Perguntam-me não raras vezes:
- "Qual o livro de José Saramago que mais gostaste de ler?"
A resposta que pode ser dada a cada momento:
- "Impossível de dizer... não sei responder, não seria justo para com outros (livros) não nomeados. Mas uma coisa sempre soube. Uma obra de Saramago, enquanto "pseudo ser vivo" ou com "gente dentro" tem que me raptar, prender-me, não me deixar sair de dentro das suas páginas. Fazer de mim um refém, e só me libertar no final da leitura... mesmo ao chegar à última página. Aí, o "Eu" leitor que se mantém refém, liberta-se da "gente que a obra transporta dentro" e segue o seu caminho.
Mas segue um caminho que se faz caminhando, conjuntamente com mais uma família"

Rui Santos
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sábado, 7 de janeiro de 2017

"No nos abandones" - Revisitar "Outros Cadernos de Saramago" (7/1/2009)

Revisitar "Outros Cadernos de Saramago"
http://caderno.josesaramago.org/20058.html

Quarta-feira, 7 de Janeiro de 2009

"No nos abandones"
"Vai o título em castelhano porque assim foi a frase dita. Este escrito também poderia chamar-se “Os silêncios de Marcos”, o que esclarece tudo. A prosa de hoje refere-se ao mítico, ainda que muito real, subcomandante. A poucas pessoas admirei tanto em minha vida, de pouquíssimas esperei tanto. Nunca lho disse pela simples razão de que estas coisas não se dizem, sentem-se e por aí se ficam. Questão de pudor, parece. Quando os zapatistas saíram da Selva Lacandona para chegarem ao Zócalo depois de terem atravessado meio México, eu estava ali, um entre um milhão. Conheci a exaltação, o pulsar da esperança em todo o corpo, a vontade de mudar para converter-me em algo melhor, menos egoísta, mais capaz de entrega. Marcos falou, nomeou todas as etnias de Chiapas, e a cada uma foi como se as cinzas de milhões de índios se tivessem desprendido dos túmulos e outra vez reencarnado. Não estou a fazer literatura fácil, tento, canhestramente, pôr em palavras o que nenhuma palavra pode expressar: o instante em que o humano se torna sobrehumano e, do mesmo passo, regressa à sua mais estreme humanidade.

No dia seguinte, no campus modesto de uma faculdade universitaria, houve um comício que reuniu alguns milhares de pessoas e aí se falou do presente e do futuro de Chiapas, da luta exemplar das comunidades índias que eu sonhava ver um dia estendida a toda a América (tranquilizem-se os tímidos, não aconteceu). Na tribuna estavam, entre outros, Carlos Monsivais, Elena Poniatowska, Manuel Vázquez Montalbán, eu próprio. Todos falámos, mas o que a gente queria era ouvir Marcos. O seu discurso foi breve, mas intenso, quase insuportável para o sistema emotivo de cada um. Quando tudo terminou fui abraçar Marcos e foi então que ele me disse ao ouvido, numa voz apenas sussurrada: “Não nos abandones”. Respondi-lhe no mesmo tom: “Teria que abandonar-me a mim mesmo para que isso sucedesse”. Nunca mais o vi até hoje.

Pensei, e disse-o, que Marcos deveria ter falado no Congresso. Por decisão da “comandancia” interveio a comandante Esther, e fê-lo admiravelmente. Comoveu o México inteiro, mas, repito, em meu entender, era Marcos quem deveria ter falado. O significado político da uma intervenção sua culminaria de maneira mais eficaz a marcha zapatista. Assim pensava e assim continuo a pensar. O tempo passou, o processo revolucionário variou os rumos, Marcos saiu da Selva Lacandona. Durante o último ano Marcos guardou um silêncio total, deixou-nos órfãos daquelas palavras que só ele saberia dizer ou escrever. Sentimos-lhe a falta. No dia 1 houve em Oventic um encontro para celebrar e recordar o início da revolução, a tomada de San Cristóbal de las Casas, os altos e baixos de um caminho difícil. Marcos não foi a Oventic, não mandou sequer uma mensagem, uma palavra. Não compreendi, e continuo a não compreender. Marcos, há poucos dias, anunciou para o ano que entrou uma nova estratégia política. Oxalá, se a antiga perdeu as virtudes. Oxalá, sobretudo, que não volte a calar-se. Com que direito o digo? Com o simples direito de quem não abandonou. Sim, de quem não abandonou."

sábado, 30 de julho de 2016

“Aquí, en la selva, nacieron ideas nuevas” Juan Gelman entrevistou José Saramago para o "Página/12" (Argentina, 2001)

A entrevista pode ser recuperada e consultada, aqui

Esta entrevista foi destacada na página da Fundação José Saramago

EXCLUSIVO: JOSE SARAMAGO ANALIZA LA MARCHA ZAPATISTA 
“Aquí, en la selva, nacieron ideas nuevas”

"Horas antes de la llegada de la marcha zapatista a Ciudad de México, el novelista Saramago y el poeta Gelman hablaron de la importancia de ese movimiento nacido en la selva Lacandona. Una entrevista donde se toca el tema de la injusticia, del milenarismo de la causa indígena, del talento de Marcos, de la verdadera esencia de la democracia y hasta de la naturaleza del tiempo. Todo, en el marco de una caminata estremecedora de miles de kilómetros."


Na foto: Fernando Gómez Aguilera (Diretor da Fundação César Manrique), 
Juan Gelman e José Saramago

Por Juan Gelman

"Parece inmune al cansancio. De regreso de una nueva gira de presentación de La caverna, su novela más reciente, por República Dominicana, Colombia, Guatemala y México, este hombre de 78 años insiste en demostrar que la palabra del escritor puede y tal vez debe rebasar los límites de la hoja impresa para imprimirse además en la conciencia social de nuestro tiempo. Con voz pausada, José Saramago expuso así sus convicciones y opiniones en torno de la marcha zapatista, pocas horas antes de que los 23 comandantes del EZLN y el Subcomandante Marcos llegaran al Zócalo o corazón prehispánico, hispánico y mestizo de la inmensa ciudad de México.

–¿Qué significado tiene, a su juicio, esta insólita marcha?
–Supongo que nadie tiene el derecho de ignorar una situación cuya gravedad se ha tratado de minimizar y aun desconocer. En principio, nadie debería ignorar que los pueblos indígenas, no sólo de México, sino también de toda América, hasta el sur de Chile, han sido humillados, explotados, reducidos a una condición casi infrahumana, abandonados a su suerte. Los avances sociales que a lo largo de los años se han ido introduciendo en la sociedad mexicana, por ejemplo, ya que de ésta ahora se trata, no han beneficiado nunca, jamás, no sólo a los indígenas, sino tampoco a una gran parte de la población mestiza. Ciertas investigaciones han demostrado que el uso de las lenguas indígenas está disminuyendo y eso se ha entendido en México como una muestra de progreso. Es decir, el aplastamiento, el laminaje de culturas y tradiciones milenarias durante estos 500 años transcurridos desde que llegamos aquí los colonizadores europeos no ha sido, ni más ni menos, otra cosa que un genocidio lento, el intento de eliminar progresivamente al indígena del espacio americano, y no sólo de México. Y lo que está pasando aquí ahora no es sólo de ahora, porque no se puede olvidar que los levantamientos indígenas no son hechos que se remontan a 10 o 15 años atrás: ocurrieron siempre, en el siglo XIX ocurrieron, y en el XX ocurrieron, y siempre fueron aplastados reduciendo a los indígenas a la miseria, a la ignorancia, a todas las enfermedades posibles e imaginables, como si se estuviera esperando que el destino, la suerte o la fatalidad, como se lo quiera llamar, limpiara de una vez para siempre esa especie de lepra, desde el punto de vista del dominador, del explotador, que sería el indígena, y que de alguna forma estaría afeando la luminosa faz de México. ¿Qué es lo que ha pasado, qué es lo que está pasando? Se puede decir Marcos, sí, claro que sí, Marcos, pero no es sólo Marcos, es todo un espíritu de resistencia verdaderamente sorprendente. La resistencia de los indígenas siempre ha sido un fenómeno que quizás tenga aspectos incomprensibles para nosotros, pero es finalmente la resistencia de quien está y quiere seguir estando. Creo que más allá de los levantamientos y las luchas armadas hay algo mucho más fuerte: una suerte de conciencia de sí mismo que tiene el indígena y su sentido de comunidad. Cada uno de ellos es un individuo, pero un individuo que no puede vivir fuera de la comunidad, la comunidad es su fuerza, y eso explica que su resistencia haya creado este momento en que nos encontramos. El hecho de que no se haya concretado el intento de eliminarlos que prevaleció 500 años sólo puede entenderse por esa capacidad de resistencia absolutamente extraordinaria que encontró no sólo una expresión solidaria entre ellos, sino también algo que hasta ahora no había sucedido: la solidaridad internacional. Marcos, que no se ve a sí mismo como líder, es una ventana a través de la cual se puede mirar todo lo que hay detrás y lo que hay detrás es lo que importa, él no es más que eso, una ventana. Una ventana, una voz, un pensamiento. Claro, puede decirse que Marcos se indianizó. No sé si se indianizó; el problema no está ahí, pero Marcos ha entendido lo que estaba pasando. Eduardo Galeano lo señala de manera luminosa cuando dice que Marcos llegó a la selva y no lo entendieron, más tarde volvió aentrar y se perdió en la niebla y a partir de ahí empezó a entender porque empezó a escuchar. Y lo que está pasando con esta marcha y con todo lo sucedido desde el ‘94 hasta hoy, sin olvidar que Marcos entró a la selva en el ‘83, es que esa voz que aparentemente sólo era la de Marcos se convirtió en la voz de los indígenas de México. Y súbitamente toda la sociedad mexicana se encuentra frente a una realidad que sí, que allí estaba, que daba por descontada y que si en 500 años no había cambiado mucho, por qué iba a cambiar ahora. Lo que pasó es que todo ha cambiado. México se encuentra en una esquina de su historia y la conciencia social al respecto es tan fuerte que basta para justificar que esta marcha de 3 mil kilómetros hasta el D.F. tenga un carácter triunfal. Y más: en el fondo, los zapatistas representan la llave que el gobierno mexicano estaba necesitando para resolver sus propios problemas. Esto no significa que los zapatistas -.está claro, y tenemos suficiente información para saberlo– se van a organizar en partido político, no lo harán. No. Porque la verdad es que México, partidos políticos ya tiene. Lo que le falta es un movimiento social que en estos momentos sólo puede ser encarnado por el zapatismo. Hace un par de días Noam Chomsky dijo que el contagio zapatista puede imprimir un giro al mundo. No soy tan optimista, pero lo que está pasando en América, no sólo en México, puede ser decisivo para el futuro de esta parte del mundo. No tengo la menor duda de que existe una influencia clarísima del zapatismo seguramente en muchas otras partes, que se da por una razón muy sencilla: faltan ideas en el mundo y muchísima gente se da cuenta de que aquí, en México, en la selva Lacandona, nacieron ideas nuevas. No sabemos qué futuro podrán tener, pero son ideas nuevas. Y eso es lo que necesitamos.

"En marzo de 2001 en la llegada del EZLN al Zócalo capitalino. 
Foto: Francisco Olvera/ archivo La Jornada"

–¿Por qué no es usted tan optimista como Chomsky?
–Me gustaría serlo, pero hay un problema que tenemos que resolver: el problema de la democracia. Lo que estamos llamando democracia –y el discurso alimentado al respecto por los políticos y los medios de comunicación, esa cierta retórica de la que todos hacemos más o menos uso- es en el fondo una falacia. No pasa de ser una fachada. Las instituciones están ahí, funcionan los parlamentos, los gobiernos, los tribunales, pero todo eso nada tiene que ver, y además nunca tuvo nada que ver en el pasado, incluso en la antigua Grecia, con esa idea, esa fórmula perfectamente admirable pero utópica, de la democracia como gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Jamás ha sido así, y hoy mucho menos. Porque hasta ahora teníamos la ilusión de que el poder político era la democracia, así como la relación del ciudadano con las instituciones sobre todo mediante el voto y las elecciones. Pero si miramos la situación en que se encuentra el mundo hoy, es fácil darse cuenta de que los gobiernos no mandan, que el poder efectivo, real, ése que está condicionando la vida de 6 mil millones en el mundo, es el poder económico concentrado en las multinacionales. Yo digo: se puede quitar un gobierno y poner otro si los ciudadanos así lo deciden, pero no pueden quitar el poder a una multinacional. Podría ser tan optimista como Chomsky si el movimiento zapatista, o movimientos similares -.no necesariamente debe haber un zapatismo universal– expresaran una conciencia colectiva mundial de la situación en que nos encontramos respecto de algo fundamental en la vida de una sociedad: la cuestión del poder, de quién lo tiene, por qué lo tiene, para quién y para qué. Y está clarísimo que el poder multinacional no se preocupa para nada de la suerte de la gente, sólo se guía por el lucro. No tiene otra explicación el hecho de que 3 mil millones de personas, la mitad de la población mundial, vivan con apenas 2 dólares diarios. Y cuando, algo provocante, digo a veces que el planeta Marte me importa un bledo, me importa un pepino, es porque tenemos que decidir las prioridades. Y desde mi punto de vista la prioridad absoluta es el ser humano. El cosmos está ahí hace no sé cuánto tiempo, un tiempo que escapaa la capacidad imaginativa sumada de los 6 mil millones de habitantes del mundo. Para qué asaltarlo ahora. El cosmos podría esperar 50 o 100 años más y no pasaría nada, al cosmos no le importaría nada. No tiene sentido ir a Marte mientras una persona en la Tierra, una única persona en la Tierra, se esté muriendo de hambre. Lo verdaderamente obsceno no es la pornografía. Lo que es obsceno es que se pueda morir de hambre. Entonces, soy menos optimista que Chomsky porque tenemos que resolver el problema del poder. Creo necesario que se desarrolle ese movimiento mundial de conciencia y el zapatismo puede ser un elemento para eso y aun favorecer con su ejemplo la aparición de movimientos similares en otros países, que no busquen la conquista del poder político convirtiéndose en nuevos partidos que reproducirían el sistema en la misma dirección y con los resultados conocidos. Hay indicios de ese desarrollo, Seattle, Davos, Cancún, Washington, Porto Alegre. Pero qué hacer cuando una multinacional patenta una planta que tiene propiedades curativas, que la gente estaba ya usando, como si Dios hubiera destinado la explotación de esa planta a esa multinacional, al cabo de no sé cuántos miles y miles de años, y nadie protesta. ¿Y dónde queda la privacidad? Hoy lo que cuenta es la tarjeta de crédito, nada más, el número de la tarjeta de crédito; el nombre no tiene ninguna importancia. Esto es expresión del problema fundamental que, a mi juicio, está subyacente en el discurso zapatista: es decir, no entrar en cuestiones de competitividad entre partidos políticos, sino hacer de un fuerte nivel social de conciencia algo que pueda cambiar el mundo. Su rumbo actual nos lleva al desastre.

–En ocasiones ha dicho usted que pasarán siglos antes de alcanzar una sociedad justa. También que dentro de millones de años nada quedará de este mundo. Todo lo cual remite a algo muy importante en su obra: el tema del tiempo. ¿Cómo ve este tiempo corto en relación con el tiempo largo?
–Yo creo que los tiempos son a la vez cortos y largos. Hay un tiempo que mide el reloj, pero sabemos que hay circunstancias de la vida en que el mismo lapso mensurable posee una diferente intensidad. La rutina de mi vida en Lanzarote contiene, por ser rutinaria, menos tiempo en el tiempo que yo tengo. Mientras que, si estoy en otro lugar, con una actividad mucho más intensa, puede en ese tiempo caber mucho más tiempo. Claro, esto es relativo y existen el tiempo psicológico, el tiempo matemático, el tiempo real, todo eso. Eso sí, estoy absolutamente convencido de la no existencia de algo que se pueda llamar presente. El presente no existe. Lo único que existe es pasado, porque ha sido vivido, consumido por nosotros o por los que vivieron antes. Creo que no podemos llamar presente a algo más que el momento en que decimos la palabra, que inmediatamente se convierte en pasado. Entonces veo a la humanidad como transportadora de tiempo. La humanidad es la que lleva el tiempo, lo lleva detrás, lo transporta o es transportada por él, como se quiera. El símbolo sería éste: el mar, la playa, la ola que se pliega con su espuma blanca y muere en la arena. Esa ola, que para mí es el tiempo de nuestra vida, y el brillo de esa espuma blanca el de nuestra existencia, cuando lo hay, no tendría ninguna posibilidad de ser sin el mar que está atrás, y el mar es todo el tiempo pasado. Si esto es así, y quizás es lo que usted nota en mis libros, se trata de esa especie de respiración del tiempo que va en dirección a algo que llamamos futuro, que tampoco sabemos dónde está. El futuro es el tiempo por vivir, el pasado, el tiempo vivido, y entre una cosa y otra no hay nada. Yo creo que el tiempo sencillamente está y no que pasa, sencillamente está. Nosotros estamos en el tiempo, que sigue un proceso de envejecimiento y, por lo tanto, a la vez que envejece, vamos envejeciendo nosotros.

–En estos días se ha entrevistado usted -.por separado, desde luego– con el presidente Vicente Fox y con el Subcomandante Marcos. ¿Cuáles son sus conclusiones sobre la presente coyuntura? 
–Para ser breve: de un lado y de otro hay palabras. Las palabras de Marcos, las palabras de Fox. Las palabras de Marcos tienen una consistencia, un sentido, que conocemos por sus escritos y comunicados, y agrego que Marcos es un gran escritor, sobre eso no tengo duda alguna. Yo diría que las palabras de Marcos son hechos, cada palabra que ha pronunciado es un hecho. Las palabras de Fox no son más que eso, palabras. Los hechos no han confirmado hasta ahora sus palabras. He estado con él y puedo decir, como declaré a los medios, que Fox tiene una voluntad de paz. Añadiría que no tiene más remedio que tener esa voluntad de paz, porque no es un problema de Fox, es un problema de México. Y tal vez llevado por su facundia verbal y por su ansiedad de llegar al poder, ha dicho esas tres o cuatro palabras que lo comprometieron, “en 15 minutos resuelvo el problema de Chiapas”. Se puede decir entonces que todas sus declaraciones actuales sobre la posibilidad de un acuerdo con los zapatistas obedecen, efectivamente, a que Fox quiere la paz. Sí, probablemente quiere la paz, no tengo duda alguna de que se pronuncia por la paz, porque una cosa está clarísima ya: los zapatistas no van a firmar una paz cualquiera, no han venido aquí para eso, la paz tendrá que esperar. Y tendrá que esperar toda una negociación, lenta, complicada, y lo que está claro es que los zapatistas no piensan renunciar a ninguna de sus reivindicaciones, a ninguna. Se puede opinar que dará comienzo el acostumbrado proceso político de tire y afloje, pero pienso que si el gobierno mexicano cree que los zapatistas van a entrar en el juego de que te doy esto para que me des aquello, se equivoca gravemente. Marcos y los zapatistas merecen todo el crédito que les da una larga resistencia, una coherencia ideológica y política ejemplar, un sentido estratégico verdaderamente notable: Marcos ha gestionado los silencios con la misma maestría con que ha gestionado las palabras. Cuando se decía que no hablaba, que pasaban los meses y no hablaba, la palabra necesaria surgía siempre en el momento justo, preciso, indispensable. Fox es un político semejante a muchísimos otros, no tiene credenciales en el sentido de un pensamiento, una idea, un proyecto. Sólo cuenta con las propuestas de sus asesores en la coyuntura actual, pero dudo de que tenga ideas más allá del día de mañana. Y los zapatistas sí tienen ideas, que no se limitan a la selva Lacandona, a Chiapas, a México. Tienen ideas que pueden trascender, sobre todo en el marco de los pueblos indígenas de toda América. Creo que ese movimiento es imparable. Quizás se lo podría contener en México, aunque lo dudo porque esta marcha está diciendo que no, que ya no se puede. Y las declaraciones de Marcos de que no se retirarán del Distrito Federal sin que se resuelva el problema indígena muestran una voluntad que llega a emocionar. Más allá del debate de ideas, de estrategias y tal, hay una especie de serenidad profunda en esa gente, en esos comandantes. Marcos, sí, pero en todos ellos hay una especie de estoicismo increíble. Conocemos las degradaciones que esa gente ha sufrido y, sin embargo, mantiene una serenidad profundísima que creo que les viene de esa relación del individuo con la comunidad. Cada uno de ellos es el que es, pero es también lo que todos los otros son. Y lo que debería estar presente en la conciencia de todos es que la tierra es de ellos. Hay cosas de las que uno debería avergonzarse. Por ejemplo, de los colonos blancos de Estados Unidos que regalaban a los pieles rojas mantas infectadas de viruela. Y del genocidio de 10 millones de habitantes del ex Congo Belga cuando era propiedad personal del rey Leopoldo II. Y del genocidio de 6 millones de judíos sacrificados por la Alemania nazi. Y del genocidio lento en estas tierras. Se debe poner fin a la falta de respeto humano que padecen los indígenas de América."

sábado, 20 de dezembro de 2014

José Saramago "A guerra do desprezo" - Publicado na "Crítica Marxista" (São Paulo, 1999)

A revista digital, "Blimunda", pode ser descarregada, gratuitamente, através do site da Fundação José Saramago. É lançado o número 31, que como refere «encerra o ano de 2014 da melhor maneira».
Aqui, pode ser lida a sinopse de apresentação,

"A Blimunda #31 encerra o ano de 2014 da melhor maneira."

"Em destaque, o dossier dedicado a Agustina e a Sophia, duas das grandes autoras portuguesas que este ano receberam justas homenagens da sociedade portuguesa. No caso de Sophia, com a sua entrada no Panteão Nacional, numa cerimónia de enorme beleza, fazendo jus à poesia que nos deixou. Desse momento, a Blimunda publica o texto de José Manuel dos Santos, que em representação da Cultura portuguesa leu o belo texto que agora fica perpetuado nestas páginas. No caso de Agustina, com um grande Congresso organizado pelo Círculo Literário Agustina Bessa-Luís e acolhido pela Fundação Calouste Gulbenkian, do qual publicamos os textos de Artur Santos Silva e de Mónica Baldaque.
Destaque também nesta Blimunda para a conversa de Andreia Brites com um dos grandes autores de álbuns ilustrados do século XX, o norte-americano Eric Carle, no ano em que se assinalam 45 anos da publicação de um dos seus mais aclamados livros, A lagartinha muito comilona.
A 28 de outubro deste ano, o Vaticano recebeu pela primeira vez o Encontro Mundial de Movimentos Populares, promovido pelo Papa Francisco, que contou com a participação do presidente boliviano, Evo Morales. Desse momento histórico chega-nos o relato pela voz de Ignacio Ramonet.
Espaço ainda na Blimunda para a conversa de Sara Figueiredo Costa com os responsáveis por um novo projecto editorial português, a Guilhotina, e a fechar, na Saramaguiana, o texto de Claudia Piñeiro lido na apresentação de Alabardas, que teve lugar na Feira Internacional do Livro de Gudalajara.
No fim de mais um ano, a Blimunda deseja a todos os seus leitores um 2015 de boas leituras!"


Na segunda página, da revista agora lançada, pode ser lido um excerto de um texto, publicado em 1999, a propósito de mais uma chacina prepertrada contra o povo de Chiapas.

Aqui, link original, para leitura completa,
em, http://www.ifch.unicamp.br/criticamarxista/sumario.php?id_revista=8&numero_revista=8

"A guerra do desprezo"

O braço direito do índio Jerónimo não se pode levantar porque tem completamente destroçada a articulação do ombro. A mão direita do índio Jerónimo é um coto sem dedos. Não se sabe o que está sob a ligadura que lhe envolve o antebraço. O lado direito do tronco do índio Jerónimo mostra, de cima a baixo, uma cicatriz larga e funda que parece partir-lhe o corpo em dois. Os olhos do índio Jerónimo perguntam-me que faço ali. O índio Jerónimo tem quatro anos e é um dos sobreviventes da matança de Acteal. Não suporto ver aquele braço, aquela mão, aquela cicatriz, aquele olhar, e viro as costas para que não se perceba que vou chorar. Diante de mim, velada pelas lágrimas que me queimam os olhos, está a fossa comum onde se encontram, em duas filas paralelas, os quarenta e cinco mortos de Acteal. Não há tabuletas com nomes. Tiveram um nome enquanto viveram, agora são simplesmente mortos. O filho não saberia dizer onde estão os pais, os pais não saberiam dizer onde está o filho, o marido não sabe onde está a mulher, a mulher não sabe onde está o marido. Estes mortos são mortos da comunidade, não das famílias que a constituem. Sobre eles está a construir-se uma casa. Amanhã, um dia, nas paredes que a pouco e pouco vão sendo erguidas, veremos as imagens possíveis da carnificina, o enterramento dos cadáveres, leremos enfim os nomes dos assassinados, algum retrato, se o tinham. Debaixo dos nossos pés estarão os mortos. Trabalhosamente, descemos ao barranco onde as vítimas se esconderam, fugidas à agressão dos paramilitares que desciam a encosta disparando. A igreja, simples barracão de tábuas em bruto, sem adornos, sequer uma cruz tosca na frontaria, onde os índios, desde há três dias, estavam jejuando e rezando pela paz, mostra os sinais das balas. Dali se escaparam os espavoridos tzotziles de Acteal julgando poder encontrar refúgio mais para baixo, numa reentrância do terreno escarpado. Não sabiam que tinham entrado numa ratoeira. A horda dos paramilitares não tardou a descobrir aquele informe amontoado de mulheres, homens e crianças, dezenas de corpos trémulos, de rostos angustiados, de mãos levantadas a implorar misericórdia. (Ai de nós, o acto de apertar o gatilho de uma arma tornou-se tão habitual na nossa espécie que até o cinema e a televisão já nos dão lições gratuitas dessa arte a qualquer hora do dia e da noite.) Sobre o mísero nó humano que se contorcia e gritava, os paramilitares despejaram, a gosto, rajadas e rajadas, até que o silêncio da morte respondeu aos últimos disparos. Algumas crianças (talvez o índio Jerónimo?) escaparam à chacina por terem ficado debaixo dos corpos crivados de balas. Apenas a 200 metros dali, quarenta agentes da Segurança Pública, chefiados por um general reformado, ouviram o tiroteio e não deram um passo, não fizeram um gesto, apesar de saberem o que estava a acontecer. Foi tal a indiferença das autoridades que nem ao menos cortaram o trânsito na estrada que passa por Acteal, a pouca distância do local do múltiplo crime. A cumplicidade das diversas forças armadas mexicanas com os paramilitares ligados ao partido do Governo, por de mais evidente, não precisa de melhor demonstração. 


No município índio de Chenalhó (leia-se Chenal-hó), onde se encontra o povoado de Acteal, misturam-se as histórias pessoais e familiares, políticas e sociais. "Zapatistas" e "priístas" têm parentes e amigos no outro bando, e não é raro que as vexações recíprocas destruam os afectos. Os
deslocados, varridos brutalmente de um lado para outro, provém da destruição das pequenas aldeias em que viviam, da falta de respeito pelos campos comunais, da impossibilidade de se reunirem em assembleias e de trabalharem sem medo, das humilhações inflingidas pelas autoridades, da mudança forçada de dirigentes por outros sem mandato nem eleição, da destruição dos símbolos comunitários, da proibição de reuniões, ou toleradas sob a vigilância de paramilitares protegidos pela polícia. Na
guerra do desprezo que se está travando em Chiapas, os índios são tratados como animais incómodos. E a multinacional Nestlé espera com impaciência que o assunto se resolva: o café está à sua espera...
Perto de Acteal, em Polhó (leia-se Pol-hó), num cartaz à entrada do acampamento de deslocados zapatistas, lêem-se estas palavras: "Que será de nós quando o último de vós se for embora?. E eu pergunto: "Que será de nós quando se perder a última dignidade do mundo?".

"SARAMAGO, José. A guerra do desprezo. Crítica Marxista, São Paulo, Xamã, v.1, n.8,
1999, p.9-10."


Aqui, mais informação, via Wikipédia,

"O massacre de Acteal, ocorrido em 22 de Dezembro de 1997, consistiu na chacina de 45 indígenas tzotziles que se encontravam rezando numa igreja na localidade de Acteal, no estado mexicano de Chiapas. A opinião dominante é que este massacre terá sido executado por forças paramilitares eventualmente opostas ao Exército de Libertação Nacional Zapatista (EZLN) mas nunca realmente identificadas. Entre as vítimas contavam-se dezasseis crianças e adolescentes bem como vinte mulheres (algumas delas supostamente grávidas) e nove homens adultos.
Segundo os relatos de testemunhas as vítimas, pertencentes a um grupo comunitário denominado Las abejas (as abelhas) simpatizante do EZLN, terão sido mortas por cerca de 90 paramilitares, supostamente membros dum grupo denominado Máscara Roja (máscara vermelha), durante uma operação que se terá prolongado por cerca de 7 horas, a curta distância de um posto militar. Os militares ali estacionados não intervieram de forma a evitar o massacre, existindo relatos de que na manhã seguinte alguns deles se encontravam na igreja, lavando o sangue das paredes.
Na sequência do massacre cerca de 100 pessoas, na sua maioria indígenas, acabariam por ser detidas numa prisão de Tuxtla Gutiérrez, a capital de Chiapas.
O então bispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz, afirmou ser necessário que a Procuradoria Geral da República investigasse sobre quem seriam os instigadores deste massacre.
Entre os presumíveis participantes encontravam-se oito ex-oficiais das forças de segurança pública, condenados a penas de pouco mais de três anos de prisão e libertados logo de seguida.
Segundo dados não oficiais, crê-se que nessa altura em Chiapas operavam vários grupos paramilitares que combatiam o EZLN. Há quem sugira[quem?] que estariam ligados ao Partido Revolucionário Institucional (PRI), então no poder havia 68 anos."