Perguntam-me não raras vezes:
- "Qual o livro de José Saramago que mais gostaste de ler?"
A resposta que pode ser dada a cada momento:
- "Impossível de dizer... não sei responder, não seria justo para com outros (livros) não nomeados. Mas uma coisa sempre soube. Uma obra de Saramago, enquanto "pseudo ser vivo" ou com "gente dentro" tem que me raptar, prender-me, não me deixar sair de dentro das suas páginas. Fazer de mim um refém, e só me libertar no final da leitura... mesmo ao chegar à última página. Aí, o "Eu" leitor que se mantém refém, liberta-se da "gente que a obra transporta dentro" e segue o seu caminho.
Mas segue um caminho que se faz caminhando, conjuntamente com mais uma família"

Rui Santos

domingo, 18 de dezembro de 2016

Cátedra Libre José Saramago (Marzo 2017 - Facultad de Lenguas da Universidad Nacional de Córdoba (Argentina)


Sitio oficial de la Facultad de Lenguas - Universidad Nacional de Córdoba - Argentina
Valparaíso s/n, Ciudad Universitaria, Córdoba, Argentina • Tel.: +54 (0351) 434-3214 /15 /16 /17 /18

Del Diario al Blog: Los Cuadernos de José Saramago
Inicia: marzo 2017 

La propuesta programática del año 2017 pone el acento en la producciones discursivas construidas por el autor a lo largo de los cinco Cuadernos de Lanzarote y los posteos en el blog que dieron cuerpo a los libros El cuaderno y El úlitmo cuaderno. A partir del concepto de «semiosis social» elaborado por Eliseo Verón, el planteo teórico recorrerá cada una de esas inscripciones textuales y las pondrá en conjunción con la producción narrativa de cada uno de esos períodos discutiendo la noción misma de «fundaciones» en el marco de la red semiótica social.

Clases: comienzan en Marzo 2017 ( fecha a confirmar) 1 viernes por mes, de 17.30 a 20.30 h)
Lugar: Facultad de Lenguas, sede Valparaíso, Aula 4
Inscripción: Personalmente en la 1ª clase
Destinatarios: Público en general, alumnos, egresados y docentes de la FL y otras instituciones
Organiza: Cátedra Libre José Saramago, Facultad de Lenguas
ACTIVIDAD GRATUITA. SE ENTREGARÁN CERTIFICADOS
Programa disponible aquí 
Más información: catedrasaramago@gmail.com


La cátedra abierta José Saramago
La Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional de Córdoba cuenta, entre sus logros de los últimos años, haber creado una Cátedra de Derechos Humanos que tiene como propósito ser una usina permanente de reflexión sobre memoria, verdad y justicia.<

La Cátedra Libre José Saramago se propone coadyuva a la misma intención pero se encuadra en otra dimensión epistemológica. Pretende operar intelectivamente sobre la obra del escritor José Saramago –Premio Nobel de Literatura 1998- para articular una reflexión literaria y política enmarcada en la discusión sobre el lenguaje, la interculturalidad y los derechos humanos.

Estudiar su obra, concederle un lugar privilegiado en las currícula universitaria es dotar este pensamiento de una fuerza transformadora que aviva la reflexión, la discusión crítica y el debate siempre bienvenido sobre temas que nos convocan para ser protagonistas de la historia y no meros reproductores.

La Cátedra Libre José Saramago propone estudiar la obra del escritor José Saramago propiciando una reflexión interdisciplinaria que articula preocupaciones de orden social, político y literario persiguiendo los siguientes objetivos:

1. Fortalecer y sistematizar la dimensión ético-política presente en la obra ficcional y ensayística de José Saramago.
2. Explorar las potencialidades significativas de los textos saramaguianos a partir del marco teórico elegido.
3. Potenciar los procedimientos heurísticos de análisis literario desde la mirada de universitarios latinoamericanos en un aquí y ahora.



Asignatura: CATEDRA LIBRE JOSE SARAMAGO

Profesor: Titular: Dr. Miguel Alberto Koleff
     
Régimen de cursado: Anual

Carga horaria semanal: 4 horas mensuales.

Los textos se leen en el idioma original o en idioma español si hay traducciones accesibles.

Docentes Invitados en 2017:

  Prof. Clara Ryfenholz (Facultad de Lenguas, UNC)
  Prof. Alejandra Britos (Facultad de Lenguas, UNC)
  Lic. Prof. Ximena Rodríguez (Facultad de Lenguas, UNC)
  Lic. Marisa Piehl (UNLaR)
  Lic. Graciela Castañeda
  Lic. Victoria Ferrara (UNLaR)



1. FUNDAMENTACION 

La Cátedra Libre José Saramago pretende operar intelectivamente sobre la obra del escritor José Saramago –Premio Nobel de Literatura 1998- para articular una reflexión literaria y política enmarcada en la discusión sobre el lenguaje, la interculturalidad y los derechos humanos. El escritor portugués en cuestión ha sido una de las voces más incisivas en el horizonte histórico-social del siglo XX y del entrado siglo XXI al denunciar la expansión de un neoliberalismo feroz que crea hondas desigualdades y mayor exclusión en el mundo contemporáneo, las formas del horror y la violencia que perpetúa la fe religiosa encarnada en la idea de un «factor Dios»  y la potenciación de las fuerzas de des-humanización que conspiran contra la dignidad humana y el derecho a la libertad y a la paz.

2. SINTESIS CONCEPTUAL

La propuesta programática del año 2017 se organiza en torno del siguiente eje temático: «Del diario al blog: los Cuadernos de José Saramago» y pone el acento en las producciones discursivas construidas por el autor a lo largo de los cinco Cadernos de Lanzarote [Cuadernos de Lanzarote] y los posteos en el blog que dieron cuerpo a los libros O caderno [El cuaderno] y O último caderno [El último cuaderno]. A partir del concepto de «semiosis social» elaborado por Eliseo Verón el planteo teórico recorrerá cada una de esas inscripciones textuales y las pondrá en conjunción con la producción narrativa de cada uno de esos períodos discutiendo la noción misma de «fundaciones» en el marco de la red semiótica social.
3. OBJETIVOS

Generales
Al finalizar el curso, el alumno estará en condiciones de:

1. Fortalecer y sistematizar la dimensión ético-política presente en la obra ficcional y ensayística de José Saramago.
2. Explorar las potencialidades significativas de los textos saramaguianos a partir del marco teórico elegido.
3. Potenciar los procedimientos heurísticos de análisis literario desde la mirada de universitarios latinoamericanos en un aquí y ahora.

Específicos 
Al finalizar el curso, el alumno estará en condiciones de:

- Ocuparse del lenguaje y del «subconsciente» de los textos literarios para revelar el papel que éstos tienen en la construcción ideológica de una comunidad interpretante;
- Potenciar hermenéuticamente estos textos articulando su disponibilidad discursiva con los contextos políticos de su emergencia socio-histórica.

4. CONTENIDOS CONCEPTUALES 

Pero se le confirma también, y no en menor medida, por la
clave que dota a ese instante del poder para abrir un 
determinado recinto del pasado, completamente clausurado 
hasta entonces. El ingreso en este recinto coincide estrictamente
con la acción política
(Benjamin, 2009, p. 30) [Tesis 17a]


Unidad Propedéutica: Presentación. Introducción al estudio de la literatura de José Saramago y las investigaciones sobre el autor. Presentación del programa anual y construcción del marco teórico.

Unidad 1:  Cadernos de Lanzarote: Diário I (1993) [Cuadernos de Lanzarote: Diario I] Lectura, análisis e interpretación de los textos. Crítica literaria. Contexto de producción y condiciones discursivas de recepción. Intertextos sociales y literarios. Interdiscursividad (es). 

Unidad 2: Cadernos de Lanzarote: Diário II (1994) [Cuadernos de Lanzarote: Diario II] Lectura, análisis e interpretación del texto. Crítica literaria. Contexto de producción y condiciones discursivas de recepción. Intertextos sociales y literarios. Interdiscursividad (es). 

Unidad 3: Cadernos de Lanzarote: Diário III (1995) [Cuadernos de Lanzarote: Diario III] Lectura, análisis e interpretación del texto. Crítica literaria. Contexto de producción y condiciones discursivas de recepción. Intertextos sociales y literarios. Interdiscursividad (es). 

Unidad 4: Cadernos de Lanzarote: Diário IV (1996) [Cuadernos de Lanzarote: Diario IV] Lectura, análisis e interpretación del texto. Crítica literaria. Contexto de producción y condiciones discursivas de recepción. Intertextos sociales y literarios. Interdiscursividad (es). 

Unidad 5: Cadernos de Lanzarote: Diário V (1997) [Cuadernos de Lanzarote: Diario V] Lectura, análisis e interpretación del texto. Crítica literaria. Contexto de producción y condiciones discursivas de recepción. Intertextos sociales y literarios. Interdiscursividad (es). 

Unidad 6: O caderno (2008-2009)  [El cuaderno] Lectura, análisis e interpretación del texto. Crítica literaria. Contexto de producción y condiciones discursivas de recepción. Intertextos sociales y literarios. Interdiscursividad (es). 

Unidad 7: O último caderno (2009-2010) [El último cuaderno] y Notas de trabajo de Alabardas, alabardas, espingardas, espingardas (2010) [Alabardas] Lectura, análisis e interpretación del texto. Crítica literaria. Contexto de producción y condiciones discursivas de recepción. Intertextos sociales y literarios. Interdiscursividad (es). 


5. METODOLOGIA Y PROCEDIMIENTOS DIDACTICOS 

El trabajo áulico potenciará los procesos reflexivos de análisis, interpretación y crítica del texto literario. Las clases teóricas abrirán las perspectivas de abordaje y puntualizarán los líneas de lectura pausibles de los textos escogidos. Las clases prácticas estarán ceñidas a la investigación de los contextos referenciales y el estudio orgánico de las obras seleccionadas.

6. EVALUACION

La Cátedra prevé sólo una condición de cursado: regular, que se adquiere con la presencia y participación en el 80% de las clases. El examen final consistirá en la elaboración de un ensayo sobre alguno de los tópicos trabajados en clase.  

7. CRONOGRAMA TENTATIVO

Clase 1 Marzo Presentación de José Saramago y de la propuesta 2017. Marco teórico
Clase 2 Abril Análisis de Cadernos de Lanzarote I
Clase 3 Mayo Análisis de Cadernos de Lanzarote II
Clase 4 Junio Análisis de Cadernos de Lanzarote III
Clase 5 Julio Análisis de Cadernos de Lanzarote IV
Clase 6 Agosto Análisis de Cadernos de Lanzarote V
Clase 7 Setiembre Análisis de O caderno
Clase 8 Octubre Análisis de O último caderno y Notas de trabajo de Alabardas
Clase 9 Noviembre Evaluación


8. BIBLIOGRAFÍA GENERAL MINIMA

Arias, J. (1998). José Saramago: el amor posible. Buenos Aires: Planeta.
Benjamin, W. (2009). Tesis sobre la historia y otros fragmentos. (B. Echeverría, Trad.) Rosario: Prohistoria.
Bonito Couto Pereira, H. (2000). Literatura: toda a literatura portuguesa e brasileira. São Paulo: FTD.
Cury, J. J. (2007). Intertextualidad e identidad en Don Giovanni de José Saramago. In M. Koleff, III Apuntes Saramaguianos. José Saramago y el siglo XXI (pp. 53-68). Córdoba: EDUCC.
Ferrara, V. (2012). Benjamin y Saramago: resistencias finiseculares a la crisis de la experiencia de lo real. In M. Koleff, & F. Takahashi, VII Apuntes Saramaguianos. José Saramago y el capitalismo global (pp. 15-32). Córdoba: EDUCC.
Gómez Aguilera, F. (2010). José Saramago en sus palabras. Buenos Aires: Alfaguara.
Gomez de Silva, G. (1998). Breve Diccionario Etimológico de la lengua española. México: FCE.
Koleff, M. A. (7 de Marzo de 2013). Grândola, vila morena. Hoy Día Córdoba , p. Suplemento Magazine.
Koleff, M. A. (12 de Julio de 2012). La caverna de José Saramago: un cuento de hadas dialéctico. Hoy día Córdoba , p. 1 Magazine Cultural.
Koleff, M. A. (2013). La Caverna de José Saramago: una imagen dialéctica. Córdoba: EDUCC.
Koleff, M. (2008). Bajo el signo de la disidencia: José Saramago. In A. MAILHE, & E. REITANO, Pensar Portugal. Reflexión sobre el legado histórico y cultural del mundo luso en Sudamérica (pp. 291-301). Buenos Aires: FaHCE.
Koleff, M. (2009). De José Saramago a Imre Kertész: la rebelión de la indulgencia. In M. Koleff, El reconocimiento del otro en la cultura contemporánea (p. Versión digital sin paginar). Córdoba: EDUCC.
Koleff, M. (2005). José Saramago y el lugar de la lectura (Introducción a su novelística). In M. Koleff, II Apuntes Saramaguianos (pp. 17-26). Córdoba: EDUCC.
Koleff, M. (2005). José Saramago y el lugar de la lectura (Introducción a su novelística). In M. Koleff, II Apuntes Saramaguianos (pp. 17-26). Córdoba: EDUCC.
Koleff, M. (2004). La ceguera y la lucidez. José Saramago: la insurrección ética (Una polifonía crítica). In C. Schickendantz, Crisis cultural y derechos humanos (pp. 251-262). Córdoba: EDUCC.
Koleff, M. (2012). La dialéctica del sueño y del despertar. Consideraciones benjaminianas sobre La Caverna de José Saramago. In M. Koleff, & F. Takahashi, VII Apuntes Saramaguianos (pp. 57-68). Córdoba: EDUCC.
Koleff, Miguel;. (2004). Apuntes Saramaguianos. Aproximaciones a la narrativa de José Saramago. Córdoba: EDUCC.
Koleff, Miguel; Ferrara, María Victoria;. (2009). V Apuntes Saramaguianos. Etica y Política en Todos los Nombres de José Saramago. Córdoba: EDUCC.
Koleff, Miguel; Ferrara, María Victoria;. (2010). VI Apuntes Saramaguianos. José Saramago: memoria, voces, escrituras. Córdoba: EDUCC.
Koleff, Miguel; Ferrara, Victoria;. (2007). III Apuntes Saramaguianos. José Saramago y el siglo XXI. Córdoba: EDUCC.
Koleff, Miguel; Ferrara, Victoria;. (2008). IV Apuntes Saramaguianos. Córdoba: EDUCC.
Koleff, Miguel;. (2005). II Apuntes Saramaguianos. José Saramago: un acercamiento al lector. Córdoba: EDUCC.
Koleff, Miguel; Takahashi, Fabiana;. (2012). VII Apuntes Saramaguianos. José Saramago y el capitalismo global. Córdoba: EDUCC.
Le Monde diplomatique. (2002). Saramago: «soy un comunista hormonal». Conversaciones con Jorge Halperín. Buenos Aires: Capital Intelectual.
Marques Lopes, J. (2010). Saramago. Biografia. São Paulo: LeYa.
Moises, M. (1974). A literatura portuguesa. São Paulo: Cultrix.
Pires de Almeida, M. A. (2006). A Revolução no Alentejo: memórias e traumas da reforma agrária. Lisboa: ICS.
Ponce, M., Castañeda, G., & Piehl, M. (2006). Indagaciones. Ensayos sobre la alteridad en la narrativa de José Saramago. Córdoba: EDUCC.
Rancière, J. (2011). Política de la literatura. Buenos Aires: Libros del Zorzal.
Real, M. (2011). O romance português contemporâneo 1950-2010. Lisboa: Caminho.
Saramago, J. (2014). Alabardas. Buenos Aires: Alfaguara.
Saramago, J. (1994). Cadernos de Lanzarote - Diário I. Lisboa: Caminho.
Saramago, J. (1995). Cadernos de Lanzarote - Diário II. Lisboa: Caminho.
Saramago, J. (1996). Cadernos de Lanzarote - Diário III. Lisboa: Caminho.
Saramago, J. (1997). Cadernos de Lanzarote - Diário IV. Lisboa: Caminho.
Saramago, J. (1998). Cadernos de Lanzarote - Diário V. Lisboa: Caminho.
Saramago, J. (1998). Cuadernos de Lanzarote (1993-1995). Madrid: Alfaguara.
Saramago, J. (2002). Cuadernos de Lanzarote II (1996-1997). Buenos Aires: Alfaguara.
Saramago, J. (2009). El cuaderno. Buenos Aires: Alfaguara.
Saramago, J. (2011). El último cuaderno. Buenos Aires: Alfaguara.
Saramago, J. (2009). O caderno. Lisboa: Caminho.
Verón, E. (1993). La semiosis social. Fragmento de una teoría de la discursividad. Barcelona: Gedisa.

"Editores" - Revisitar "Outros Cadernos de Saramago" (18/12/2008)

Revisitar "Outros Cadernos de Saramago"
http://caderno.josesaramago.org/17620.html

Quinta-feira, 18 de Dezembro de 2008

"Editores"
"Voltaire não tinha agente literário. Não o teve ele nem nenhum escritor do seu tempo e de largos tempos mais. O agente literário simplesmente não existia. O negócio, se assim lhe quisermos chamar, funcionava com dois únicos interlocutores, o autor e o editor. O autor tinha a obra, o editor os meios para publicá-la, nenhum intermediário entre um e outro. Era o tempo da inocência. Não quer isto dizer que o agente literário tenha sido e continue a ser a serpente tentadora nascida para perverter as harmonias de um paraíso que, verdadeiramente, nunca existiu. Porém, directa ou indirectamente, o agente literário foi o ovo posto por uma indústria editorial que havia passado a preocupar-se muito mais com um descobrimento em cadeia de best-sellers que com a publicação e a divulgação de obras de mérito. Os escritores, gente em geral ingénua que facilmente se deixa iludir pelo agente literário do tipo chacal ou tubarão, correm atrás de promessas de vultosos adiantamentos e de promoções planetárias como se disso dependesse a sua vida. E não é assim. Um adiantamento é simplesmente um pagamento por conta, e, quanto a promoções, todos temos a obrigação de saber, por experiência, que as realidades ficam quase sempre aquém das expectativas.Estas considerações não são mais que uma modesta glosa da excelente conferência pronunciada por Basílio Baltasar em finais de Novembro no México, com o título de “A desejada morte do editor”, na sequência de uma entrevista dada a “El País” pelo famoso agente literário Andrew Willie. Famoso, digo, embora nem sempre pelas melhores razões. Não me atreveria, nem seria este o lugar adequado, a resumir as pertinentes análises de Basilio Baltasar a partir da estulta declaração do dito Willie de que “O editor é nada, nada” e que me recorda as palavras de Roland Barthes quando anunciou a morte do autor… Afinal, o autor não morreu, e o ressurgimento do editor amante do seu trabalho está nas mãos do editor, se assim o quiser. E também nas mãos dos escritores a quem vivamente recomendo a leitura da conferência de Basilio Baltasar, que deverá ser publicada, e um seu consequente debate."

sábado, 17 de dezembro de 2016

"Palavras" - Revisitar "Outros Cadernos de Saramago" (17/12/2008)

Revisitar "Outros Cadernos de Saramago"
http://caderno.josesaramago.org/17159.html

Quarta-feira, 17 de Dezembro de 2008

"Palavras"
"Não pode haver conferência de imprensa sem palavras, em geral muitas, algumas vezes demasiadas. Pilar insiste em recomendar-me que dê respostas breves, fórmulas sintéticas capazes de concentrar longos discursos que ali estariam fora de lugar. Tem razão, mas a minha natureza é outra. Penso que cada palavra necessita sempre pelo menos outra que a ajude a explicar-se. A coisa chegou a um ponto tal que, de há tempos a esta parte, passei a antecipar-me às perguntas que supostamente me farão, procedimento facilitado pelo conhecimento prévio que venho acumulando sobre o tipo de assuntos que aos jornalistas mais costumam interessar. O divertido do caso está na liberdade que assumo ao iniciar uma exposição dessas. Sem ter de preocupar-me com os enquadramentos temáticos que cada pergunta específica necessariamente estabeleceria, embora não fosse essa a sua intenção declarada, lanço a primeira palavra, e a segunda, e a terceira, como pássaros a que foi aberta a porta da gaiola, sem saber muito bem, ou não o sabendo de todo, aonde eles me levarão. Falar torna-se então numa aventura, comunicar converte-se na busca metódica de um caminho que leve a quem estiver escutando, tendo sempre presente que nenhuma comunicação é definitiva e instantânea, que muitas vezes é preciso voltar atrás para aclarar o que só sumariamente foi enunciado. Mas o mais interessante em tudo isto é descobrir que o discurso, em lugar de se limitar a iluminar e dar visibilidade ao que eu próprio julgava saber acerca do meu trabalho, acaba invariavelmente por revelar o oculto, o apenas intuído ou pressentido, e que de repente se torna numa evidência insofismável em que sou o primeiro a surpreender-me, como alguém que estava no escuro e acabou de abrir os olhos para uma súbita luz. Enfim, vou aprendendo com as palavras que digo. Eis uma boa conclusão, talvez a melhor, para este discurso. Finalmente breve."

sexta-feira, 16 de dezembro de 2016

"Do canto ao romance, do romance ao canto" - Texto ensaístico

Pode ser consultado e recuperado aqui
em http://www.josesaramago.org/do-canto-ao-romance-do-romance-ao-canto/

"Do canto ao romance, do romance ao canto"

"É conhecido o caso de um moço, habilidoso de nascença, que, sem nunca ter recebido lições de belas-artes nem aprendido de mestres particulares, e não dispondo de outra ferramenta que um canivete, era capaz de transformar em pouco tempo um toco de madeira bruta no mais perfeito e acabado urso de que rezariam histórias da escultura se o objectivo delas fosse ocuparem-se de talentos místicos. Invariavelmente, a gente da terra maravilhava-se com a  rapidez e o jeito apurado, e, também invariavelmente, o rapaz respondia às curiosidades: «Não tem nenhuma dificuldade. Agarro no bocado de madeira e fico a olhar para ele até ver o urso. Depois, é só tirar o que está a mais.»

O nosso escultor dava-nos assim, de uma vez só, duas lições magníficas: a da modéstia e a da generosidade. Revelava-nos sem disfarce nem engano o seu segredo de oficina e ensinava-nos como deveríamos proceder para criar um urso: olhar para onde ele não está e, apenas com o olhar, obrigá-lo a aparecer.

Mas, ai de mim, não há perversidade  pior que a dos ingénuos. Este amável moço, tão prestante em explicar-nos  como fez, não permite que lhe saia da boca uma única palavra sobre  como se faz. Não duvidamos de que o urso ali esteja, mas entre a figura do animal e as nossas inábeis mãos existe uma muralha de madeira fechada, com nós duríssimos, veios intratáveis, traiçoeiras maciezas da fibra: é por de mais evidente que se necessitará muito engenho e muita  arte para abrir um caminho e fazer dele avenida por onde possa alongar-se, enfim comprazido, um olhar fruidor. A arte, afinal de contas, não é fácil, o rapaz dos ursos esteve a divertir-se à nossa custa.

Contudo, imprudente seria o céptico que se atrevesse a jurar que no interior de ada bocado de madeira não se encontra um urso à nossa espera. Está ali, e sempre há-de estar. Ainda que não consigamos vê-lo distintamente, pelo menos seremos capazes de adivinhá-lo, de intuí-lo, aparece-nos ao longe como  uma luz instável e lenta, um vago luzeiro que, por assim dizer, não chegasse a iluminar-se a si mesmo.

E é aqui, num súbito relance, que descubro que não é de ursos que se trata, mas de um tema, exactamente este que vos trouxe: «Do canto ao romance, do romance ao canto». Creio distinguir-lhe e identificar-lhe os contornos, tornar-se-lhe nítido e preciso o vulto, chego a acreditar que me bastará estender a mão e agarrá-lo, mas no momento em que vou exclamar, triunfante: «Minhas senhoras e meus senhores, eis o urso», verifico que tudo não foi mais que ilusão e ludíbrio, e apenas tenho para mostrar isto que vêem aqui, um tronco cortado, um cepo, uma raiz torta, um assunto à procura da sua porta de entrada. E outra vez a luz recomeça a pulsar, como um coração implorando: «Tirem-me daqui.»

Disse: «Do canto ao romance» – e esse percurso, essa viagem por espaços, mundos e tempos, desde os poemas homéricos a Marcel Proust, ou James Joyce, ou Franz Kafka, passando pelas Mil e Uma Noites, pelas epopeias indianas, pelas parábolas dos livros sagrados, pelo Cântico dos Cânticos, pelas fábulas milésicas, pelo Asno de Ouro, pelas canções de gesta, pelas sagas islandesas, pelos ciclos de Roldão, da Demanda do Graal, de Alexandre, de Robin Hood, pelo Roman de la rose e pelo Roman de Renart, por Gargântua, pelo Decameron, por Amadis de Gaula, por Don Quixote, e também por Gulliver e Robinson, Werther e Tom Jones, por Ivanhoe, Cinq-Mars e Os Três Mosqueteiros, pela Nossa Senhora de Paris, pela Comédia Humana, pelas Almas Monas, pela Guerra e Paz, pelos Irmãos Karamazov, pela Cartuxa de Parma, pela Montanha Mágica, até aqui, até aos dias de hoje, essa viagem relata-se e explica-se por si mesma, começou um dia, em voz e em grito, à sombra de uma árvore, ou no interior  de uma gruta, ou num acampamento de nómadas à luz das estrelas, ou na praça pública, ou no mercado, e depois houve alguém que escreveu, e a seguir alguém que escreveu sobre o que antes tinha sido escrito, infinitamente repetindo, infinitamente variando, escrevendo, lendo, escrevendo, lendo…

Pouco importará a mais do que provável incoincidência com a realidade histórica entre esta visão lírica de narrativas entoadas em melopeia e uma escritura organizada e disciplinada, respeitadora de regras, preceitos e normas, e, fatalmente, de sistemas convencionais que nunca o são menos pelo facto inelutável de serem transitórios  e portanto substituíveis por outros sistemas, estes, por sua vez, condenados, mais cedo ou mais tarde, a idênticos processos de mudança. A evocação que aí deixei serviu-me somente para ilustrar, do modo mais persuasivo de que fui capaz, a primeira parte do título que dei a estas breves linhas: «Do canto ao romance», e, para os fins que tenho em vista, tão bem servia esta como outra qualquer. A dificuldade viria sempre depois. Precisamente agora.

Digo: «Do romance ao canto» – e nesta  altura deveria demonstrar, ou pelo menos propor-vos como uma hipótese plausível, que o género literário a que damos o nome de romance, havendo chegado na nossa época ao final do arco de círculo que, tal imaginário pêndulo, traçou através dos tempos, estaria regressando pelo caminho por onde veio, até reencontrar o canto primordial, donde recomeçaria a viagem, porventura com um novo impulso que lhe  permitiria galgar, em direcção ao futuro, mais uns quantos séculos ou milénios. Algo como dois passos para trás e três para diante…

Não sou tão desprovido de senso comum.  Dinâmica e cinética são programas de diferente foro do conhecimento, e a literatura, se repete infinitamente, como já foi dito, também infinitamente varia, como foi dito  já. Posto o que, chegados a este ponto, é irresistível recordar aquele célebre Pierre Menard, autor de um Quixote  idêntico ao de Cervantes, segundo nos explica Jorge Luis Borges nas suas  Ficciones,  o qual Pierre Menard, tendo repetido, palavra por palavra, a obra do imortal «Manco de Lepanto» (assim designam a Cervantes quando não se quer repetir-lhe o nome, destino a que Camões escapou, pois ninguém, até hoje, se atreveu a chamar-lhe «Zarolho de Ceuta»), muitas vezes está a dizer coisas diferentes, não mais que por serem diferentes os modos de as entender neste século XXI em que estamos e naquele século XVII em que nunca estaremos. Porém, este mesmo exemplo nos mostra, derradeiramente, que qualquer repetição exacta é impossível. Naquela sua viagem de retorno às origens, ao outro extremo do arco de círculo, o pêndulo iria supostamente reencontrando e reconhecendo, passo a passo, a identidade  romanesca perceptível nas narrações que conhecemos do passado, ao mesmo tempo que iria deixando atrás de si o rasto de uma alteridade coincidente, se uma tão grosseira contradição em termos (se é alteridade, não é coincidente) pudesse ser admitida. É claro que foi pelos meus próprios passos que me meti no beco sem saída em que de repente me encontro. De facto, se ao romance não é permitido fazer nenhum percurso inverso, se Pierre Menard, quando fiel e escrupulosamente copiou o Quixote, acabou por escrever outro livro, como conseguiríamos nós alcançar novamente o anto, o desejado canto, e, se sim lá chegássemos, de que canto seriam capazes as nossas bocas de hoje, ainda que as palavras fossem iguais e igual a música? Os homéridas já não têm lugar neste mundo, o  tempo é, de todas as coisas, a única que não é recuperável. Que nos resta, então? Como iremos inventar o canto novo, esse a que me está obrigando a segunda parte do meu título? E com que direito me proporia eu, se é de facto essa a minha intenção, anunciar o advento de uma nova era, literariamente falando, claro está, sem cuidar de saber se isso agradaria a quem tivesse de vivê-la? Trazer Homero aos nossos dias, homerizar o romance, terá algum sentido?

Estas perguntas, em si mesmas, e pela ordem por que as apresentei, não são inocentes. Permitem-me, enfim, trocar o geral pelo particular, penetrando no único universo de que posso falar com a legitimidade que dá um conhecimento de causa, isto é, o meu próprio e pequeno universo, o do romance que faço, o seu porquê, o seu como e o seu para quê.

Em primeiro lugar, consideremos a relação do autor com o tempo. Não este em que agora estamos, não aquele outro que foi o do escritor enquanto trabalhou no seu livro, mas sim o tempo contido e encerrado no romance, e que também não é o das horas e dias que levará a ser lido, ou uma referência temporal implícita no discurso ficcional, e menos ainda o tempo explicitado fora da narrativa, por exemplo, no título que ela recebeu, casos de Cem Anos de Solidão ou de Vinte e Quatro Horas na Vida de Uma Mulher.  Falo, sim, de um tempo poético, feito  de ritmos, de suspensões, um tempo simultaneamente linear e labiríntico, instável, movediço, um tempo dotado de leis próprias, um fluxo verbal que transporta uma duração e que uma duração por sua vez transporta, fluindo e refluindo como uma maré entre dois continentes. Este, repito, é o tempo poético, pertence à recitação e ao canto, aproveita todas as possibilidades expressivas do andamento, do compasso, da coloratura, é melismático ou silábico, longo, breve, instantâneo. De um tempo assim percebido foi meu desejo e minha ambição que se alimentassem as ficções que inventei, consciente de que vou querendo, mais e mais, aproximar-me da estrutura de um poema que, sendo pura expansão, se mantivesse fisicamente coerente.

Afirmam músicos e musicólogos que uma  sinfonia, hoje, é algo impossível, como, na mesma linha de ideias, o seria  também esculpir um capitel coríntio. Obviamente, qualquer pessoa, se dotada de suficiente habilidade, poderá contrariar tal interdição de princípio, compondo, de facto, a sinfonia,  ou esculpindo, de facto, o capitel: o que dificilmente poderá é levar-nos a acreditar que, ao fazê-lo, esteve a responder a uma necessidade autêntica, tanto no plano da criação como no plano da fruição. Ora, quem sabe se não teremos  também nós de enfrentar a gravíssima responsabilidade de aplicar ao romance uma  sentença igual, afirmando, por exemplo, que também ele se tornou impossível nas suas formas paradigmáticas, prolongadas até hoje com mínimas variações, só raramente  radicais e sempre assimiladas e integradas no corpo tópico, o que tem permitido, com a graça de Deus e a bênção dos editores, que continuemos, muitos de nós, a escrever romances como comporíamos sinfonias brahmsianas ou talharíamos capitéis coríntios.
Mas este mesmo romance, que assim parecia estar condenando, contém já em si, nos seus diversos e actuais avatares, a possibilidade de se transformar num espaço literário (propositadamente digo espaço, e não género) capaz de acolher, como um grande, convulso e sonoro mar, os afluentes torrenciais da poesia, do drama, do ensaio, e também da ciência e da filosofia, tornando-se expressão de um conhecimento, de uma
sabedoria, de uma cosmovisão, como o  foram, no seu tempo, os poemas da antiguidade clássica.

Porventura estarei caindo em erro, se recordarmos a crescente e parece que irreversível especialização, já quase microscópica, do homem. Porém, não é impossível que essa mesma especialização, por força de algum mecanismo interior de compensação, e talvez por uma instintiva necessidade de sobrevivência e equilíbrio psicológico, nos leve a procurar uma nova vertigem do geral em oposição às aparentes seguranças do particular. Literariamente, porque só de literatura estamos falando aqui, talvez o romance possa restituir-nos essa suprema vertigem, o alto e extático canto de uma humanidade que ainda não foi capaz, até hoje, de conciliar-se com a sua própria face.

E assim concluo. Manejando o meu canivete rombo, aparei e escavei o bocado de madeira que aqui vos trouxe. Juro-vos que via o urso antes, via-o perfeitamente. Juro-vos que continuo a vê-lo agora. Mas não tenho a certeza – culpa minha – de que o vejais vós. O mais provável foi ter-me  saído um ornitorrinco, esse mamífero desajeitado, com bico de pato, feito de peças soltas doutros animais, desconforme, bicho fantástico – ainda que não tanto  como o ser humano. Este que nós somos quando escrevemos romances, ou os lemos. Interminavelmente."

José Saramago

"El hombre duplicado", de José Saramago, se adapta por primera vez al teatro - via "eldiario.es" (13/12/20016)

"El hombre duplicado", de José Saramago, se adapta por primera vez al teatro"

A notícia do "eldiario.es", pode ser recuperada e consultada aqui 
em http://www.eldiario.es/cultura/duplicado-Jose-Saramago-primera-teatro_0_590391516.html

"José Saramago imaginó qué pasaría si un hombre descubriera que existe otro exactamente igual a él en "El hombre duplicado", una novela que se adapta por primera vez al teatro y cuyo director, José Martret, ha presentado hoy en la sede de la SGAE en Madrid antes de estrenarse en enero en Lanzarote.

"¿Qué pasa cuando encuentras a alguien que es igual que tú?", se ha planteado Martret en la presentación de esta adaptación teatral, llevada a cabo por Salvador Toscano y Félix Ortiz, una historia sobre la identidad en la que se cruza "la teoría de los universos paralelos", ha asegurado el director.

"El hombre duplicado" tendrá su estreno absoluto el 13 de enero sobre los escenarios del Auditorio Jameos del Agua de Lanzarote, isla en la que a Saramago se le ocurrió esta novela, según ha recordado Martret al citar las palabras de la viuda del literato, Pilar del Río, quien apoya esta iniciativa en homenaje al Nobel de Literatura.

La obra, producida por Dania Dévora, que ha confesado que la primera vez que la leyó se sintió "desconcertada", cuenta con un reparto integrado por Raúl Tejón, Kira Miró, Raquel Pérez, Sergio Otegui (que interpreta al sentido común), Maribel Luis y Mon Ceballos.

El montaje teatral trata de responder a preguntas como ¿qué haríamos si nos encontráramos con un ser humano absolutamente semejante a nosotros mismos?, ¿en qué consiste la identidad? o ¿cómo saber quiénes somos, qué nos define?, en una trama que intenta descifrar este misterio imposible.

La historia sigue a dos hombres a los que se les abre la posibilidad de vivir dos vidas diferentes, un profesor de historia y un actor de cine, a los que además de su parecido físico les une la forma de sentir y de pensar.

Un "inquietante" juego de identidades en el que Saramago aborda "con ironía" los temas importantes de la existencia, ha declarado Martret sobre esta obra que explora la búsqueda de la identidad y la capacidad de aceptar al otro.

El director, que ha afirmado estar "fascinado" por "lo auténtico y único" de los libros del escritor luso, ha prometido que la versión teatral conserva "la profundidad" del texto original y ha destacado que su estreno unirá a Saramago con César Manrique, autor del escenario donde se representará por primera vez esta obra.

En Lanzarote se iniciará la andadura de "El hombre duplicado" los días 13 y 14 de enero, en una iniciativa coproducida por los Centros de Arte, Cultura y Turismo de Lanzarote, representado en el acto por Pedro San Ginés, presidente del Cabildo insular.

Tras esta doble cita, la obra teatral realizará una gira por las Islas Canarias que, según ha indicado la productora, Dania Dévora, se espera que esta temporada, a partir de febrero, continúe su recorrido por América y Portugal."

"O golpe final" - Revisitar "Outros Cadernos de Saramago" (16/12/2008)

Revisitar "Outros Cadernos de Saramago"
http://caderno.josesaramago.org/17020.html

Terça-feira, 16 de Dezembro de 2008

"O golpe final"
"O riso é imediato. Ver o presidente dos Estados Unidos a encolher-se atrás do microfone enquanto um sapato voa sobre a sua cabeça é um excelente exercício para os músculos da cara que comandam a gargalhada. Este homem, famoso pela sua abissal ignorância e pelos seus contínuos dislates linguísticos, fez-nos rir muitas vezes durante os últimos oito anos. Este homem, também famoso por outras razões menos atractivas, paranoico contumaz, deu-nos mil motivos para que o detestássemos, a ele e aos seus acólitos, cúmplices na falsidade e na intriga, mentes pervertidas que fizeram da política internacional uma farsa trágica e da simples dignidade o melhor alvo da irrisão absoluta. Em verdade, o mundo, apesar do desolador espectáculo que nos oferece todos os dias, não merecia um Bush. Tivemo-lo, sofrêmo-lo, a um ponto tal que a vitória de Barack Obama terá sido considerada por muita gente como uma espécie de justiça divina. Tardia como em geral a justiça o é, mas definitiva. Afinal, não era assim, faltava-nos o golpe final, faltavam-nos ainda aqueles sapatos que um jornalista da televisão iraquiana lançou à mentirosa e descarada fachada que tinha na sua frente e que podem ser entendidos de duas formas: ou que esses sapatos deveriam ter uns pés dentro e o alvo do golpe ser aquela parte arredondada do corpo onde as costas mudam de nome, ou então que Mutazem al Kaidi (fique o seu nome para a posteridade) terá encontrado a maneira mais contundente e eficaz de expressar o seu desprezo. Pelo ridículo. Um par de pontapés também não estaria mal, mas o ridículo é para sempre. Voto no ridículo."

quinta-feira, 15 de dezembro de 2016

"Borges" - Revisitar "Outros Cadernos de Saramago" (15/12/2008)

Revisitar "Outros Cadernos de Saramago"
http://caderno.josesaramago.org/16863.html

Segunda-feira, 15 de Dezembro de 2008

"Borges"
"Maria Kodama voltou a Portugal, desta vez para assistir à inauguração de um monumento a Jorge Luis Borges. Havia bastante público no Jardim do Arco do Cego, onde a memória foi implantada. Uma banda filarmónica tocou o hino de Argentina e também, não o hino nacional português, mas o hino da Maria da Fonte, expressão musical da revolução a que foi posto esse nome por alturas de 1846-47 e que ainda hoje continua a ser tocada em cerimónias civis e militares. O monumento é simples, um bloco vertical de granito da melhor qualidade no qual se abre um vão onde uma mão dourada, molde directo da mão direita de Jorge Luis Borges, segura uma caneta. É simples, evocativo, muito preferível a um busto ou uma estátua em que nos cansaríamos a procurar semelhanças. Improvisei umas quantas palavras sobre o autor de Ficções, a quem continuo a considerar como o inventor da literatura virtual, essa sua literatura que parece ter-se desprendido da realidade para melhor revelar os seus invisíveis mistérios. Foi um bom princípio de tarde. E Maria Kodama estava feliz."

José Saramago - "Entrevistas raras" via "Letras in.verso e re.verso"


Pode ser assistido e recuperado através do YouTube, no canal "letrasinverso"

quarta-feira, 14 de dezembro de 2016

"Abismo" curta-metragem baseada na obra "Ensaio Sobre a Cegueira" (UFERSA - Brasil)

Pode ser visualizado via YouTube, aqui 

"Abismo é um curta-metragem brasileiro do gênero drama, adaptado do romance Ensaio Sobre a Cegueira do José Saramago. A obra é resultado de umas das atividades de conclusão da disciplina Ciência Política, ministrada pela Profa. Ma. Gilmara Medeiros, no curso de Direito da Universidade Federal Rural do Semi-Árido (UFERSA)."

terça-feira, 13 de dezembro de 2016

"Saramago: o despertar da palavra" entrevista de Horácio Costa para a revista CULT (Brasil)

"Saramago: o despertar da palavra"
O escritor português, que acaba de receber o Prêmio Nobel de Literatura, fala sobre seu período de formação e sobre seu projeto de autobiografia.

A entrevista de Horácio Costa pode ser consultada e recuperada, aqui
em http://revistacult.uol.com.br/home/2014/10/saramago-o-despertar-da-palavra/

A entrevista que segue teve lugar em fevereiro passado, em Madri. O Instituto do México, na Espanha, organizou, no primeiro trimestre deste ano, um ciclo de conferências: “Portugal desde México”. A diretora do Instituto, Luz del Amo, que tivera a idéia de organizar o ciclo – algo inédito, ou pelo menos pouco usual no mundo hispânico, onde via de regra Portugal, ainda mais do que o Brasil, sofre de uma espécie singular de “obnubilação programada” – tinha-me pedido que convidasse Saramago; ele aceitou, sem cobrar cachê. Pediu para ficar no mesmo hotel de sempre (o Suécia), a trezentos metros do Prado. Não é o primeiro favor que me faz e espero que não seja o último. Já anteriormente me brindara com muitas informações e respondera às muitíssimas questões que lhe apresentei, enquanto escrevia minha tese para Yale, “José Saramago: O período formativo”. A presente entrevista, portanto, não é, lato sensu, a primeira que me deu.
Há catorze anos, quando completei trinta, recebi de presente de minha amiga e ex professora Renina Katz, uma leitora inveterada, o romance Memorial do Convento. O entusiasmo com o qual Renina me recomendou a leitura, uma vez feita e já de volta aos Estados Unidos, transferi para Emir Rodríguez-Monegal. Naqueles meses, eu andava atrás de um tema de tese; numa tarde do verão de 1985, a caminho do teatro em Hartford, pude conversar longamente sobre Saramago com Emir, que recentemente estivera com ele durante um congresso de escritores, e que seria o meu orientador, se tudo desse certo (não deu: a Monegal sobravam poucos meses de vida).
Por meu lado, perguntava-lhe como era o homem em pessoa; pelo seu, e muito menos afoitamente, Emir me interrogava sobre a radicação de Saramago na literatura portuguesa contemporânea. Não é necessário dizer que ele soube responder às minhas perguntas, traçando-me o perfil de um cavalheiro lusitano de humor mordente, de viés irônico, que Emir comparava ao de Borges, a quem tinha conhecido tão bem; entretanto, à medida que o crítico uruguaio aumentava em agudeza as suas questões, crescentemente eu me dava conta do pouquíssimo que sabia, e que de fato era então conhecido, sobre o autor português. Eu já me dedicara, em Yale, a pesquisar sobre esse escritor que me chegara às mãos sem nenhum antecedente; ainda que a Biblioteca Sterling seja uma das maiores e melhores do mundo, eu me decepcionara com o pouco que nela havia sobre Saramago.
O que tínhamos em mãos era apenas o Memorial. Portanto, qualquer consideração crítica que podíamos fazer se limitava ao tipo de escritura que Saramago nele adotava. Diante dela, e assumindo como base o realismo-maravilhoso em versão hispano americana, concluímos que a qualidade do imaginário de Saramago dele diferia em um ponto básico: estava prenhe de lirismo e escapava dos padrões de alegorização mais óbvios e tão frequentes neste. Havia pontos evidentes de contato – para começar, o fascínio pelo barroco, que na narração reverberava temática e lingüisticamente –, mas o tônus geral do relato não apontava para as terras americanas.
Anos mais tarde, em Portugal, pesquisando sobre o Memorial, terminei por assegurar me disto: se muito da postura de um Carpentier ou de um García-Márquez se fazia notar (principalmente, no nível do anedótico, na pesquisa de fontes da época e por aí), a base era diferente. A velha cultura portuguesa, às vezes excepcional – quando representada por um Fernão Lopes, um Camões ou um Vieira –, mas frequentemente marginal à Europa dos grandes debates, ainda que muitas vezes ironizada pelo escritor, se impunha com uma clareza meridiana. Aí estava, e está, o quid de Saramago. Não só de estilemas individualizadores vive um grande escritor: nunca é demais lembrá-lo, ele ou ela via de regra (há exceções) pisam o terreno conhecido que lhe dá a sua própria cultura, a sua própria língua.
Naquela tarde, disse a Emir que eu pesquisaria mais sobre o romancista e que, em função do que encontrasse, talvez escolhesse a sua obra como objeto da minha tese de doutorado. À época, muito pouca gente entendeu que eu escolhesse Saramago, então um escritor com alguma bagagem (o melhor viria depois), e menos ainda que me dedicasse a sua obra menor. Optei por estudar o período de formação do escritor por duas razões: primeiro, por jamais ter ele recebido atenção crítica (uma importante estudiosa italiana da literatura portuguesa não há muito me dizia que Saramago tinha nascido feito, assim como se um Gulliver qualquer); segundo, porque estudar um período não-canonizável de um escritor em vias de canonização (agora já plena, depois do Nobel) pode colocar uma série de questões críticas de interesse, entre elas a de discutir como o cânone funciona para canonizar os seus eleitos, como a crítica procede para eleger os seus objetos de estudo.
Se Saramago, ao longo de suas décadas de experimentação ou deriva entre vários gêneros literários, apresentou uma notável distância, ou mesmo, defasagem, perante as estéticas dominantes à época no contexto português (apesar da dicção neorrealista fundamental em sua produção política, afinada com uma vertente da poesia portuguesa dos anos 40 e 50 – porém usada por ele vinte anos depois!), um discurso crítico que procurasse acercar essa obra de exceção (frente aos modismos, às oposições quase sempre conjunturais que caracterizam o processo literário) teria que, de alguma maneira, sê-lo também, abandonando as interpretações mais circunstanciais de análise. Ir até uma obra que se divide entre “fraca” e “forte”, “ignorada” e “estudada” (e “in” e “out”, “boa” e “ruim”), foi o que eu tentei, centrando sempre as minhas interpretações no sinuoso processo de trabalho de José Saramago, antes que em seu melhor resultado, aparentemente para sempre canonizado.
A entrevista que segue constantemente refere-se a essa injunção e a essa preferência crítica minha. Pensei que valesse a pena alertar o leitor sobre a razão das perguntas que nela fiz. Agora, definir o que possam as respostas a elas esclarecê-lo sobre a obra e o indivíduo José Saramago é coisa sua.
Capa da obra de Horácio Costa sobra a obra de José Saramago
CULT – Eu queria que você dissesse o que ficou da experiência dos gêneros que você praticou ao longo de várias décadas – crônica, poesia, ensaio, teatro – antes da publicação do Manual de Pintura e Caligrafia. Por que você acha que demorou vinte anos para escrever um segundo romance? Há um primeiro, uma tentativa pouco madura nos anos 40, mas a sua primeira obra em prosa de ficção sólida é esse Manual…
José Saramago – Em primeiro lugar, quando se pergunta o que ficou de uma obra, que supostamente pertence a um tempo passado, pressupõe-se uma dúvida, se alguma coisa terá ficado. Porque, se não existisse essa dúvida, então a pergunta não teria sentido. Quando se começa a escrever muito jovem, corre-se o risco e, afinal, isso me aconteceu, porque aos 25 anos publiquei um romance. Romance que ficou por aí, que foi reeditado apenas em 1997 porque o editor achou que se o romance fazia 50 anos, desde a primeira publicação, tinha que ser novamente publicado – e então temos uma edição nova de um romance que se chama, perdoem, Terra do Pecado. Eu não tenho culpa de o romance ter esse título, a culpa é do editor. O romance se chamava A Viúva. Um jovem de 25 anos, que era o que eu tinha, não sabia muito de pecados, e menos de viúvas… Mas eu percebi que não tinha tanta coisa para dizer, nada importante. E me calei, me calei por vinte anos praticamente.
Isso não é verdade, porque escrevi um outro romance que se chama Claraboia, que permaneceu inédito – e, esse sim, permanecerá inédito. Não o destruí porque não devo destruir as coisas que faço; se não posso destruir todas, por que vou destruir algumas? Se eu pudesse apagar todas as coisas ruins – e agora não estou falando do livro, estou falando de coisas ruins que a gente faz na vida –, eu as apagaria. Mas como Terra do Pecado, apesar de tudo, não é a pior coisa que eu fiz na vida, então que fique aí; e Claraboia ficará, mas com a condição de não ser publicado enquanto eu viver.
Até 1966, quando eu tinha 44 anos, não escrevi nada. Salvo no período imediatamente anterior a 1966, que foi quando escrevi um livro de poesia chamado Os Poemas Possíveis. E por que eu o escrevi? Bom, a resposta é sempre a mesma, ou quase sempre: porque me apaixonei. E eu já havia feito uns quantos sonetos e coisas assim no tempo que fazíamos sonetos, aos dezoito anos. Acho que os jovens de hoje já não sabem o que é escrever sonetos e as meninas não têm a felicidade de receber um soneto dos garotos. Isso acabou, que pena! Bom, então eu me apaixonei nessa época e daí saiu o livro. Confesso que, quatro anos depois, me apaixonei de novo e saiu outro livro de poemas que se chama Provavelmente Alegria. E então acabou-se a história de publicar pelo fato de me apaixonar [risos].
A partir de 1966, por circunstâncias da vida, me encontrei mais próximo do mundo literário porque trabalhava numa editora – desde os anos 50 e durante quase 15 anos. Eu tive uma vida que não tinha nada a ver com a literatura. Eu fui várias coisas na vida: trabalhei numa oficina mecânica, fui desenhista, funcionário da saúde pública, depois não sei o quê, depois editor, e era assim. Então, eu não me preparei para ser escritor. Sou escritor por acaso. E que acaso é esse? É que chegou um momento em que eu, além de me apaixonar e por isso pôr sobre a mesa livros de poesia, comecei a colaborar em jornais, escrevendo crônicas. De 1966 até 1977, houve onze anos de publicação: publiquei três livros de poesia – e o terceiro não tem nada a ver com minhas paixões –, crônicas, ensaios políticos, que no fundo eram editoriais de jornal, de um jornal que já não existe, chamado Diário de Lisboa, e já em 1975, que chamávamos o ano ardente da revolução, eu era diretor adjunto de um outro jornal, Diário de Notícias, e acho que tudo começa aí. Quando, em novembro de 1975, ocorreu a contrarrevolução, o que se chamava o processo contrarrevolucionário – e talvez algumas pessoas não estejam de acordo com a qualificação ou com a classificação –, eu fiquei na rua, sem emprego, sem salário, sem trabalho e sem possibilidade de encontrar outro facilmente, porque o jornal estava com a revolução.
Aí eu tomei a decisão definitiva da minha vida, que era a de não procurar trabalho, e me dizia: você tem sete ou oito livros escritos, que são dignos, sérios, honestos, mas por aí você não vai chegar a lugar nenhum. Se você está pensando na história da literatura, então, resigne-se a que digam (se disserem) que o senhor fulano nasceu nessa data, morreu numa outra, publicou alguns livros e ponto. Uma linha, duas linhas e nada mais. Não que eu aspirasse a um capítulo completo da história da literatura, não é isso. A decisão de não procurar trabalho era enfrentar essa idéia de que, talvez, eu seria um escritor, mas faltava uma prova, porque aqueles livros não eram, na minha opinião suficientes para tal. Isso foi o que depois levou a toda essa série de livros, romances, obras de teatro, diários que caracterizam esses últimos 20 anos. Isso é o que me leva a dizer que eu sou um jovem escritor, que eu sou um velho escritor da nova geração – porque a verdade é que eu estou escrevendo obras mais sólidas não há cinquenta, mas há vinte anos; portanto, supondo que se começa, talvez, a escrever e publicar aos 20, 23 anos, então, agora, literariamente, eu não tenho mais do que 45 anos. Sou um menino… [risos].
O que ficou do que ficou para trás? Eu diria que ficou tudo. E ficou tudo em que sentido? Eu muitas vezes digo que se alguém quiser entender bem o que eu estou   dizendo nos romances que estou escrevendo é preciso ir às crônicas que escrevi nos jornais e que estão em dois livros: Deste Mundo e do Outro e A Bagagem do Viajante. Quase todos os temas que estão agora nos romances, certos pontos de vista, visão de mundo, obsessões e preocupações de ordem não apenas literária, preocupações de ordem política, de ordem civil, tudo isso se encontra nesses pequenos textos publicados em jornais, e quem se interesse pelo que eu faço – além dos romances que têm maior reputação, dos quais se fala, que saem na crítica, que estão nas livrarias e tudo isso – tem que ir a esses pequenos textos porque eu mesmo, quando por algum motivo tenha  que voltar a esses textos, me reencontro. Nessas crônicas há muito de ficção, e sobretudo há o trabalho sobre a memória, a memória da infância, da adolescência, a memória dos adultos, dos avós, das coisas vistas – e esse, se eu chegar a escrevê-lo, será o conteúdo de um livro que já tem título, mas que ainda não está escrito e que se chamará O Livro das Tentações. Já estou me antecipando, mas uma coisa chama a outra. É uma autobiografia minha. Eu sou tão vaidoso que inclusive vou escrever a minha biografia. Mas é uma autobiografia um pouco estranha, porque termina aos catorze anos de idade. O que eu quero fazer é isso, recordar o menino que eu fui. Tentar saber quem era esse menino. Porque a verdade é que nós pensamos que toda a nossa vida está aí para que nos tornemos adultos. E, quando somos adultos, nos comportamos como se olhássemos para nós como algo que saiu do estado de crisálida, imaginando que a infância e a primeira adolescência é a crisálida, e que depois da crisálida saiu o inseto adulto com todo o seu esplendor, as suas cores, com toda a sua beleza. Nos casos em que têm esplendor e que são belos, claro; há insetos que deveriam ter ficado na crisálida e não sair.
Eu não penso assim. Para dar-lhes uma idéia do que eu penso nesse sentido: não sei se o meu leitor percebeu que eu ponho sempre epígrafes; a epígrafe de Todos os Nomes, para falar do último romance publicado, é “Conheces o nome que te deram, não conheces o nome que tens” –, é uma citação de um livro chamado Livro das Evidências, que não existe, como em outro romance, História do Cerco de Lisboa, há uma outra epígrafe que foi tirada do Livro dos Conselhos, que também não existe. E isso é um pouco borgeano, e se isso continuar, não terei mais remédio do que escrever o Livro das Evidências e o Livro dos Conselhos. E, então, a epígrafe que terá o Livro das Tentações – e com isso, acho que terei explicado tudo o que tentei explicar até agora – é a seguinte: “Deixa-te levar pelo menino que foste…”. Porque, na verdade, de nada eu gostaria mais – ou de poucas coisas eu gostaria tanto – do que poder passear pela rua, não levando pela mão o menino que fui, mas sendo levado pela mão desse menino. Se eu pudesse recuperá-lo, tê-lo agora mesmo, quanto eu gostaria. Vocês podem pensar: mas que ideia estranha essa, você é ele e ele é você. Não, eu sou ele, mas ele não sou eu. Um deles não conhece o outro; e o fato de que um deles não conheça o outro me perturba. E por isso eu digo: deixa-te levar pelo menino que foste. Talvez o menino, supondo que os meninos não são maus – alguns são péssimos, claro –, fosse capaz de, na hora que vamos fazer uma coisa errada, de puxar pela nossa roupa e dizer: não faça isso.
Há uma continuidade de pensamento e inclusive uma continuidade de sensibilidade no que estou fazendo agora e que vêm dos textos mais antigos. Como os textos não nascem do nada, nascem de alguém que está vivendo, mesmo que não esteja escrevendo, então tudo é uma relação que vai pelo interior da vida e que une tudo a tudo. O que eu posso dizer, claro, é que há algumas coisas que fiz antes e que, se eu as fizesse agora, tentaria fazê-las melhor. Mas não se trata aqui de mais qualidade literária ou de menos qualidade literária, trata-se do que se está dizendo aqui.
A forma como se desenvolve sua “carreira” é bastante atípica, especialmente em relação ao que cada vez mais acontece no mundo literário, afetado por uma série de problemas externos, a questão do mercado, os prêmios literários etc… Num texto crítico dos anos 60, parte das suas colaborações para a Seara Nova, você escreveu: “A literatura não é uma carreira”. Aquele momento era especialmente significativo, porque então você era conhecido em Portugal como poeta. Você estava publicando o seu segundo livro de poesia, prestes a publicá-lo, e entrava na literatura ou na vida cultural lisboeta por meio da atividade poética. E você começa a escrever essas notas críticas numa publicação importante da literatura portuguesa contemporânea, a Seara Nova. Então, eu gostaria que você desenvolvesse essa ideia de autor, naquele momento biologicamente já não muito jovem, nos anos 60, que tem consciência de que a literatura não é uma carreira; e como você vê isso agora, não só com relação ao mundo contemporâneo, mas também à luz da sua produção posterior.
Quando me convidaram para fazer crítica nessa revista, eu só havia publicado esse livro de poesia chamado Os Poemas Possíveis. Inclusive impus uma condição, a de que não faria crítica de livros de poesia. Porque me parecia que isso não teria muito sentido para mim, um jovem poeta, com apenas um livro, e que não era Rimbaud nem Fernando Pessoa. Pode-se perguntar: você não quis fazer crítica sobre livro de poesia, mas estava disposto a fazer sobre romances? Sim, do ponto de vista do leitor, como se eu fosse um leitor, já que no fundo o crítico é um leitor. No entanto, é um leitor que tem o direito de publicar a sua opinião. Essa é, suponho, a diferença mais visível que há entre um e outro. E é verdade que numa dessas críticas eu escrevi que a literatura não é uma carreira. Depois de 30 anos, e com tudo o que aconteceu na minha vida, parece que há uma contradição entre a minha vida e essa afirmação, porque eu vivo do que escrevo. Mas não tenho os tipos de obrigações de um trabalho, não tenho ações, não tenho bens, não tenho nada senão o que pode ser posto sobre a mesa, o que escrevo. Eu nunca me lancei a isso que chamamos uma carreira de escritor. Entendo que uma pessoa se lance a uma carreira de advogado, médico, engenheiro ou algo parecido porque isso significa que se preparou para exercer uma atividade profissional e, portanto, está nisso e vai trabalhar nisso. Os médicos precisam de doentes, mas estão certos de que doentes sempre existirão, não? E, portanto, estão certos de que podem abrir o seu consultório para recebê-los. Esses, sim, podem falar de uma carreira.
De repente, amanhã pode ser que eu não tenha nenhuma idéia para um livro e se isso acontecer eu deixarei de escrever. E o fato de que eu esteja vivendo da literatura, porque é verdade, não significa que eu não escreva nada de que eu necessite escrever como homem. Isto é, eu não posso viver sendo duas pessoas em uma – a pessoa corrente e normal, que, afinal, sou, e uma entidade, um pouco estranha, que se chama escritor. Esses dois não vivem lado a lado, são um apenas, estão fundidos um no outro. E se o homem não tem nada para dizer como homem, também não terá nada para dizer como escritor. Se isso acontecer, e eu já disse isso, me calarei. E poderia ter acontecido de eu me calar depois do Memorial do Convento, do Ano da Morte de Ricardo Reis, da História do Cerco de Lisboa, ou do Evangelho Segundo Jesus Cristo. Poderia não ter tido mais nenhuma ideia, e fim. E é verdade que, cada vez que eu termino um romance, não tenho nenhuma outra ideia e fico esperando para ver o que acontece. Pode levar um mês, dois, três, seis meses, até me ocorrer uma ideia. Eu acho que os que me leem perceberam que os meus livros não se repetem. Eles percebem que o autor é este pela forma de narrar, pelas preocupações que expressa, mas cada livro contém alguma coisa que aí se acaba. E isso tudo é o contrário do que se necessitaria para uma carreira. Para uma carreira, o conveniente seria explorar os filões encontrados para que ela pudesse se desenvolver, não? Mas eu fico assim, sem enredo, esperando para ver o que acontece.
Você disse que não teve uma educação formal em literatura, que foi um leitor. Mas eu lhe peço que comente a importância que tiveram a atividade crítica que você exerceu e a atividade de tradutor nesse período de formação, de autoaprendizagem.
É preciso dizer algo que ainda não foi dito e que deve ser considerado. Se eu, aos 20 e poucos anos, escrevi um romance, foi porque alguma coisa eu tinha lido. E tinha lido muitíssimo. Onde? Nas bibliotecas públicas. Entre 16 e 22 anos, eu fui um leitor noturno, porque tinha que trabalhar de dia, ia a uma biblioteca pública de uma cidade pequena e lia tudo o que encontrava. Às vezes, não entendia nada, ou quase nada, de alguns livros que lia; não tinha ninguém que me dissesse: esse agora não convém, é melhor que você leia esse outro. Mas, de qualquer modo, com todos disparates, erros e incompreensões, creio que pude ler uma gama bastante ampla de autores. Eu diria que Terra do Pecado, por um lado, funcionou como uma sedimentação de leituras; pode-se dizer que não há nada de original ali, mas, se não somos Rimbaud, o que entendemos por “original” aos 20 e poucos anos?
Você pergunta se o fato de fazer traduções influiu em alguma coisa. Não, em nada, nada, nada… É muito diferente sentar- se para traduzir uma obra pelo desejo de traduzi la, por vontade própria e, então, desfrutar do trabalho de tradução, buscando as funções mais adequadas e tudo isso… Mas eu não traduzi por gosto, por prazer; eu traduzi para ganhar a vida e traduzi de tudo: livros de política, de economia, de arte, romances, coisas tontas como uns livros de um senhor chamado Jivkov, que era búlgaro, secretário-geral do Partido Comunista da Bulgária e ao mesmo tempo presidente, e eu tive que traduzir coisas dessas. Com isso não aprendi nada. Mas claro que há outro tipo de aprendizagem. Quando tive que traduzir Bonnard, aprendi muito. Mas não aprendi a escrever e acho que quem tem que traduzir nas mesmas condições e circunstâncias que eu corre o risco de ter a sua escrita prejudicada pela variedade de estilos, de modos de narrar dos diferentes autores que tem que traduzir. Então, posso dizer que não aprendi nada. Agora, acho que aprendi a escrever porque li muito. Sempre li muito, desde menino, desde adolescente, ia à biblioteca pública para ler, para ler e nada mais, e no dia seguinte tinha que me levantar cedíssimo para ir à oficina onde estava trabalhando. Não estou idealizando a minha vida, não estou fazendo romantismo barato e falso, estou falando de fatos e nada mais; sem cair na tentação de exagerar para uma vida extraordinária, senão o contrário.
Eu comecei por esse romance, depois a poesia, depois a crônica, depois fiz um pouco de teatro. Mas o teatro não foi por uma iniciativa minha. Eu tenho quatro obras de teatro, todas elas foram representadas, e aparentemente eu poderia dizer: sou dramaturgo. Não, não sou, eu não me vejo como dramaturgo. Romancista, sim; mas depois de todas essas experiências e de tudo isso. Mas talvez o romancista que sou deva algo a uma circunstância que a que ver com uma obra da qual não se fala muito, e é uma pena que não se fale muito dela, que é esse romance que publiquei em 1980 e que se chama Levantado do Chão. Em 1975, como disse, fiquei sem trabalho. Em 1976, eu estava no Alentejo, no sul de Portugal. Eu venho de uma família de camponeses pobres, sem terra, do norte de Lisboa, a uns 100 km, mais precisamente do nordeste; e, nessas alturas, quando eu estava com essas dúvida – “o que vou fazer da minha vida? escrevo, não escrevo? como? o quê? para quem? e com que meios?” –, veio-me a idéia de escrever algo sobre a minha gente – avós, pais –, que viveu no campo nas condições que os mais velhos aqui podem imaginar, se viveram no campo há 40, 50, 60, 70, 100 anos: saberão o que é isso. E eu soube, não muito profundamente, mas, de qualquer forma, soube. O estranho é que eu deveria ir diretamente aos meus lugares, à minha cidade, e ficar ali, mas, talvez porque eu conhecesse muito bem tudo isso, não queria escrever sobre isso. Então, fui ao Alentejo em 1976 e fiquei lá dois meses, falando com as pessoas, indo ao campo onde trabalhavam, comendo com eles, dormindo com eles. E voltei, depois, por mais algumas semanas. Portanto, juntei uma quantidade de idéias, informações, histórias e tudo isso. E esse livro foi escrito em 1979 e publicado em 1980. Quer dizer, foram precisos três anos para que eu pudesse escrever esse romance.
Na verdade, durante esse tempo escrevi um livro de relatos curtos, Objeto Quase, e publiquei o Manual de Pintura e Caligrafia. Portanto, estive fazendo algumas coisas. Mas não estava fazendo o que tinha de fazer – agora sei disso, mas naquela época eu não sabia. Porque eu não sabia de uma coisa, muito mais importante do que às vezes se imagina: eu tinha uma história para contar, a história dessa gente, de três gerações de uma família de camponeses do Alentejo, com tudo: a fome, o desemprego, o latifúndio, a polícia, a igreja, tudo. Mas me faltava alguma coisa, me faltava saber como contar isso. Então eu descobri que o como tem tanta importância quanto o quê. Não se pode contar como se não há o que contar, mas pode acontecer de você ter o que e ficar paralisado porque não tem o como. O tema que eu tinha estava claríssimo, era um romance neorrealista, bastavam camponeses, fome, desemprego, luta, tudo isso. E modelos do romance neorrealista português, nós os temos, e grandes romances. Portanto, o molde eu já tinha e só precisava colocar nele a minha própria matéria e, então, já teria o romance. Mas, não, algo dentro de mim dizia: não, não e não; enquanto você não encontrar a sua própria forma, não poderá escrever. Claro que isso eu estou dizendo agora, com certeza vocês não estarão imaginando que naquela época eu conversasse dessa forma comigo mesmo: não, eu não conversava. Mas eu tinha uma barreira que me impedia de ir adiante. Quando eu voltava ao Alentejo e encontrava os amigos que eu tinha feito lá, gente de uma qualidade humana impressionante, eles me perguntavam: e o romance, quando você vai publicá-lo? Eu dizia: é que estou ocupado agora com outros assuntos e tal. Não, na verdade eu estava em pânico [risos]. Em pânico porque eu não tinha o como. Até que, em desespero de causa, pensei: isso não pode ficar assim e tenho de começar a escrever esse romance e comecei a escrevê-lo como um romance normalzinho. E quando eu digo romance normalzinho, e há grandíssimos romances normaizinhos, não estou dizendo nada contra, ao contrário: surpreende-me que numa forma quase canônica possam ser escritos romances magníficos, sem rupturas… Claro que há outros romances magníficos que o são por vários motivos, entre eles porque romperam com convenções e com tudo isso. E comecei a escrever com cada coisa no seu lugar: roteiro e tal… Mas eu não estava gostando nada do que estava fazendo.
Então, o que aconteceu? Na altura da página 24, 25, estava indo bem e por isso eu não estava gostando. E sem perceber, sem parar para pensar, comecei a escrever como todos os meus leitores hoje sabem que eu escrevo: sem pontuação. Sem nenhuma, sem essa parafernália de todos os sinais, de todos os sinais que vamos pondo aí. O que aconteceu? Não sei explicar. Ou, então, tenho uma explicação: se eu estivesse escrevendo um romance urbano, um romance com um tema qualquer de Lisboa, com personagens de Lisboa, isso não aconteceria. E tenho certeza de que hoje estaria escrevendo esses romances como todo mundo – talvez bons, talvez não tão bons, mas estaria acatando respeitosamente toda a convenção do que se chama escritura. Mas alguma coisa aconteceu aí: eu havia estado com essa gente, ouvindo, escutando-os, estavam contando-me as suas vidas, o que tinha acontecido com eles. Então, eu acho que isso aconteceu porque, sem que eu percebesse, é como se, na hora de escrever, eu subitamente me encontrasse no lugar deles, só que agora narrando a eles o que eles me haviam narrado. Eu estava devolvendo pelo mesmo processo, pela oralidade, o que, pela oralidade, eu havia recebido deles. A minha maneira tão peculiar de narrar, se tiver uma raiz, penso que está aqui. Não estou certo de que seja a única, mas com certeza, essa conta.
Quando esse romance foi publicado em Portugal, houve um reboliço porque as pessoas não entendiam nada, inclusive um amigo meu me chamou para dizer: olha, eu sou seu amigo, mas a verdade é que leio três páginas e me perco, eu não entendo o que você diz. E eu disse: você tem em casa um corredor comprido, não? Pois então, acenda a luz à noite e comece a andar de um lado para o outro no corredor, lendo em voz alta. Se você ler em voz alta, vai ver o que acontece. Da mesma forma que, quando nos comunicamos oralmente, não necessitamos nem de travessões, nem de pontinhos, nem nada do que parece necessário usar quando escrevemos, pois então, você, como leitor, colocará aí, não o que falta, porque não falta nada… A palavra escrita num livro é uma palavra morta; quando fazemos a leitura silenciosa, não está morta, acorda um pouquinho; mas a palavra só fica acordada quando a dizemos. Para que a palavra soe desperta é preciso dizê-la; ler silenciosamente as palavras não é suficiente. E nós todos sabemos que, quando se lê poesia, fazer uma leitura silenciosa de uma poesia ou fazer uma leitura em voz alta dela são dois mundos completamente diferentes.
Quando eu digo ao meu leitor “você tem que ler escutando dentro da sua cabeça a voz que está dizendo”, isso se aplica ao autor. Eu começo um romance, um conto, um relato, ou algo assim, mas enquanto não ouço dentro da minha cabeça a voz que está dizendo, o texto não avança. A prosa fica ali, parada. Tem que soar dentro. E é ainda bastante estranho que isso aconteça, porque parece que não percebemos que no fundo falar e fazer música é a mesma coisa, exatamente a mesma coisa. Fala-se e faz-se música com os mesmos ingredientes: sons e pausas, nada mais. Toda música pode ser reduzida a isso: sons e pausas. Toda palavra, ou todo discurso, pode ser reduzido a isso, som e pausa. Mas, da mesma forma que a música necessita de uma espécie de suporte rítmico que a conduza – não estou muito certo disso, mas estou falando de outras músicas –, o próprio discurso, que está sendo escrito, talvez dele necessite.
Eu gostaria que você falasse sobre o romance, ou melhor, sobre o exercício da prosa de ficção por meio do romance: o exercício desse imaginário no mundo contemporâneo. O que é isso? Qual a sua importância?
O que é hoje para mim ficção? É como uma voz, tudo é uma voz, diria o poeta, o dramaturgo, na circunstância em que eu falei antes. Ocorre que a voz, no meu caso, tem toda a importância do mundo. No meu caso, o homem e o escritor, como eu disse antes, não apenas estão juntos, mas estão fundidos um no outro. Então eu diria que a ficção para mim, hoje, não sendo uma carreira, é o recurso que eu tenho para expressar minhas dúvidas, minhas perplexidades, minhas ilusões, minhas decepções. Não no sentido de uma literatura confessional. A preocupação que eu tenho é esta: Em que mundo estou vivendo? Que mundo é este? O que são as relações humanas? O que é essa história de sermos o que chamamos a humanidade? O que é isso de ser Humanidade? Ter encontrado para essa ficção uma forma pessoal de narrar, que é a minha, acho que esse meu privilégio – eu não sei como nem a quem pagá-lo – de haver podido chegar a ter uma voz própria para narrar o que tenho para narrar não tem preço. Agora, isso tudo depois passa por uma quantidade, porque o meu processo narrativo, que nasce com Levantado do Chão e que aparentemente se repete em todos os outros romances, repete o essencial, mas há mudanças, adaptações ao próprio tema, à própria história que está sendo contada. Eu estou percebendo que, depois de uma expressão bem mais barroca como é o caso do Memorial do Convento, talvez por interferência do próprio século 18 em que tudo acontece, estou me aproximando cada vez mais de uma narrativa seca, cada vez mais seca. Encontrei, outro dia, uma fórmula que me parece boa, é como se durante todo esse tempo eu estivesse descrevendo uma estátua – o rosto, o nariz – e agora eu me interessasse muito mais pela pedra de que se faz a estátua. Quer dizer, já descrevi a estátua, todo mundo já sabe que estátua é essa que eu estive descrevendo desde Levantado do Chão até o Evangelho Segundo Jesus Cristo. A partir de Ensaio Sobre a Cegueira, em Todos os Nomes e no próximo romance, se o escrever, trato da pedra."
"Horácio Costa é poeta, tradutor, crítico literário e professor da FFLCH-USP"


segunda-feira, 12 de dezembro de 2016

"Saramago na parede" por José Castello - Sobre a obra inacabada “Alabardas, alarbardas, epingardas, espingardas” (25/10/2014)

A artigo pode ser recuperado e consultado aqui
em http://blogs.oglobo.globo.com/jose-castello/post/saramago-na-parede-553229.html

"Saramago na parede", de José Castello (25/10/2014)

"Toda ficção tem seus pontos de atrito. Núcleos explosivos, eles, em geral, desvelam grandes impasses. Resumem, assim, aqueles impulsos essenciais que se derramam ao longo de todo o relato. Já no primeiro capítulo de “Alabardas, alarbardas, epingardas, espingardas”, último e inacabado romance de José Saramago (Companhia das Letras, ilustrações de Gunter Grass), encontro aquele ponto de convergência — espécie de caroço — que resume o próprio livro. Funcionário de uma indústria de armamentos, a Belona SA, o protagonista Artur Paz Semedo orgulha-se de seu trabalho. Esse orgulho é, ao mesmo tempo, a causa de sua solidão. Depois de um longo casamento, sua mulher Felícia, uma militante pacifista, não suporta a contradição que traz em sua vida doméstica, e o abandona.

Apaixonado pela perfeição das armas que ajuda a produzir, Semedo é também um admirador dos filmes de guerra. Um dia, assiste a “A esperança”, obra sobre a guerra civil espanhola, rodada no fim dos anos 1930 e inspirada no romance homônimo de André Malraux. Não é um entusiasta da leitura, mas, estimulado pelo filme, decide ler o romance. “Mal sabia ele, pobre coitado, o que o esperava”. Uma brevíssima passagem o detém. “O comissário da nova companhia pôs-se de pé: ‘Aos operários fuzilados em Milão por terem sabotado obuses, hurra’”. Ali, onde não esperava, Semedo prova o gosto áspero do paradoxo. Primeiro é invadido por um incontrolável sentimento de piedade pelos sabotadores fuzilados. Ao mesmo tempo, é devastado pela repulsa à sabotagem, expressa em uma frase que diz sem pensar: “Não se podem queixar, tiveram o que procuraram, quem semeia ventos colhe furacões”. A piedade difusa se transmuta em irritação. É um funcionário “tão afeiçoado a instrumentos bélicos que não podia suportar a simples idéia de que alguém se atrevesse a sabotá-los”.

A cisão vem à tona, áspera ferida, rasgando a precária estabilidade da vida de Artur Semedo. Nesse momento, o personagem de José Saramago se aproxima do humano. Toma a sabotagem como uma ofensa pessoal. Isso se mistura à misericórdia pelos operários. Semedo descobre, nesse momento, que tem dois corações, e pior: que eles, em vez de se complementarem, se negam e repudiam. Também o leitor de Saramago — eu mesmo — nesse momento se vê diante de um impasse. Já não pode se identificar com o personagem, porque não sabe, ao certo, quem ele é. Não pode negá-lo — porque, provavelmente, com ele divide sentimentos parecidos. Mas não pode nele se espelhar — porque a imagem em que se reflete vem despedaçada.

“O sentir humano é uma espécie de caleidoscópio instável”, relata Saramago. “A realidade do que aconteceu na cabeça de Artur Paz Semedo foi diferente, a comiseração, a falta de piedade e a irritação, ainda que centradas em si mesmas, tinham aparecido misturadas”. Alguém se torna humano não quando corresponde, ponto a ponto, aos modelos “naturais”, mas, ao contrário, quando deles se desvia. O caleidoscópio — artefato óptico em que o jogo de imagens se produz por reflexo — resume, de modo preciso, mas ameaçador, a mente humana. A turbulência dos sentimentos o engolfa. “Foram eles que levaram Artur Paz Semedo a não continuar a ler o livro de Malraux”. De nada serve ler ingenuamente. Há sempre o momento em que tropeçamos em um impasse. Momento em que toda esperança de explicação e ordem se desfaz.

O próprio Semedo se encarrega de telefonar para a mulher para admitir que está “com o espírito confuso”. Recorda, então, que, já perto do fim do livro de Malraux, há uma referência a uns operários que foram fuzilados em Milão por terem sabotado obuses. Comenta Felícia que foi um ato justo, “já que estavam contra a guerra”. Com o interior aos frangalhos, Semedo, ainda assim, reage. A mulher reclama de sua “falsa virtude ofendida”. Ele rebate dizendo que “o que faço é defender o meu trabalho”. Não é fácil para um homem admitir que faz aquilo que, embora se orgulhe, também o repugna. Semedo está em um impasse: é contra o fuzilamento, mas também contra a sabotagem. A incoerência de seus pensamentos o asfixia.

Livros são iscas — e, nesse ponto, evocam a realidade, que sempre nos encosta contra a parede. Lembro-me do dia em que Saramago me acompanhou em um passeio pelo parque dos vulcões de Timanfaya, no coração da ilha de Lanzarote, Canárias, onde vivia. O parque, com seu terreno ressecado e cinzento, evoca a face da Lua. Mas não de um satélite morto como o nosso, e sim de uma Lua viva, sobre a qual ardem milhares de pequenos vulcões. Turistas usam algumas dessas bocas de fogo para assar seus churrascos. O ato, banal, não serve para esconder o horror que nelas se guarda. Saramago me disse: “o sentimento mais forte nesse parque é a estranheza”. De fato, a mistura de relaxamento e medo, de acolhimento e ataque, essa incompatibilidade de sensações, é algo inesquecível. Nela o parque se afirma. Ali o real expõe, enfim, sua ferida. Da brutalidade — uma terra em fogo — tira-se não o horror, mas o prazer. E, contudo, a ilha queima e lateja. Aquilo não é só uma ficção.

Também as narrativas, como os escritores, chegam a um momento em que o impasse formal se cristaliza em subjetividade. Em uma antiga entrevista a Ángel Crespo, Saramago nos diz: “O que ocorre é que, talvez, há um momento chave no qual o sujeito se aceita a si mesmo”. E mais para frente, recordando o momento em que se encontrou como escritor: “Eu me dei conta de que o melhor para mim era ser o que era. Foi quando aceitei meus limites, todos os meus limites, e quando compreendi que a única solução que me restava era me aprofundar no espaço de meus limites, e não pensar em ir além”. O ser é não uma soma — uma síntese —, mas, ao contrário, a cristalização de um paradoxo. Não se trata, portanto, de um momento de solução — talvez, ao contrário, seja um momento de dissolução. Decomposição de ideais e de projetos de perfeição. É um momento que também o leitor, desamparado, experimenta. Nele, os sentimentos, em vez de clarear, se obscurecem. As partes, em vez de se completarem, entram em conflito. E o personagem, enfim, deixa de ser uma síntese morta para se tornar vivo."