre todo mediante el voto y las elecciones. Pero si miramos la situación en que se encuentra el mundo hoy, es fácil darse cuenta de que los gobiernos no mandan, que el poder efectivo, real, ése que está condicionando la vida de 6 mil millones en el mundo, es el poder económico concentrado en las multinacionales. Yo digo: se puede quitar un gobierno y poner otro si los ciudadanos así lo deciden, pero no pueden quitar el poder a una multinacional. Podría ser tan optimista como Chomsky si el movimiento zapatista, o movimientos similares -.no necesariamente debe haber un zapatismo universal– expresaran una conciencia colectiva mundial de la situación en que nos encontramos respecto de algo fundamental en la vida de una sociedad: la cuestión del poder, de quién lo tiene, por qué lo tiene, para quién y para qué. Y está clarísimo que el poder multinacional no se preocupa para nada de la suerte de la gente, sólo se guía por el lucro. No tiene otra explicación el hecho de que 3 mil millones de personas, la mitad de la población mundial, vivan con apenas 2 dólares diarios. Y cuando, algo provocante, digo a veces que el planeta Marte me importa un bledo, me importa un pepino, es porque tenemos que decidir las prioridades. Y desde mi punto de vista la prioridad absoluta es el ser humano. El cosmos está ahí hace no sé cuánto tiempo, un tiempo que escapaa la capacidad imaginativa sumada de los 6 mil millones de habitantes del mundo. Para qué asaltarlo ahora. El cosmos podría esperar 50 o 100 años más y no pasaría nada, al cosmos no le importaría nada. No tiene sentido ir a Marte mientras una persona en la Tierra, una única persona en la Tierra, se esté muriendo de hambre. Lo verdaderamente obsceno no es la pornografía. Lo que es obsceno es que se pueda morir de hambre. Entonces, soy menos optimista que Chomsky porque tenemos que resolver el problema del poder. Creo necesario que se desarrolle ese movimiento mundial de conciencia y el zapatismo puede ser un elemento para eso y aun favorecer con su ejemplo la aparición de movimientos similares en otros países, que no busquen la conquista del poder político convirtiéndose en nuevos partidos que reproducirían el sistema en la misma dirección y con los resultados conocidos. Hay indicios de ese desarrollo, Seattle, Davos, Cancún, Washington, Porto Alegre. Pero qué hacer cuando una multinacional patenta una planta que tiene propiedades curativas, que la gente estaba ya usando, como si Dios hubiera destinado la explotación de esa planta a esa multinacional, al cabo de no sé cuántos miles y miles de años, y nadie protesta. ¿Y dónde queda la privacidad? Hoy lo que cuenta es la tarjeta de crédito, nada más, el número de la tarjeta de crédito; el nombre no tiene ninguna importancia. Esto es expresión del problema fundamental que, a mi juicio, está subyacente en el discurso zapatista: es decir, no entrar en cuestiones de competitividad entre partidos políticos, sino hacer de un fuerte nivel social de conciencia algo que pueda cambiar el mundo. Su rumbo actual nos lleva al desastre.

–En ocasiones ha dicho usted que pasarán siglos antes de alcanzar una sociedad justa. También que dentro de millones de años nada quedará de este mundo. Todo lo cual remite a algo muy importante en su obra: el tema del tiempo. ¿Cómo ve este tiempo corto en relación con el tiempo largo?
–Yo creo que los tiempos son a la vez cortos y largos. Hay un tiempo que mide el reloj, pero sabemos que hay circunstancias de la vida en que el mismo lapso mensurable posee una diferente intensidad. La rutina de mi vida en Lanzarote contiene, por ser rutinaria, menos tiempo en el tiempo que yo tengo. Mientras que, si estoy en otro lugar, con una actividad mucho más intensa, puede en ese tiempo caber mucho más tiempo. Claro, esto es relativo y existen el tiempo psicológico, el tiempo matemático, el tiempo real, todo eso. Eso sí, estoy absolutamente convencido de la no existencia de algo que se pueda llamar presente. El presente no existe. Lo único que existe es pasado, porque ha sido vivido, consumido por nosotros o por los que vivieron antes. Creo que no podemos llamar presente a algo más que el momento en que decimos la palabra, que inmediatamente se convierte en pasado. Entonces veo a la humanidad como transportadora de tiempo. La humanidad es la que lleva el tiempo, lo lleva detrás, lo transporta o es transportada por él, como se quiera. El símbolo sería éste: el mar, la playa, la ola que se pliega con su espuma blanca y muere en la arena. Esa ola, que para mí es el tiempo de nuestra vida, y el brillo de esa espuma blanca el de nuestra existencia, cuando lo hay, no tendría ninguna posibilidad de ser sin el mar que está atrás, y el mar es todo el tiempo pasado. Si esto es así, y quizás es lo que usted nota en mis libros, se trata de esa especie de respiración del tiempo que va en dirección a algo que llamamos futuro, que tampoco sabemos dónde está. El futuro es el tiempo por vivir, el pasado, el tiempo vivido, y entre una cosa y otra no hay nada. Yo creo que el tiempo sencillamente está y no que pasa, sencillamente está. Nosotros estamos en el tiempo, que sigue un proceso de envejecimiento y, por lo tanto, a la vez que envejece, vamos envejeciendo nosotros.

–En estos días se ha entrevistado usted -.por separado, desde luego– con el presidente Vicente Fox y con el Subcomandante Marcos. ¿Cuáles son sus conclusiones sobre la presente coyuntura? 
–Para ser breve: de un lado y de otro hay palabras. Las palabras de Marcos, las palabras de Fox. Las palabras de Marcos tienen una consistencia, un sentido, que conocemos por sus escritos y comunicados, y agrego que Marcos es un gran escritor, sobre eso no tengo duda alguna. Yo diría que las palabras de Marcos son hechos, cada palabra que ha pronunciado es un hecho. Las palabras de Fox no son más que eso, palabras. Los hechos no han confirmado hasta ahora sus palabras. He estado con él y puedo decir, como declaré a los medios, que Fox tiene una voluntad de paz. Añadiría que no tiene más remedio que tener esa voluntad de paz, porque no es un problema de Fox, es un problema de México. Y tal vez llevado por su facundia verbal y por su ansiedad de llegar al poder, ha dicho esas tres o cuatro palabras que lo comprometieron, “en 15 minutos resuelvo el problema de Chiapas”. Se puede decir entonces que todas sus declaraciones actuales sobre la posibilidad de un acuerdo con los zapatistas obedecen, efectivamente, a que Fox quiere la paz. Sí, probablemente quiere la paz, no tengo duda alguna de que se pronuncia por la paz, porque una cosa está clarísima ya: los zapatistas no van a firmar una paz cualquiera, no han venido aquí para eso, la paz tendrá que esperar. Y tendrá que esperar toda una negociación, lenta, complicada, y lo que está claro es que los zapatistas no piensan renunciar a ninguna de sus reivindicaciones, a ninguna. Se puede opinar que dará comienzo el acostumbrado proceso político de tire y afloje, pero pienso que si el gobierno mexicano cree que los zapatistas van a entrar en el juego de que te doy esto para que me des aquello, se equivoca gravemente. Marcos y los zapatistas merecen todo el crédito que les da una larga resistencia, una coherencia ideológica y política ejemplar, un sentido estratégico verdaderamente notable: Marcos ha gestionado los silencios con la misma maestría con que ha gestionado las palabras. Cuando se decía que no hablaba, que pasaban los meses y no hablaba, la palabra necesaria surgía siempre en el momento justo, preciso, indispensable. Fox es un político semejante a muchísimos otros, no tiene credenciales en el sentido de un pensamiento, una idea, un proyecto. Sólo cuenta con las propuestas de sus asesores en la coyuntura actual, pero dudo de que tenga ideas más allá del día de mañana. Y los zapatistas sí tienen ideas, que no se limitan a la selva Lacandona, a Chiapas, a México. Tienen ideas que pueden trascender, sobre todo en el marco de los pueblos indígenas de toda América. Creo que ese movimiento es imparable. Quizás se lo podría contener en México, aunque lo dudo porque esta marcha está diciendo que no, que ya no se puede. Y las declaraciones de Marcos de que no se retirarán del Distrito Federal sin que se resuelva el problema indígena muestran una voluntad que llega a emocionar. Más allá del debate de ideas, de estrategias y tal, hay una especie de serenidad profunda en esa gente, en esos comandantes. Marcos, sí, pero en todos ellos hay una especie de estoicismo increíble. Conocemos las degradaciones que esa gente ha sufrido y, sin embargo, mantiene una serenidad profundísima que creo que les viene de esa relación del individuo con la comunidad. Cada uno de ellos es el que es, pero es también lo que todos los otros son. Y lo que debería estar presente en la conciencia de todos es que la tierra es de ellos. Hay cosas de las que uno debería avergonzarse. Por ejemplo, de los colonos blancos de Estados Unidos que regalaban a los pieles rojas mantas infectadas de viruela. Y del genocidio de 10 millones de habitantes del ex Congo Belga cuando era propiedad personal del rey Leopoldo II. Y del genocidio de 6 millones de judíos sacrificados por la Alemania nazi. Y del genocidio lento en estas tierras. Se debe poner fin a la falta de respeto humano que padecen los indígenas de América."

domingo, 27 de março de 2016

"Aventuras de un novelista tonal" Crónica de Martín de Ambrosio no "Página 12 - Radar Libros" (11/05/2003)

A crónica pode ser recuperada, aqui
em http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-564-2003-05-11.html

"Aventuras de un novelista tonal" 
Crónica de Martín de Ambrosio no "Página 12 - Radar Libros" (11/05/2003)

"Lunes, en el Colón. Martes, en la Facultad de Medicina. Miércoles, en el Malba. Jueves, Ezeiza en viaje a San Pablo y a repetir la historia (que antes tuvo a Chile como escenario)... Qué difícil es la vida de un premio Nobel. Es que la visita del portugués José Saramago a Buenos Aires tuvo una agenda cargada y con actos de inusitada repercusión para alguien que no es una estrella de rock, ni tiene un programa en televisión. Con semejante sucesión, por momentos abrumadora, de charlas, conferencias, homenajes, entrevistas y presentaciones (para no hablar de las cenas, igualmente protocolares, con la intelligentsia local) es natural que un escritor tenga un libreto más o menos armado de definiciones, y hasta de anécdotas, de tal modo que lograr algún clima interesante o innovarse es todo un desafío. Pero hubo momentos en que Saramago lo logró y aquí se intentará contar algo de ellos: 

Acto 1 
En un Teatro Colón lleno y con gente apretándose en los pasillos, el autor de El año de la muerte de Ricardo Reis sostuvo un diálogo con el periodista Jorge Halperín. Naturalmente, uno de los puntos que está obligado a tratar un autor en gira es su última obra, en este caso El hombre duplicado (Alfaguara). “Lo que se plantea allí no es tanto la pregunta sobre quién es usted o quién soy yo, que puede explicarse más o menos fácilmente contando nuestra vida, todas las cosas que hemos hecho. La pregunta de la novela tiene que ver con el qué: qué es usted, qué soy yo. Y eso, por mucha interpretación de los sueños que hagamos —incluso en un país como Argentina donde los psicoanalistas son como taumaturgos— no se alcanza fácilmente; detrás de lo que parece, las cosas son.” La pregunta sobre la identidad queda en pie en la novela, ya que Saramago confiesa que no tiene respuestas a tal interrogante. “En el fondo, toda la literatura es la indicación del otro y la indicación del yo; a pesar de que —y aquí los psicoanalistas sí estarán de acuerdo— el Yo no existe, pero mejor pasemos a la siguiente pregunta.”
Y la pregunta siguiente tuvo que ver con otra de las especialidades del autor de Memorial del convento: el análisis político mundial. “La civilización actual se agotó, los cambios tecnológicos tienen un vértigo que finalmente los terminará aniquilando, el Iluminismo está por llegar al final. Umberto Eco decía que está por aparecer un nuevo ser humano. Algunos genios —como Kafka en El proceso o George Orwell en 1984— también advirtieron de esas amenazas, que ahora estamos viendo cumplidas.” Seguidamente, Saramago asumió la misma función oracular que le elogió a Kafka y Orwell —no disparatadamente, es cierto— y dijo que Estados Unidos se prepara para enfrentarse con China: “Es algo inevitable, como vienen dadas las cosas, será dentro de 30, 40 o 50 años, pero va a terminar sucediendo”.

Acto 2 
Menos multitudinario fue el acto en el que recibió el doctorado Honoris Causa de la UBA, de manos del rector Jaim Etcheverry (“este diploma lleva una Universidad adentro”), con un Aula Magna de Medicina completa a medias. A pesar de tomar con cierto cariño la distinción de la Universidad, y revolear el diploma por sobre su cabeza como si fuese un trofeo de tenis, Saramago empezó su discurso de agradecimiento diciendo que “éste el doctorado Honoris Causa número 24 o 25 que me entregan”. Pero —finalmente, inevitablemente— se ocupó de decir que esta distinción tenía algo de especial “por las circunstancias políticas y sociales del país” y que “gracias a esto me siento un poco más argentino, y eso me ilusiona”. Luego, ante un público que lo aplaudió largamente de pie, elautor de La caverna tuvo una especie de diálogo con Jaim Etcheverry, en el que respondió como pudo preguntas del estilo “¿cuál es la misión de la universidad?” y evocó aquella vez en que De la Rúa, cuando era jefe de Gobierno porteño, le entregó la condecoración de ciudadano ilustre “y yo hice un discurso absolutamente subversivo”. 
En el Aula Magna había periodistas de cadenas televisivas de Miami interesados únicamente en registrar nuevas condenas hacia el gobierno de Fidel, por parte de quien se ha considerado “un comunista hormonal”.

Acto 3 
Inevitablemente (valía 100 pesos el ticket) el encuentro en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires tuvo un público más selecto, Ernesto Sabato incluido. Sin embargo, el ámbito del Malba fue el más propicio para que el portugués pudiera lucirse. La escueta participación de Osvaldo Quiroga le permitió a Saramago contar sus preferencias y gustos como lector. Si bien no quiso referirse a “influencias” citó a cinco escritores que sí forman parte de su “familia de espíritu”: Gogol, Kafka, Montaigne, Cervantes y el padre Antonio Vieyra (un jesuita del siglo XVII, “barroco, conceptual, cultista, que sólo dejó escritos cartas y sermones, pero que es el punto más alto del idioma portugués”). A cada uno de esos autores les dedicó un párrafo. Sobre Kafka dijo: “Extraña vida, extraña obra; todo lo dejó incompleto, pero escribió los libros necesarios para que ahora podamos entender qué nos está pasando. Y eso sin ser un profeta, apenas si fue un funcionario bancario, con problemas con su padre, su madre, con inconvenientes para relacionarse. Finalmente a todos, como a Gregorio Samsa, nos llega un día en que sentimos que somos tratados como coleópteros”.
Respecto de Cervantes se permitió dejar una “tesis”: “Hay algo en lo que Cervantes, o el narrador, nos obliga a pensar y eso es la locura del Quijote. Yo pienso, he aquí mi tesis, que Alonso Quijano no se volvió loco, lo que pasa es que estaba harto de su vida. Como dijo Rimbaud, la vida auténtica estaba en otro lado; de eso se dio cuenta un día Alonso Quijano. Y lo único que podía hacer en esa sociedad era hacerse pasar por loco y hacer cosas de loco para encontrar la vida auténtica”. Como buena tesis, para persuadir Saramago necesita razones: “Vean el episodio de los molinos de viento. Nadie, por más loco que estuviera, podría jamás creer que son gigantes... además, cuando va a morir, el Quijote se convierte otra vez en Alonso Quijano porque cuando Sancho Panza lo invita a cabalgar el Quijote le dice `se acabaron las correrías de caballero’. Ahí se ve que es consciente de que ya no tiene tiempo de volver a hacerse el loco. Yo creo que nadie puede volver a la cordura tres minutos antes de morir”.